Estamos viviendo paso a paso una secularización de la sociedad, que parece alejarse del hecho religioso. No todos son católicos por nacimiento, es frecuente omitir la ceremonia del bautismo, reconvertir la comunión en una viaje a Eurodisney, sustituir el matrimonio canónico por el civil. En líneas generales, esto no debiera asustar porque supone una mayor coherencia para quienes se deciden a recibir los sacramentos. Por otra parte la sociedad moderna es multicultural y nos convierte en unos creyentes similares a los de otras confesiones, aunque todavía siga siendo notorio el arraigo de ciertas festividades relacionadas con la fe católica.
A nadie se le escapa que hoy en día muchos siguen acudiendo a los sacramentos por conveniencia social. Resulta más vistoso, han soñado con ellos, pero están muy lejos de conocer su significado; no se sienten comprometidos a educar en la fe a sus hijos, ni a vivir el sacramento en la vida conyugal. Sabemos que cuando llegan las comuniones los sacerdotes viven en un caos permanente, mientras piden a los presentes que respeten el recinto sagrado. Otro tanto sucede en bodas y bautizos. No es extraño encontrarse a la puerta de la Iglesia un nutrido grupo, de los que rechazan la ceremonia religiosa y por tanto prefieren estar fuera. Deberíamos darles las gracias, al menos así montan menos barullo que quienes deciden quedarse dentro de la Iglesia.
El caso es que la agencia AVAN recoge hoy una noticia interesante que me sirve de reflexión. Cuarenta matrimonios colaboradores del equipo itinerante que ofrece cursos de novios en la diócesis de Valencia recibirán formación para poder impartir a partir del próximo curso catequesis de formación prematrimonial adaptadas a adolescentes y jóvenes de 14 a 18 años, en un servicio que se ofrecerá por primera vez en la diócesis de Valencia.
Las catequesis, que tienen por título “La vida: un proyecto para la eternidad”, se desarrollarán durante cinco sesiones de una hora y media de duración, e incluirán sesiones formativas sobre antropología cristiana, vocación al amor, relaciones sexuales, transmisión de la vida y el sentido del sufrimiento ante las adversidades.
Será la primera vez que en la diócesis de Valencia se ofrezca este tipo de catequesis a menores de edad, ha precisado Vicente Calabuig, responsable del equipo itinerante de matrimonios, quien ha añadido que, entre los destinatarios de las catequesis, podrá haber adolescentes y jóvenes “que no tengan todavía novio o novia”.
Esta iniciativa merece una felicitación, al permitir seguir formando en la fe a medida que se va madurando. Si el bautizo no depende del cristiano y es una elección de los tutores legales del niño. En cambio preparar para la comunión, la confirmación y el matrimonio, es una labor necesaria para conseguir cristianos coherentes y no cristianos de cuota social.
Si ahora los jóvenes pueden recibir esta formación, como paso a su vida adulta en la educación de lo que es un matrimonio católico, bienvenida sea la iniciativa. Estoy segura que quienes la reciban alcanzarán una mejor formación para seguir madurando en la fe. Hoy cuando vamos contracorriente, tanto en la defensa de la vida, como en el divorcio, como en tantas otras cosas que no son políticamente correctas. Es necesario educar en la resiliencia, un término que se ha puesto de moda y que muchos utilizan para definir lo que en lenguaje sencillo sería la reciedumbre de carácter.
De alguna manera saber decir si o no, en el momento y el lugar adecuado, es una necesidad perentoria en la educación de las personas; convertidas por imperativo del influjo social en marionetas de los mass media.
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Inmaculada:
Me alegra saber que hay parroquias donde lo que prima es el sacramento y las condiciones en las que éste es recibido.
El caso de Marx se refiere a esas ocasiones en las que priman otras consideraciones. Por costumbres, por acomodamiento, o tal vez por interés.
Creo que se está avanzando hacia un modelo de Iglesia más coherente. Todo esto tiene su origen en haber vivido durante años un catolicismo heredado. España era confesional. El tránsito hacia una sociedad aconfesional, es lo que ha hecho posible este tipo de desajustes.
Y en cuanto a lo de las catequesis, el principal problema es el de quién se va a apuntar a recibirlas. La experiencia que tengo como catequista es que sólo vienen a catequesis quienes se ven en la obligación de hacerlo si quieren recibir el sacramento. Es rarísimo que vengan voluntariamente. Me imagino que habrá excepciones, pero no serán muchas
Yo, sin embargo, no estoy en absoluto de acuerdo con los otros comentarios. Quizá haya parroquias "dispensadoras de sacramentos", a cambio de dinero. No es lo que yo conozco. A nadie se le niega un sacramento por no colaborar al sostenimiento económico de la parroquia. Será porque la mía es pobre de solemnidad, hasta el punto de vérnoslas y deseárnoslas, con frecuencia, para hacer frente a gastos tales como la luz o la limpieza.
Claro que se les pide una ayuda a quienes se acercan solicitando un sacramento, pero ésta es voluntaria. De hecho, en las comuniones se les da un sobre sin nombre, que algunos de ellos devuelven vacío.
Max e Isaías:
Yo también estoy de acuerdo. ¿Pero a ver quien le pone el cascabel al gato?
Totalmente de acuerdo como siempre Max, un abrazo en Cristo.
Isaías: siendo verdad lo que dices, quisiera añadir, con tu permiso, un aspecto que creo complementa lo que has escrito.
Bien es verdad que por desgracia el tema económico en bodas y bautizos es motivo de escandalo. Pero tales acciones son más imputables a los parrocos que a los obispos. O mejor dicho, los obispos son culpables del silencio pese a saber de esos abusos en los templos. E incluso son culpables de promocionar a algunos curas a parroquias de muchas bodas a sabiendas que les están llenando el bolsillo a cambio de fidelidades mal entendidas.
Lo que sí que es totalmente achacable a los obispos es el mantener un sistema de supermercado de sacramentos, pero no tanto por el dinero, sinó por tener una clientelea que te asegura un número de "seguidores" que permite, creen ellos, mantener una influencia en la sociedad. O sea, sociología barata de la religión que nos ha llevado a donde estamos. Así, al menos, lo veo yo.
Un abrazo en Cristo.
Gran culpa de lo que ocurre la tiene la Iglesia que permite que se reciban los sacramentos a la ligera. ¿por qué se permite a los novios que se casen por la Iglesia negándose a comulgar? ¿por qué se permite que muchos niños hagan la comunión sin saber el padrenuestro?
¿Será porque muchos sacramentos se han convertido en una importante fuente de ingresos y lo que importa es la cantidad y no la calidad? Creo que los principales responsables son los obispos que saben lo que sucede en muchas de sus parroquias y miran para otro lado.
Lunes, 28 de mayo
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