Queridos Padres Rectores...:
Hoy, 4to. Domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, la Iglesia toda reza por las vocaciones. En este día quiero decirles lo que, a mi modo de ver, hay que hacer para no tener vocaciones, es decir, les voy a decir LO QUE NO HAY QUE HACER.
4. Acerca de la formación:
Este tal vez sea el punctum dolens del tema, como dijera Juan Pablo II: «…es preciso encontrar para estas vocaciones una formación adecuada. Diría que la condición de una verdadera vocación es también una formación justa. Si no la encontramos, las vocaciones no llegan y la Providencia no nos las da»[5].
Tener un equipo de formadores heterogéneo y si son de tendencias contrapuestas, mejor aún, así los seminaristas podrán hacer como suelen hacer los hijos de padres separados, que piden permiso a uno y a otro, hasta obtener lo que quieren. Aunque también se da la postura contraria, una homogeneidad tal que impida toda legítima diversidad, cortando a todos por un mismo molde. La exclusión de las legítimas diferencias, siempre produce marginados, a los que luego fatalmente tendrán que discriminar, y se convierten, finalmente, en excluidos.
Los superiores deben ser distantes: atendiendo a los seminaristas desde detrás del escritorio. Que pongan énfasis en lo meramente exterior y secundario. Que sean mentirosos, de tal manera que nadie les crea y se destruya la convivencia concorde. Que desarrollen en el Seminario un clima policial, de espionaje, de delación, de acepción de personas. Que sean avinagrados, de mal humor. Que se les deba rendir pleitesía. Que desconfíen de todos ya que la desconfianza por sistema hace desaparecer las relaciones filiales, fraternas y paternales, propias de un clima de familia. De manera especial, que no vivan la virtud de la eutrapelia, de tal manera que estén todos tensionados, con stress, como quien dice, trepándose las paredes. No alentar el canto y menos el canto con júbilo, o confundir los roles: en la Misa cantos folklóricos, de campamento, o profanos; y en el comedor, polifónicos o gregoriano. Hay una cierta gnosis musical, que ayuda a mezclar las cabezas.
En lo doctrinal: instalar la convicción de que está todo en crisis, que no hay certezas sobre nada, que todo es opinable, que sólo vale la búsqueda, pero siempre que no se encuentre nada, dedicar grandes panegíricos a las ideologías de moda, al último artículo de teología que apareció en la última revista de última. Si alguno cae en el pecado imperdonable de tener alguna certeza, sin más echarlo, porque es un soberbio. La Biblia que sea todo midrash y hay que desmitologizarla, o sea, nada de histórico ni de sobrenatural. Nada de metafísica, ni de estética. Sólo sentimientos y el kitsch, el mal gusto. Nada de Santo Tomás, aunque es más elegante nombrarlo un poco, dándoles a los jóvenes la impresión de que lo conocen. No hay nada más explosivo que las mezclas gnósticas que producen cabezas gnósticas.
En lo espiritual: trabajar para que no tengan «motor propio», en especial, no dándoles una auténtica espiritualidad sacerdotal, tan sólo, a lo más, un barniz de espiritualidad laical. Nada de los clásicos de la espiritualidad, basta y sobra con algunos de los caracterizados best–seller sincretistas de moda. Que no haya recia disciplina, que cada uno elija la hora en que quiere levantarse, si participar o no de la Misa y demás actos de oración. Que los ejercicios espirituales sean compartidos entre todos, sin silencio y sin penitencia.
Borrada la espiritualidad sacerdotal, hay que atosigarlos con toda la problemática temporal, que es directa competencia de los laicos . Que desaparezca de sus vidas el horizonte de lo sobrenatural. Así dejaran de tener motivos válidos para una vocación de especial consagración. Para ello, también sirve mucho jugar con lo sagrado, ridiculizar, ironizar, hacer chistes con las cosas sagradas: Biblia, Tradición, Magisterio, Santos Padres, Doctores, Liturgia, los Santos, la virginidad consagrada… todo lo sagrado hay que hacerlo, dosificadamente, ocasión de burla.
Cuando se logre que jueguen con lo sagrado, nada tendrán por sagrado y ni su vocación, ni sus personas, ni sus promesas serán sagradas. Hay que trabajar para que no pierdan el tiempo pensando en la eternidad , en las postrimerías, ya que, como toda verdadera vocación de especial consagración constitutivamente está como entretejida con lo eterno, quitado este, desaparece aquella.
Que no ayuden en concreto a los pobres, porque si no la opción preferencial por ellos deja de ser ideología y vivir en concreto la caridad con los más necesitados les dará un corazón sacerdotal compasivo con las necesidades del prójimo. Y por atender a sus pobres Dios te dará vocaciones y la perseverancia de las mismas.
De manera especial, hay que evitar por todos los medios que se les predique sobre la presencia verdadera, real y sustancial de Jesucristo en la Eucaristía, y particularmente, sobre el hecho de que la Eucaristía es sacrificio. Como el acto principal del sacerdote es el sacrificio[6], quitándoseles el sacrificio pierde su razón de ser el querer ser sacerdotes (por eso en estos tiempos, la única gran religión monoteísta que tiene sacerdotes es el cristianismo –los católicos y los ortodoxos son los únicos que tienen sacerdocio válido–, mientras que los judíos y los musulmanes no tienen sacerdocio, porque no tienen sacrificio; los rabinos y los muecines sólo tienen oficio magisterial). Si no le tienen una gran devoción a la Eucaristía, no hay manera de que aprendan lo que es la caridad cristiana, ni el peso incalculable de la eternidad[7], ni la audacia y generosidad requeridas para la aventura misionera del «Ite…».
Enseñarles una pastoral que maltrate a la gente, al pueblo sencillo y fiel, que les hagan sentir la autoridad, que desconfíen de todos diciéndose: «a mí nadie me va a engañar». Que no visiten a las familias de sus apostolados, ni jueguen con los niños y jóvenes. Hay que borrar de sus jóvenes corazones todo pensamiento misionero. Si no quieren a nuestro pueblo, ¿cómo van a querer a otros que, para colmo, hablan otras lenguas?
Enseñarles a tener mucha familiaridad con las chicas , así suelen formarse matrimonios católicos, de los que tenemos más necesidad que de vocaciones consagradas.
Enseñarles que los laicos deben ocupar el lugar de los sacerdotes y que lo hacen con más solvencia. De tal manera que se mezclen los papeles[8].
Que no sepan cocinar, que no laven su ropa, ni limpien sus habitaciones, que no sean peluqueros, ni mecánicos, ni electricistas, ni cuiden de la chacra, ni trabajen en la imprenta… Y mejor dejarlos los tres meses de vacaciones en su casa. Pero si los obligan a un mes de convivencia, que esta sea aburrida: nada de trepar las altas cumbres y descender a abismos peligrosos, nada de descubrir nuevas picadas, nada de deportes terrestres, náuticos o aéreos como los hacen jóvenes de la misma edad… esas convivencias se convierten en una aburridera fenomenal y sólo será una combinación de mate, cigarrillos, lecturas del autor que esté de moda en el Seminario y faltas de caridad . Clima ideal para obstaculizar las vocaciones.
Y experimentar siempre, todas las cosas, aún las más evidentes. Total, los seminaristas son como los cobayos. En el experimentar cosas nuevas, sobre todo si son utopías, muchos quedarán en el camino.
Finalmente, queridos Padres, para no tener vocaciones, no tienen que hacer caso a los documentos del Concilio Vaticano II que tratan especialmente sobre cómo se debe formar integralmente a los futuros sacerdotes [9] (no se olviden que estoy usando el género oratorio y literario, que podríamos llamar, «antifrástico»). No tienen que hacer caso de los documentos papales de Juan Pablo II al respecto[10]. Para no tener vocaciones, tampoco tienen que hacer caso de los documentos de las Congregaciones Romanas, por ejemplo, a los documentos emitidos por la Congregación para la Educación Católica[11].
Tampoco deben tener en cuenta lo propuesto por los otros dicasterios de la Santa Sede[12]. Para no tener vocaciones, deben hacer caso omiso a las indicaciones de los documentos del C.E.L.A.M.[13]. Y no tienen que hacer caso de los documentos de la Conferencia Episcopal Argentina al respecto[14].
Cuando hagan todo esto y tengan que cerrar sus Seminarios por quedarse sin seminaristas, mírense ufanos en el espejo y ensayen varias veces en voz alta, para después repetirlo innumerables veces: «Los Seminarios Mayores son un invento del Concilio de Trento y están superados, ¡ya no sirven para nuestra época!».
Que la Santísima Virgen les dé a entender que tienen que hacer, exactamente, lo contrario.
Padre Carlos Miguel Buela
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Sencillamente, me lo ha quitado de la boca.
Clarito como el agua.
Plena y totalmente de acuerdo con esa muestra de lo que es una protestantización de la iglesia y cómo conseguirlo a base de apagar el Espíritu.
Y no creo que El lo permita para que los laicos "saltemos". Es que no va a haber más remedio.
Simplemente una tontería como todo lo que pontifica esta señora. Mire, no hay vocaciones porque en la Iglesia hay gente como usted. Por eso. Nadie quiere permanecer en el mismo sitoio que usted.
Algunos pensarán que quien ha escrito el contenido de los tres post´s adolece de esperanza.
En mi caso, creo no haber leído nada más descorazonador, ni descarnado, acerca de los seminarios, seminaristas y religiosos católicos, en mi vida.
Y lamento no sacar buenas enseñanzas de semejante escrito, que para mí no es más que un simple libelo difamatorio.
Cualquiera con un poco de imaginción, y capacidad para escribir, y ser entendido, podría hacer algo parecido.
Es muy fácil ser destructivo, y no proveer de recursos para construír.
La verdad es que no se exactamente los motivos de la falta de sacerdotes. Como dice manuel El es el dueno de la mies, El sabe lo que pasa. Hace tiempo lei un libro (Cartas del desiert) y el autor se peguntaba si Dios no estaria permitiendo la falta de vocaciones para que la iglesia tomara conciencia de que los laicos tambien estaban ahi para algo.
No decia para hacer la labor del sacerdote sino para participar en la iglesia con mas responsabilidad.
Dejo esta refelxion.
Lo preocupante no me parece tanto la crisis de vocaciones religiosas en general sino la falta de vocaciones sacerdotales, que ya viene de antíguo. Si hace poco hablábamos del enfriamiento de la Fe en Europa, supongo que es una consecuencia lógica de ésto y puede que tambien del aburguesaminto general de la Iglesia, la gente busca más la vida fácil y cómoda, que nos lo den todo resuelto; y se está generalizando cada vez más la falta de compromiso con el Evangelio. Parece que nuestros obispos están más preocupados de dónde ponemos la "X" que de lo verdaderamente sustancial en la vida cristiana. En fin, roguemos con insistencia al dueño de la mies para que siga suscitando trabajadores..
Cada vez se ve menos textimonio en las congragaciones, esa es una razón pero hay otras razones, hasta hace no tantos años no habia donde elegir o el convento para solucionar el modus vivendi, y para elevar la honra de muchas familias que aun siguen presumiendo de eso, conozco algunos religiososas que si sus familias sabrian que muchos estan solo porque ya se les a pasado el tiempo y no hay otra cosa que elegir, ademas no les querrian como personas si no como lo que han estado aparentando siempre..... todo menos vocación, ahora ademas los tiempos no son favorables para la Iglesia, un saludo.
ASOMBRADO.-yo,no instruyo a nadie,simplemente "refresco memorias".siervo intil soy.-
Menos mal que está usted, que viene de vuelta y nos instruye...
las vocaciones escasean porque antes no habia un duro y los pobres teniamos que estudiar.no le demos mas vuelta a la tortilla que se nos puede quemar.ese ansia de algunas congregaciones femeninas por captar vocaciones,es ya casi enfermizo,eso,es desconfiar de la providencia Divina.algunos carismas por lo que se fundaron algunas congregaciones,se han acabado.y,al acabarse se acaba la congregacion.pues bendito sea Dios y demoles gracias por que esa necesidad,se ha superado.esa presencia de monjas en internet,no es otra cosa que buscar vocaciones,a mi,que vengo de vuelta,que no me digan que es para predicar,que no me lo creo.-
Simplemente, !genial¡ Un perfecto análisis de psicología humana, sentido común y visión sobrenatural.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni