A mí me pasa como a la canción de Alejandro Sanz que tengo “el corazón partio”. Y lo van a entender con rapidez. Es muy fácil de explicar. El cardenal Tarancón está en mi memoria como el máximo representante de la Iglesia de la Transición. Y junto a él no se puede negar el esfuerzo de todos aquellos sacerdotes, religiosos, religiosas y cristianos de diferente condición, quienes siguiendo la estela del Concilio Vaticano II se abrieron al cambio político en España.
Para quienes han sido educados en la democracia esto puede ser anecdótico. Pero les aseguro que la situación sociopolítica y religiosa de nuestro país tenía unas connotaciones especiales. Manteníamos una tradición de cuarenta años en el más duro nacionalcatolicismo que permitía al Generalísimo emitir su voto en la elección de los obispos. El propio Tarancón fue uno de sus retoños que le salió torcido. Yo celebro de este cardenal su espíritu mediterráneo, abierto y conciliador. No entiendo que se le identifique como el causante de las secularizaciones posteriores. Esos comentarios son los que me han dejado el corazón partio.
En el blog de la cigüeña se ha hablado del Pliego de Vida Nueva y Tarancón. Ahora que se conmemoran los cien años de su nacimiento, algunos agradecen su trabajo al frente de la Conferencia Episcopal durante el paso de la dictadura a la democracia. Pero otros le atribuyen la creciente secularización de la sociedad española, la pérdida de relevancia de la Iglesia en la política y no sé cuántos males más. Hasta llegar a afirmar que fue el causante del hundimiento de la Iglesia en nuestra patria. Perdonen que discrepe pero se han pasado mucho. Esa inquina personal debiera estar más argumentada.
Yo creo que tuvimos la suerte de tener a Tarancón como hombre idóneo en el momento adecuado. ¿Quién si no él hubiera podido limar asperezas entre la vinculación de la Iglesia con la dictadura y su cambio de rumbo a finales del franquismo?. No se puede obviar el Concilio Vaticano II, la diplomacia Vaticana durante el periodo franquista, el auge de los movimientos sociales que deseaban un cambio. La preparación sistemática desde determinados medios de comunicación para que aquel slogan de “Libertad sin ira”, hiciera mella en el inconsciente colectivo.
Visto lo visto, le considero un hombre providencial. No me olvido de quienes gritaron Tarancón al paredón.. Hoy puede que todo parezca humo pero tuvimos muchos años donde había gente dispuesta a abrir nuevas fosas y levantar los sables. La Iglesia estuvo con los sindicatos, con los partidos, con el pueblo. Y eso no es mérito exclusivo del cardenal Tarancón, aunque tuvo en él a su mejor aliado. Por eso me alegra saber que unos le consideran “un pastor bueno para un tiempo difícil” y me duele que otros vayan desprestigiando la figura del cardenal. Por cierto la noticia de la apertura del proceso de su beatificación y los homenajes civiles y religiosos van a seguir adelante. El centenario de su nacimiento lo merece.
A mí me parece que el grito y los grafittis de "Tarancón al paredón", aunque no se oigan ni se lean, todavía "están ahí"; en actitudes, y comportamientos. Lo lamentable es que cierta jerarquía haya querido enterrar el "taranconismo" como perverso para la Iglesia española. Si se hubiera seguido la línea de "diálogo" que él propició, aún manteniendo intocable la doctrina fundamental de la Iglesia (VaticanoII), otro gallo cantaría en la CEE y en el Gobierno... El prestigio del que Tarancón gozaba a nivel eclesial, no sólo en España, no lo tendrá, ni por olor (y menos de santidad), ninguno de los "sumos jerarcas cardenales" de hoy (Y me refiero al "tripartito" de Antonios -el último ya episcopable, ¿no? ¡Nepotismo puro y duro!)...
Yo perfilaría el lema: "EL MEJOR PASTOR PARA LOS TIEMPOS MÁS DIFÍCILES".
Anarico, A.C.S., menos mal que sigue habiendo buena gente. Lo de to el mundo ya es más complicado.
Un saludo
¡to er mundo es güeno!
Lunes, 9 de noviembre
Mario Bruzzone
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
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