"Me pregunto cómo uno que estuviera cara a cara con personas que están sufriendo realmente violencia y explotación sexual podría explicar que estas tragedias, representadas de manera virtual, han de considerarse simplemente como «diversión»".
El Papa denunció la violencia doméstica y el aborto y animó a los jóvenes a cuidar el planeta y a no dejarse engañar por quienes presentan el abuso del alcohol, las drogas, la exaltación de la violencia o el degrado social como una forma de divertirse.
Benedicto XVI entró al puerto de Barangaroo en Sydney, como un torero a una plaza de toros. Los 150 mil peregrinos de todo el mundo que le esperaban lo recibieron como un héroe.
Sonriente y tímido, el Papa hablaba con los jóvenes que le acompañaban en el barco, y agradecía a los aborígenes las danzas de bienvenida.
Pronunció un discurso profundo en el que recordó que ideales como la no-violencia, el desarrollo sostenible, la justicia, la paz o la ecología, no se comprenden si no se reconoce la dignidad innata e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural.
A continuación, el texto completo del discurso.
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