Queridos Padres Rectores...:
Hoy, 4to. Domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, la Iglesia toda reza por las vocaciones. En este día quiero decirles lo que, a mi modo de ver, hay que hacer para no tener vocaciones, es decir, les voy a decir LO QUE NO HAY QUE HACER.
Si la vocación no es obra principalmente de Dios, no se han de buscar seguidores exclusivamente de Jesucristo, sino obsecuentes de uno mismo. Pretender que sigan a una mera persona humana es la mejor disposición para que no nos siga nadie. Sólo el seguimiento exclusivo de Jesucristo hace posible que el hombre, varón y mujer, se decida y persevere en una vocación que excede las fuerzas humanas.
Para no tener vocaciones, deben presentar la vida sacerdotal y religiosa color rosa. Todo consolación y resurrección. Toda alegría y comprensión. Todo éxitos, bonanza y facilismo. No decir nunca que es cruz, y después cruz, y por último, cruz, y siempre, cruz. Y que hay que estar dispuestos a crucificarse con Cristo, día a día, minuto a minuto. Y que hay mucho para penar, para dolerse y para llorar porque los sacerdotes son «los ojos de la Iglesia, cuyo oficio es llorar los males todos que vienen al cuerpo»[3].
Para no tener vocaciones, deben coaccionar a los candidatos buscando, indebidamente, convencerlos de que tienen vocación (aún cuando se vea que no tienen idoneidad). Es decir, teniendo por el candidato un interés que se ve que Dios no tiene (porque si no tiene idoneidad es porque Dios no se la dio). Y con melindres, suspicacias y sutilezas no aconsejarle, vivamente, que no entre o que salga, cuanto antes, del Seminario. Esos que claramente no tienen vocación serán ocasión de que muchos otros la pierdan. Y los superiores que no cuiden, tempestivamente, que sólo queden los que tienen vocación probada, al perder la confianza de los buenos en su capacidad de discernir las vocaciones, también se convierten en ocasión de que otros la pierdan. No hay cosa, tal vez, que haga perder más vocaciones en los Seminarios, que los superiores cuando se vuelven «perros mudos»[4].
Aunque, a decir verdad, la costumbre más extendida es dilatar la entrada, justamente, porque no se cree o se duda de que es Dios el que llama. Cuando llama Dios se requiere una respuesta al estilo de los Apóstoles: Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron (Mt 4,20), y San Pablo: …al instante, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre… (Ga 1,16). Cuando se pretende que las vocaciones maduren en el mundo, el mundo, generalmente, se traga las vocaciones.
Incluso hay algunos que directamente dicen que un candidato no tiene vocación y no por que hayan comprobado que no hay idoneidad , sino por otras razones subjetivas de ellos. Porque les parece, por pálpito, por corazonada, por no simpatizar con el candidato, o porque creen que tienen el don de la cardiognosis. Si son jóvenes porque son jóvenes; si mayorcitos porque tienen mucha edad. Conocemos el caso de Jean Luc:
– «Vos pensás que tenés vocación porque tu hermano es sacerdote», le dijo un obispo;
– «Pero yo entré primero al Seminario»;
– «¡¿?!… Sé un buen laico».
En la actualidad es el primer sacerdote incardinado en un país de Asia Central.
3. Acerca de la pastoral vocacional:
Seguir haciendo esa suerte de reclutamiento o leva masivos, sin discernimiento, o sea, sin hacer selección. O peor aún, tener discernimiento estrábico, es decir, hacer selección, pero al revés, desechando a los buenos y aceptando a los que no tienen subiecto. Algunos ponen límites artificiales, como la edad, los oficios, la historia precedente... y multiplican, sin ton ni son, las normas para la admisión, de tal modo se crean, de hecho, impedimentos insalvables. Por ejemplo:
– «NN. dice que no hay que ordenar hasta que el candidato tenga 28 años (El Código de Derecho Canónico pide sólo 25 años), pero yo pienso que tendría que exigirse tener 30 años porque recién allí se puede considerar maduro a un candidato y se puede esperar más en su perseverancia».
– «¿Usted propone hacer lo que hacen los jesuitas?».
– «Eso mismo, ¡hombre!, ¡qué formación tienen!»,
– «Pero, ¡durante el generalato del P. Arrupe dejaron el ministerio más de 12.000 jesuitas ordenados a los 30 años!
– «¡¿?!».
Por ejemplo, algunos dicen que si ya entró algún familiar no hay que dejar entrar a otro porque está influenciado por el primero. No dejan entrar a los primos hermanos, con lo que no tendrían vocación apostólica los Apóstoles Santiago y Juan, primos hermanos del Señor; ni tampoco si son hermanos, con lo que no tendrían vocación apostólica Pedro y Andrés, Santiago y Juan; otros no aceptan a los hijos únicos, con lo que si nuestro Señor hoy pidiese entrar a un Seminario no sería admitido.
O afirmar rotundamente: «Aquí por tres generaciones no habrá vocaciones» (menos mal que no pensó así nuestro Señor, ni los Apóstoles; todavía se estaría por fundar la Iglesia).
Nunca digan –«aquellos, de tal Congregación, son malos», porque les harán una propaganda gratuita y tendrán muchas vocaciones y después tendrán que inventarse excusas para justificar su esterilidad, y dirán: «ambiente cálido»..., «los atraen con música y deporte...», «ahora se los ve bien, pero ¿dentro de 50 años...?», «les lavan el cerebro», «algo raro hacen, donde van tienen vocaciones y nosotros ninguna»…
Lo que voy a decir ahora es infalible para no tener vocaciones: ¡dejar que el Seminario se llene de tipos «alcanzame la polvera»! Cuando lleguen a formar grupo verás como proliferan las murmuraciones, los despechos, los resentimientos, verás un clima de intrigas palaciegas y suspicacias retorcidas, se pincharán con la pestaña todo el día, los verás meneándose acompasadamente y murmurando de cuanto se les cruce por delante y, entonces: ¡Chau, misión ! Y los que se respeten un poco se irán y no tendrás que estar dando de comer a 150 seminaristas hambrientos. En algunos lados se prefiere a los «masculinos, pero no fanáticos (los demasiado delicados)» porque piensan que no les traen problemas y los pueden manejar a gusto, y rechazan a los que tienen personalidad, porque tienen miedo que quieran pasar por encima de su autoridad
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A mí me parece un texto desafortunado. Al principio creí que lo había escrito la blogger y estaba asustada. Después me fijé mejor.
Creo que el recurso literario de decir lo contrario es un verdadero lío, y no me extraña nada que a algunos les suene fatal mientras que otros lo interpretan de otra manera.
Lo que no me parece admisible es que este texto provoque malentendidos graves entre amigos de blog.
Me inclino por darle la razón a Isaías en que parece un "graciosillo" el autor. Y no me hace ninguna gracia.
Aunque el tema tampoco me parece fascinante. Creo que si no hay vocaciones de las de antes es porque todo eso ha quedado antiguo y no sirve de nada hoy. Los que creen que la solución está en retroceder más aún a los tiempos de las tocas imposibles, creo que se equivocan doblemente.
La vocación hoy día tiene que ser la simple llamada a ser cristiano, pero muy en serio. Si además alguien cree tener otra vocación más concreta, pues él sabrá. A mí todo es...
No es que el comentario no sea afortunado es que es totalmente indignante y homófobo, si el que ha escrito eso es un rector o simplemente sacerdote veo que es de lo más cristiano. Aparte que me gustaría saber la vida privada del que ha escrito eso porque el patrón suele ser el mismo y detrás de esos comentarios suele haber un homosexual reprimido. No veo intención de suprimir la palabra malsonante sino la intención de hacerse el graciosillo.
No me hacen daño los post me han hecho daño tus palabras y no creo que hayas tenido nunca motivos para censurar nada de lo que escribo así que no veo el motivo de ese comentario. Siempre he dado mi opinión sincera y de forma respetuosa, no tengo más que decir.
Este documento me parece escrito desde la realidad, aunque con reflexiones un poco radicales a veces. Como no soy religioso, no sé con exactitud la objetividad de cada afirmación, pero pienso que deberían leerla con mucho interés y espíritu abierto los educadores y responsables de formación.
Ahí te doy la razón. No es muy afortunado el comentario. Ciertamente dejando de llamar a las cosas por su nombre se puede llegar a tener una lengua biperina.
Supongo que la intención era suprimir la palabra malsonante.
Espero no haberte molestado con mis comentarios. Pero hay mucho dolor en tus palabras. Sabes que no censuro nada de lo que escribes. Te aconsejo que no leas los post de esta serie. Veo que te hacen daño.
Y ya puestos en sinceridad te diré que le último párrafo es lo más indignante e insultante que he leido en bastante tiempo. Vamos a dejar el tema de los de "alcánzame la polvera" que los que acusan a otros de "alcanzame la polvera" suelen gastar los estipendios en rimel, asi que mejor calladitos. Con expresiones como esa y los tipejos que las realizan no me extraña que los seminarios y noviciados caigan en picado. Un comentario muy misericordioso y cristianao, si, señor.
Viernes, 17 de febrero
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