John Wayne certificándome
20.10.08 @ 22:07:35. Archivado en Política
“…no peor caso o mellor é seguir calado, vivindo escuramente, de reflexos non sentidos...”
Arredor de si
Al certificar desaparece el misterio. Trance inverso al que va de la realidad al deseo. Un caso curioso fue el de una vecina que me preguntó si le podía certificar que su marido se había marchado con otra hacía
cuatro años. La mujer era guapa, bajita, mandona; con fragancia de vendimia, nieta de casa grande y labios pan de molde. Bimbo. Decidí enamorarme unos minutos, “siéntese, póngase cómoda”. Rebusqué en los cajones y saqué el primer código que estaba a mano, “mire”, señalé el libro, “el artículo 17 no me deja certificar sobre el amor, pero en este caso podríamos hacer una excepción”. Silencio de corrupción, halitosis matutina. Ella se quitó el abrigo con destreza mientras mis antepasados saboreaban la cuenta atrás; jersey, camisa, sujetador... Pero nada de eso. La ley no es romántica y yo no era John Wayne. No certifiqué y se fue.
Certificar es decir que ya nada más es posible, sólo lo que hay encima de la firma tiene valor. Vicio de dios de los datos, te conviertes en el historiador de la verdad documental; fuera de ahí el variable mundo de las conjeturas, los sueños, las caricias y las islas rodeadas de mares verdes. Supongo que es por eso que sólo podemos
certificar funcionarios grises, destructores de las mil y una posibilidades; estatuas incorruptibles ante la lozana tentación de la mujer despechada.
Quiero imaginar al empleado público en el momento de certificar la muerte de Franco, recostándose en la silla, poderoso, nuevo halcón de la historia, agradecido a tanta mediocridad por haberlo convertido en Salvador por oposición.
Comentarios:
Es Bogart comiendo el menu de estudiante de un bar de pueblo. Cohen pidiendo autografos a Eros Ramazzotti.
Verea no certifica.
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Borja Verea
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