Crisis alimentaria mundial: "cinco panes y dos peces"
07.05.08 @ 19:53:42. Archivado en Sociedad
Hay ocasiones en que no entendemos por qué el mundo funciona como funciona. Y como si fuéramos dioses intentamos analizar hasta las últimas consecuencias. Hace años alguien me dijo “dentro del desorden siempre hay un orden”. Es una frase hecha que voy reinterpretando con los años. Primero el ímpetu de la justicia y la solidaridad con los más desfavorecidos te lleva a participar en acciones solidarias. Luego te das cuenta que la mayor parte de las veces se utiliza a los pobres en beneficio de otros. Entonces te llenas de un amargo escepticismo.
Pero un día descubres que todos somos corresponsables, cada uno en su pequeña parcela, de manera que aunque siempre exista el hambre, la guerra, los desastres naturales, te queda al menos la convicción de que has aportado tu granito de arena. Ya sé que esto suena muy bien desde un cómodo sillón con vistas al mediterráneo. Pero lo cierto es que “son muchos pocos los que consiguen algo”.
Por eso aunque sea por extraños caminos llegas a la conclusión de que sólo el amor hacia los más desfavorecidos hace posible atender a tanta gente. Al mismo tiempo que los grandes enemigos de la caridad siguen haciendo sus negocios. Es un pequeño puzzle que puede asquear los más nobles sentimientos de las personas. Pero esa es la realidad, una mezcolanza de buenas y malas obras. Nosotros apuntémonos a obrar el bien, creyendo firmemente que “la fe mueve montañas”; pero eso sí, necesitamos cinco panes y dos peces.
No está de más recordar que denunciar la manipulación de los especuladores mundiales es tarea de todos. He hecho este preámbulo para presentar un artículo de Le Monde Diplomatique, donde se analiza la situación de los alimentos y los juegos de poder de los usureros de turno. Política, dinero y poder son un trío que siempre va unido. Pero pese a todo, Dios sigue cuidando del mundo a través de cada uno de sus habitantes. Y sigue apostando por la Vida. A los creyentes nos queda siempre la esperanza de que el Reino está presente entre nosotros, la semilla sigue dando frutos.
Ya son más de treinta y siete los países en los que la inseguridad alimentaria ha provocado protestas. Las primeras tuvieron lugar en México el año pasado por el aumento exagerado del precio del maíz. También en Myanmar (antigua Birmania) la insurrección de los monjes, en septiembre de 2007, comenzó por manifestaciones de descontento contra la carestía de los alimentos. Y en las últimas semanas hemos asistido a tumultos en diversas ciudades de Egipto, Marruecos, Haití, Filipinas, Indonesia, Pakistán, Bangladés, Malasia y sobre todo de África Occidental (Senegal, Costa de Marfil, Camerún y Burkina Faso).
Son rebeliones de los más pobres y limitadas al ámbito urbano. El campesinado, por el momento, no se ha amotinado, y las clases medias no se han sumado al alboroto. Pero lo harán si los precios de la comida siguen aumentando. Y éstos subirán pues lo paradójico de la situación es que nunca la producción agrícola había sido tan abundante. O sea que la carestía actual no se debe a la penuria, sino a otros factores. Habrá pues nuevos amotinamientos por hambre y durante un largo periodo. Que se traducirán por nuevas oleadas de emigración. Pues la comida representa hasta el 75% de los ingresos de las familias de países pobres, contra un 15% en los países ricos.
Para prevenir las próximas algaradas, algunos Gobiernos ya han multiplicado las medidas: Kazajistán ha suspendido todas sus exportaciones de trigo, Indonesia ha decidido limitar las de arroz, Filipinas ha declarado la guerra a los especuladores, y Argentina, Vietnam y Rusia han restringido sus ventas de trigo, arroz y soja al extranjero.
Pero los precios siguen en alza. Desde marzo de 2007, el valor de los productos lácteos ha subido un 80%, el de la soja un 87%, y el del trigo, un 130%. El Banco Mundial, que no está exento de responsabilidad, afirma que estos aumentos han empujado al abismo de la miseria a más de cien millones de habitantes de los países pobres. Y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Lo cual significa que 1.200 millones de seres humanos podrían padecer hambre crónica de aquí a 2025.
¿Por qué aumentan los precios de la comida? Esencialmente, por cuatro razones. Primero porque la elevación del nivel de vida de países como China, la India y Brasil ha modificado los hábitos alimentarios. Se consume más carne, luego hay que criar más ganado. El cual consume una parte importante de las cosechas de cereales. Las nuevas clases medias comen más veces a la semana carne de pollo y de cerdo, y estos animales se nutren a base de soja y de maíz. Como la población mundial va a seguir creciendo y el poder adquisitivo de muchas personas va a continuar elevándose, se producirá un cambio estructural. El ecologista Lester Brown lo anuncia: “Cuando los chinos consuman tanta carne como los estadounidenses, absorberán el 50% de los cereales del mundo”.
Segundo, porque una parte de la producción alimentaria (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se destina ahora a la producción de agrocarburantes. Las tierras y los cultivos que se dedican a esa actividad ya no dan alimentos para los seres humanos. Y esto también se va a agravar. La Unión Europea ha decidido que un 10% del total de hidrocarburos consumidos de aquí a 2020 deben ser agrocarburantes. Y el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pide que sea un 15%, de aquí a 2017. A tal punto que países con déficit alimentario como Senegal o Indonesia han resuelto producir agrocarburantes en vez de vegetales comestibles. Responsable en parte de esta situación, el Fondo Monetario Internacional afirma que entre un 20% y un 50% de las cosechas mundiales de maíz y de colza ya están siendo desviadas para elaborar carburantes.
Tercero, porque el estallido de los precios del petróleo -por encima de 115 dólares el barril- encarece el coste de los transportes, en particular el del traslado de los artículos del agro y por consiguiente el valor de los alimentos.
Cuarto, por efecto de la especulación financiera. Huyendo de la crisis de los subprime , los fondos de inversiones apuestan en este momento por los productos alimentarios: soja, trigo, arroz, maíz. Son valores refugio. Los fondos compran y almacenan apostando por el alza. Como los acaparadores de siempre, los nuevos especuladores no dudan en enriquecerse con las hambrunas que ellos mismos contribuyen a crear. Se estima que la especulacion está causando un 10% de las subidas de los alimentos.
Los países ricos se comprometieron hace tiempo a consagrar el 0,7% de su Producto Interior Bruto al apoyo de los países pobres. Muy pocos han cumplido esa promesa. En su conjunto, el año pasado la ayuda disminuyó un 8,4%. ¡Y la asistencia a la agricultura de los Estados del Sur bajó, en los últimos veinte años, un 50%! ¿Cómo extrañarse de la proliferación de los motines? ¿A qué se espera para crear, por fin, un gran Fondo Mundial contra el Hambre?
Fuente: Le Monde diplomatique (Ed. española), Mayo 2.008
Ignacio Ramonet
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A ver si te enteras de que con tu querido ZP, España se ha convertido en el primer país mundial exportador de municiones a países donde se violan los derechos Humanos (sobretodo Africa). A ver si te enteras que el famoso "Plan África" consiste en dar dinero a los dictadores africanos para negociar acuerdos de pesca y que repriman a los inmigrantes al pasar por sus países...etc, etc
¿Has olvidado como ha salido ZP en defensa de los intereses de las multinacionales españolas (Repsol, BBVA, Iberdrola, etc) cada vez que sus beneficios astronómicos peligraban en Iberoamérica?
PP y PSOE son igualmente servidores del sistema económico... pero ZP encima va de solidario
Por eso el cristianísimo PP al que votó la blogger (seguro) se olvidó de Africa y ahora se redobla la ayuda a dicho continente.
Unos hablan de Dios, otros le hacen caso.
Yo, como Isaías, pienso que únicamente Dios arreglaría este problema.
Cierto, Carmen, todos somos corresponsables de cuanto ocurre, pero unos, son más responsables que otros.
¿Alguien ve una solución a la antigua Birmania?.
Abrazos.
Los comentarios fuera de tono, no son bien recibidos.
Meterse con Dios y el Vaticano de esa manera está fuera de lugar
Buenas noches
Sólo Dios puede obrar el milagro necesario para convertir los corazones.
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Carmen Bellver
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