Santiago no quiero enviarte un SMS
25.07.08 @ 13:50:52. Archivado en Sociedad
Cuando llegan días como estos donde el calendario abre un paréntesis que para unos es el inicio de sus vacaciones y para otros apenas un puente festivo, se para un poco el reloj biológico y las cosas se miran desde otra perspectiva. Afortunadamente soy de las que disfruta del hogar, estar en casa no es para mi un castigo. Tengo múltiples aficiones: la pintura, la escritura, la lectura y por si fuera poco, la ración cotidiana de tareas del hogar y la familia. Así que es difícil aburrirse aunque no te muevas del mismo sitio durante todo el año.
Lo cierto es que hoy no quería ser cronista de actualidad, porque bien mirado hay que limpiarse los ojos para encontrar un tema que no esté cubierto de crítica negativa. ¿Se han fijado ustedes que las noticias siempre nos traen su ración de desgracias. Es difícil animarse si frecuentas la prensa diaria. Seguramente por ello la prensa rosa y otras publicaciones, tienen asegurado su negocio. Somos cotillas y nos interesa más como viven los famosos que la historia de cualquier vecino del rellano. Yo misma he cambiado mis gustos y ya no busco en el cine historias profundas, sino un motivo para pasar el rato. Algo que me distraiga y no me abrume.
Hoy he hecho cálculos aproximados sobre cada uno de mis vecinos, y reconozco que sé muy poco de ellos. Algunos llevan conmigo toda la vida, nos saludamos al entrar y salir del patio, cruzamos dos o tres palabras y como mucho asistimos a la junta de vecinos. Pero no hay una relación de aquellas que recuerda la memoria de mi anciana madre. Cuando todos salían tranquilamente con las sillas a la calle, para comenzar una tertulia allí mismo, donde no se escuchaba el motor de ningún coche por la noche. En mi infancia en el pueblo, todas las personas mayores eran tíos o tías, parientes de vecindario. Y a mí me identificaban como la hija de. Todos conocían y cuidaban de los hijos del pueblo.
Me sucede otro tanto en mi parroquia, sé que rezo por quienes me acompañan, conozco a muchos, pero no les puedo llamar amigos, excepto a unos cuantos. Nos saludamos con cortesía y pasamos a otra cosa. Y resulta que somos hermanos en la fe. Podría yo decir como Jesús “mi madre y mis hermanos son estos que me acompañan”. Así debiera ser, si la comunidad de creyentes no se hubiese acostumbrado a asistir a la Iglesia como quien va a un espectáculo.
El caso es que hoy celebramos a Santiago, patrón de España, hijo del Trueno, apóstol que presenció la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor. Y me he llenado de nostalgia. Le debo una visita al apóstol de España. He visitado el Pilar en Zaragoza y Covadonga en Asturias. Ahora me queda Galicia pendiente para una escapada con alma de peregrina. Pero he de confesar que no tengo espíritu viajero. También me atrae visitar Jerusalén, y sin embargo me da miedo el viaje.
Ahora que los medios de comunicación nos facilitan estar a un paso de cualquier lugar, me pongo a pensar en aquellos intrépidos peregrinos cuyo viaje duraba meses hasta llegar a su destino. Tantos y tantos andariegos como Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Vicente Ferrer. Testigos de la hospitalidad en sus andanzas. ¿Quién es hoy capaz de desplazarse a pecho descubierto?. Lo nuestro son aviones, trenes y coches a una velocidad de vértigo. Que te facilita cambiar de paisaje en cuestión de horas.
Hoy he puesto los pros y los contra en la balanza. Para reconocer que soy una privilegiada por tener memoria histórica de varias generaciones. Soy de las que tiene que enseñar a los más jóvenes que el teléfono y el ordenador existen desde ayer. Y que es mejor una buena conversación que enviar un SMS. Por eso me he enrollado tanto para felicitar a los Jaimes y Santiagos. Que pasen un buen día.
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Aaaay, que recuerdos.....
Me extraña que toque la festividad del Apóstol y no comente la anacrónica y grotesca ceremonia de la ofrenda nacional al patrón de España. Le resumo la siutuación: unos delegados regios casi nunca creyentes pidiéndole al santo que les arregle lo que ellos no saben. Surge una pregunta: ¿cómo tolera la Iglesia esta profanación de un lugar sagrado y de los oficios divinos?
Una vez hice la promesa con alguién que yo pensé era amigo para ir a Santiago, Roma y Jerusalen, las tres ciudades santas de la cristiandad, bien, el amigo resulto ser un "sapo malvado", así que iré sólo o con otros amigos. En Santiago estuve, me queda Roma y Jerusalen.
Feliz puente a los afortunados/as.
Y a todos los españoles que consideren a Santiago su patrón. Especialmente a los gallegos.
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Carmen Bellver
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