Es una práctica pastoral que lleva años funcionando y desde luego no ha conseguido atraer a la mitad de la población católica que pasa de ir a la iglesia y de manifestar su fe. Tenemos que ser testigos de nuestra esperanza y no pájaros de mal agüero que condenan a la mayor parte de la humanidad.
El Dios amor no cuadra con el dios temible del Antiguo Testamento que lanza plagas sobre los enemigos de su pueblo. Estoy segura que no todos saben distinguir entre lo que es el amor y lo que es un conflicto de intereses. Amamos a los demás pero no por ello nos llevamos siempre bien, tenemos fricciones, problemas, discusiones. Y seguimos amándoles. Forman parte de nuestra vida, están arraigados en nuestro corazón.
Por eso creo que cuando se llega a unos textos donde el mismo Jesús expone a la condenación a parte de la humanidad, el Dios “merengue” desaparece. Y de nuevo resurge un Dios que nos pedirá cuentas de nuestra vida. Esto no es ninguna amenaza sino la constatación de que somos “libres” y por lo tanto podemos salvarnos o condenarnos dentro del marco de esa misma libertad.
Lo he dicho en cientos de ocasiones, creo en la misericordia divina, creo que Dios siempre da segundas, terceras, cuartas oportunidades, miles de oportunidades hasta el último momento. Pero del Evangelio de hoy y de otros muchos párrafos se deduce que hay una parte de la humanidad que desgraciadamente se condenará. Y aunque no sea correcto hablar de ello y nos de a todos por el compromiso con los demás, eso tampoco nos hace mejores a los ojos de Dios. Sobre todo si olvidamos que es Él quien tiene la iniciativa y no nosotros.
Lo digo porque no vale estar en una ONG e ir a misa para encontrarnos a salvo de dar la espalda a Dios. No vale vivir apegado al poder, el dinero y la fama, porque nuestro reino no es de este mundo. Por eso se nos hace memoria de que somos invitados a un banquete y Dios elige a sus invitados y estos deciden acudir o no, incluso acuden de manera poco presentable, llenos de mugre, sin vestirse para el gran acontecimiento de esa boda que es la unión con Cristo. Así que no basta haber sido invitado. Se necesita venir en traje de fiesta. ¿Y cuál es ese traje de fiesta? Se nos ha dicho hasta la saciedad que la vida de gracia santificante. Que el vestido de nuestra alma se encuentre tan limpio y tan blanco como el día de nuestro bautismo. Sólo así participaremos en el banquete del cielo.
«Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos». Mateo 22,1-14
Así pues, no se trata de revivir el temor, pero sí debemos saber que la fe se nos da de modo gratuito y de nosotros depende la salvación, tanto por cultivar el amor a Dios y a los demás, como por hacer frente a una sociedad que se aparta de los valores del Reino.
Hace falta dar testimonio de nuestra fe con sana alegría. Hemos sido salvados, hemos sido elegidos, somos unos privilegiados que deben vivir dando gracias a Dios en todo momento. Pero también deben orar por mantenerse firmes en la fe y en la caridad.
Hace ya mucho que la piedad ha quedado desfasada. Y Jesús en los momentos clave de su vida siempre levantó el rostro al Padre, hacia oración y cumplía fielmente con su religión. De manera que no nos creamos más auténticos por lavar los pies a un tullido, si esto no va acompañado de una vida de unión con Dios, se convierte en “nuestra voluntad” pero tal vez no sea lo que el Padre nos pide en ese momento. ¡Feliz día del Señor!.
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Estoy con saruce, con ruso, con Manuel RH.
Emérito,
La parábola es una advertencia para que no nos equivoquemos de actitud. El traje de fiesta yo no lo veo como ningún esfuerzo que haya que hacer, sino como la actitud auténtica que hay que tener cuando te invitan a una celebración, la alegría de celebrar, no el interés de "a ver que obtengo de esto", que no es diferente de la actitud de los primeros invitados que no tenían ganas de celebrar ninguna fiesta, porque preferían dedicarse a los negocios.
La vida, la única vida es una fiesta que se puede convertir en la fiesta permanente de la Vida en Dios, siempre que sea eso lo que queramos.
La advertencia es dura, para que sepamos que corremos el riesgo de apartarnos voluntariamente de la fiesta sin remedio, si nos empeñamos.
Ciertamente le doy la razón en lo que dice en su último párrafo; pero tampoco se justifican los que practican su religión únicamente en el interior del templo, ó en la intimidad con Dios. "Venid benditos de mi Padre porque tuve hambre y me disteis de comer...." No se puede amar -es imposible amar- a Dios, al que no se ve, de otra manera que no sea amando a nuestros hermanos, a los que sí vemos.
De manera que también habrá muchos casos que, aunque no lo sepan, participando activamente en una ONG amen más a Dios que otros que cuando salen del templo se olvidan de su religión; y así dirán "Pues ¿cuando te vimos hamriento y te dimos de comer?...
A unos cuantos (bastantes, diría yo) se nos ha hecho el regalo de la confianza en Dios, de la fe en la existencia histórica y real de Jesucristo, y de la consideración de hijos de ese mismísimo Dios.
Unos cuantos de esos cuantos, consideramos que esta vida es un paso, para obtener la felicidad de vivir eternnamente en presencia de Dios.
Por amor y por responsabilidad, deseamos que muchos nos acompañen a esa meta feliz.
Que no es por superchería, ni por oscuros interes ocultos, ni pensamos que tendremos más gloria, si aumentamos el número de conversos.
"Id y predicad la palabra de Dios...".
Es así de simple, amigo Emérito Augusto.
Un abrazo.
Amigo Emérito Augusto, creo haber comentado en más de una ocasión, que no "creo" en todas las traducciones de la Biblia, ni de alguno de los libros que la componen, en especial.
Mi fe me provoca un cierto malestar, que puedes calificar de asco o repugnancia, cuando leo algo que puede inducir a engaño.
Por ejemplo, si Dios es amor, no es el dios de los ejércitos, ni el del Madrid, ni el del Barça.
Esa razón (la fe en Dios) es la que motivó que hayamos coincidido en este tramo de nuestras vidas, en este blog...
Ambos (tú y yo) reconocemos que la iglesia está compuesta por hombres, imperfectos como tales, que buscamos la felicidad, de forma clara o encubierta...
Saruce, hoy le doy toda la razon, se debe recalcar que Dios es amor ante todo, sobre todo ante los niños, recuerdo que lo pase mal con esto y eso que ya tenia 11 o 12 años. De la misma manera que se equivocan los religios@s que dicen que hay cosas mas importantes que Dios, que primero va la gente y al final vemos que quienes de verdad ayudan a la gente, son aquellos religios@s que por amor a Dios, ayudan a sus hermanos, se debe inculcar en nuestras enseñanzas que hay que seguir a Dios por que es amor, por que es el camino, la verdad y la vida, no por que si no lo sigues iras al infierno, sobre el cual Jesus nos advierte, aunque este solo consistiera en no alcanzar el cielo, ya es una gran perdida.
Puedes hacerlo mucho mejor Emerito, sabes de sobra lo que son las parabolas de Jesus, quien nunca hablaba en estas de forma literal.
"Dios castiga".
Hay que estar a las duras y a las maduras. ¿O también pretendéis maquillar a Dios?
No sé si el rey al que se refiere la parábola es imagen de Dios. Muchas parábolas son más bien alegorías. Y ésta puede ser una de ellas.
De aquí deduzco que, efectivamente, se presenta a un Dios vengativo e intransigente.
Vengativo con los invitados que no acuden al banquete y que incluso matan a los mensajeros. Los arrasa y los achicharra.
Intransigente con el "pordiosero" que entra en el banquete sin el traje de boda. Lo expulsa y lo condena a la marginación. ¿Más marginado todavía? ¿No era un vagabundo que andaba por las encrucijadas de los caminos sin rumbo? ¿Cómo puede exigirle algo que no puede poseer?
Resulta difícil entender esta actitud de Dios.
SARUCE. Por eso no me extraña la prédica de ese tu viejo amigo sacerdote. Pero, ¿no es evangelio? ¿Por qué se asumen unas expresiones y se rechazan otras que "no convienen"?
Así es Dios. Misterioso, enigmático, inescrutable. El mismo Papa lo afirmó en el discurso de apertura del Sínodo: Dios...
Creer que Jesús de Nazaret atraía a la gente como un profeta alucinado, que pregonaba calamidades sin fin, es sintomático de prédicas añejas y faltas de amor.
Dios no espera cumplir su venganza contra quienes no estén en su onda.
Dios (me refiero al Dios de los cristianos, y no al que se predica por ahí)no es vengativo, sino padre misericordioso y amoroso.
Y no todo lo que cuentan los evanngelios es "palabra de Dios", si se traduce por crueldad, ira, o venganza.
Hay que dejar de asustar. Nadie teme al amor, ni los más perversos.
Hablemos pues, del amor de Dios.
Carmen, hoy he estado a punto de "salirme" de misa. El sacerdote, un viejo amigo, casi impedido, ha dado una charla "terrorífica" a los niños de catecismo.
"Infierno eterno", "peor que la muerte", "para siempre", y otras lindezas por el estilo.
Ese sacerdote "gagá", que es una persona encantadora, en su trato diario, se aferra al dios castigador y premiador, y asusta a unos niños que después se darán cuenta de esa mentira, y abandonarán la iglesia, "porque el terror no atrae", además ser mentira.
Carmen:
¡Feliz día del Señor también para ti!.
Un cordial saludo.
Lunes, 28 de mayo
José Antonio Pagola
Guillermo Gazanini Espinoza
Juan Fernandez Krohn
Isabel Gómez Acebo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia