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El Vaticano, Franco y la guerra civil española

Permalink 31.10.07 @ 18:16:51. Archivado en España-Vaticano, Política Exterior Santa Sede

En 1937, pocos meses después del estallido de la guerra civil española, el general Franco pidió al Vaticano que apoyara a su gobierno. Un historiador español, Vicente Cárcel Ortí, ha encontrado en el Archivo Secreto Vaticano la respuesta que el cardenal Pacelli, futuro Pío XII, dio dos años antes de ser nombrado Papa.

¿Cómo se vivió la guerra civil en el Vaticano? ¿Cuándo reconoció el Vaticano al gobierno de Franco? ¿Qué hizo el Papa durante la guerra?

Hice un reportaje televisivo sobre el tema para la agencia ROMEreport (pulsa aquí para ver el reportaje).

Pero además, aquí transcribo la apasionante conversación que tuve con el historiador Vicente Cárcel Ortí que vuelve a la actualidad tras la beatificación de los 498 mártires españoles.

En 1937, pocos meses después del estallido de la guerra civil española, el general Franco pidió al Vaticano que apoyara a su gobierno. Cárcel Ortí ha encontrado la respuesta que el cardenal Pacelli, futuro Pío XII, dio dos años antes de ser nombrado Papa.

“Se trata de un gobierno que está condicionado por la Alemania nazi; por la Alemania nazi que está persiguiendo a la Iglesia en Alemania. Por tanto, si apoyamos a este señor, este va a hacer lo mismo en España, nos va a destruir también. Por consiguiente no le apoyamos de ninguna manera”, respondió el futuro pontífice.

Hoy por hoy, se puede consultar el famoso Archivo Secreto Vaticano hasta el año 1939. Es la época previa a la II Guerra Mundial, los años del nazismo, el fascismo, el comunismo sociético y la guerra civil española.

“La guerra al principio era muy confusa, nadie sabía quién iba a ganar”, asegura Cárcel Ortí. “Y luego se convierte en una guerra internacional, con Francia e Inglaterra que protegen al llamado Frente Popular, que es la República, y otras naciones como Italia y Alemania, que ayudan a Franco”, explica.

En los primeros meses, el Vaticano no apoya a los militares rebeldes del general Franco, pero a la vez, protesta por la dura persecución religiosa que se está cometiendo en el bando comunista. De aquellos años se contabilizan unas 10 mil muertes por motivos estrictamente religiosos.

Sin embargo, el Vaticano sí desplegó su actividad humanitaria en los dos bandos. “La documentación muestra que el Papa intervino en muchísimas ocasiones”, explica Vicente Cárcel. “Pío XI consiguió dos tipos de cosas: reducción de penas y salvar algunas vidas de personas que no tenían delitos de sangre”, añade.

El Vaticano reconocerá el gobierno de Franco dos años después del inicio de la contienda, y sólo cuando así se lo aconsejan las cancillerías europeas.

“La persecucion religiosa produjo tal impacto en la opinión mundial que a medida que pasaba el tiempo y se sabía lo que estaba pasando, las naciones de tradición democrática como Inglaterra, Francia, Bélgica u Holanda decían que el gobierno republicano no se podía sostener”, asegura Vicente Cárcel.

Pío XI murió el 10 de febrero de 1939. La guerra civil española continuó hasta abril de ese año. Pocos meses más tarde estallaría una guerra aún más cruenta, la II Guerra Mundial.

CONVERSACIÓN CON VICENTE CÁRCEL ORTÍ, 28 DE FEBRERO DE 2007

Se llama archivo secreto, pero de secreto no tiene nada. Porque los documentos están a disposición de los investigadores. Hay una parte reservada, como en los archivos de cualquier institución. Pero se llamaba secreto porque era el archivo personal del Papa. Pero dejó de ser secreto cuando Leon XIII en 1884 decidió que se pudiese consultar.

En el Vaticano se mantienen reservados documentos relativos a los cónclaves, la documentación personal del Papa difunto, cosas de su familia. Y también lo que se refiere a las causas matrimoniales, porque es una causa entre dos personas, tú no tienes por qué ver el expediente personal de dos personas que han tenido el matrimonio anulado.

El archivo vaticano recibe información de todo el mundo. Lo que impresiona es que tiene una documentacion que no tiene nadie, ni el gobierno más poderoso del mundo. Se trata de la informacion que el Papa recibe cada día de todas las partes del mundo. No sólo a través de los obispos, también a través de misioneros, religiosas, seminarios... Son cientos o miles de cajas de documentos donde cada uno selecciona lo que le interesa.

Dentro de España he seleccionado lo que se refiere a la II República y a la guerra civil. Hay una documentacion apabullante, algo que asusta pero para eso estamos los investigadores, para estudiar.

Cuando llega la República ocurre una cosa muy curiosa. El Vaticano ha sido en este tema de las relaciones con los Estados, por principio, desde siempre muy respetuoso y muy pragmatico. Esta es la clave. La República española se proclama en 1931 de forma abusiva. Diríamos con palabras más técnicas, sin legitimidad política porque fue un golpe de Estado. Un golpe blanco, no hubo violencia.

Ante eso, el Vaticano no se plantea el tema de la legitimidad. Dice, sabemos que no son legítimos, pero son los que de hecho están gobernando la nación y los que controlan la situación, lo cual era verdad porque nadie se levantó en armas contra la República. Unos por miedo, otros por convicción, otros por lo que fuera..., la República fue aceptada de forma más o menos pacífica, pero en general el orden público no se alteró.

Ante este hecho, la Santa Sede dice: en Madrid hay un nuncio, pues que siga el nuncio, que reconozca la República. No sólo la reconoce, sino que pidió a los obispos, a los sacerdotes y a los católicos que la acataran lealmente. Hay un texto en un documento en el que el Papa les dice.- “teneis que acatar” la Republica y colaborar con ella por el bien de la Nación porque es el gobierno que ahora tiene España. Y de la monarquía ya no se habla porque ya no existe.

En ese primer momento, ni la Santa Sede ni nadie podría imaginar lo que iba a venir, entre otras cosas porque el primer gobierno de la Republica era un gobierno provisional, bastante moderado, el Presidente de la republica era un católico que iba a Misa, Niceto Alcala Zamora, el ministro de la gobernación era católico...

De hecho, hicieron procesión de fe católica y dijeron “a la Iglesia no la toca nadie”. Pero esa afirmación duró una semana o quince días porque al poco tiempo empezaron incendios de iglesias, de conventos, persecuciones, atentados... Y eso fue lo que empezó a dar la segnal de lo que iba a ser una República, no solamente laica sino laicista, anticlerical, antireligiosa: a enfrentarse de forma brutal y frontal con una Iglesia que en realidad la había reconocido y la había aceptado. Es un problema histórico que ahí sigue.

El Vaticano reaccionó inmediatamente, como tiene que reaccionar uno. Si a ti te tocan el pie, tú pegas un grito. Pues si a la Iglesia le tocas las instituciones vitales, lógicamente lo único que puedes hacer es protestar. ¿Cómo se protesta? Con la palabra. El Papa no tiene ejercitos, ni bombas, ni misiles. Por eso, protesta con documentos, con notas verbales.

Estoy viendo a traves de la documentación, y esto no se sabía, que hay un trabajo diplomático muy intenso a través de la embajada de España en Roma y de la nunciatura en Madrid, para impedir que se hagan las barbaridades que se estaban haciendo. Querían hacer ver a los políticos de la República que se estaban haciendo daño a sí mismos: se estaban desacreditando ante el mundo civilizado, ante Europa, con una serie de disposiciones y medidas que iban contra la voluntad del pueblo y contra toda una tradición española.

Luego viene la guerra civil. No hay ningún documento que demuestre que la Iglesia española, el Papa o los obispos tengan algo que ver con el alzamiento del 18 de julio. Tanto es así que cuando se produce ese levantamiento, en el Vaticano no se le da ninguna importancia. A los ocho días de producirse, el general jefe de ese levantamiento, Miguel Cabanellas, envía un telegrama a la Secretaria de Estado del Vaticano diciendo: “Nosotros somos el nuevo gobierno de España, y ustedes nos tienen que reconocer”. Pero hay una nota del cardenal Pacelli, futuro Papa Pío XII y entonces secretario de Estado, que dice: “si sospenda la risposta”. O sea, “que no se conteste, que se espere a ver que pasa. ¿Cómo vamos a reconocer nosotros un gobierno de unos generales que acaban de dar un golpe, cuando tenemos un nuncio, una embajada abierta en Madrid y aquí otra embajada, es una cosa impensable?”.

En concreto, Pcaelli dice: “¿Cómo vamos a apoyar nosotros a un gobierno que esta influido y condicionado por Alemania, por la Alemania nazi que está persiguiendo a la Iglesia en Alemania?. Si apoyamos a este señor, va a hacer lo mismo en España, nos va a destruir también. Por consiguiente, no le apoyamos de ninguna manera”. Y no sólo eso. Pacelli envía mensajeros a Franco en los que le dice: “lleve usted mucho cuidado con quien se junta, porque está enviando jóvenes españoles a la Alemania nazi, y todos eran admiradores de Hitler y la ideología del nacionalsocialismo alemán estaba penetrando, o había penetrado ya en la falange.

Y hay unos testimonios muy curiosos de Franco que responde : “Oh, dígale usted al Papa que no se preocupe, en España tenemos una gran tradición católica, que aquí tenemos a Santa Teresa, a San Juan de la Cruz. Y nosotros no somos como los alemanes”.

Pero en el Vaticano de eso no se fiaban porque querían ver hechos. Y entonces Franco empezó a cambiar. Lo primero que hizo fue quitar al embajador alemán, rechazarlo, porque era un agente nazi. Pero hubo allí dos o tres años de mucha tensión.

Por lo tanto, al principio la reacción del Vaticano es muy prudente, y desde luego no reconoce de ninguna forma al gobierno que se autoproclama gobierno nacional.

Cuando comienzan a producirse en Madrid, Barcelona y Valencia los sucesos del verano de 1936, asesinatos de sacerdotes, monjas, seminaristas,... todo lo que denominamos en bloque persecución religiosa. No tiene nada que ver con la guerra civil porque la guerra civil es un fenómeno político y militar y la persecucion religiosa es un fenómeno religioso. Entonces, el Papa protestó y el cardenal Pacelli protestó, y los obispos protestaron, y protestan ante el gobierno de la República porque es el responsable de todo eso. “Tú, gobierno, tienes la obligación de mantener el orden público”.

En aquel momento el nombre de Franco no aparece por ninguna parte. Es más, no existe. En el primer gobierno que se forma, la Junta de Defensa Nacional, en el verano del 36, el nombre de Francisco Franco no aparece.

El Vaticano tardó dos años en reconocer el régimen de Franco, cuando se vio claramente que la guerra estaba perdida y que había otro gobierno, por las razones pragmáticas que hemos comentado antes.

De Franco se habla a partir del mes de octubre, cuando es proclamado Jefe del Estado. Pero tampoco entonces la Sante Sede le reconoce. Tanto es así que Franco envía al Vaticano un representante personal, el almirante Magaz, que vino a Roma en septiembre a pedir que la Santa Sede reconociera inmediatamente al régimen de Franco.

Y le dijeron que de ninguna manera. “Le escuchamos a usted para que nos dé otra versión de los hechos. Pero usted aquí , entre nosotros, no tiene ningún caracter oficial ni diplomático”. Es más, ese señor ocupó la embajada de España ante la Santa Sede de la plaza de España, porque el embajador de la República, por miedo se escapó a París. Cogió el tren y desapareció. La embajada se quedo vacía.

Pero el Vaticano pidió al enviado de Franco que abandonara la embajada y quitara la bandera, porque había puesto la bandera de Franco. Dijeron: “No, no, nosotros reconocemos al gobierno de la República, igual que mantenemos en Madrid a nuestro embajador, un representante pontificio que no era nuncio sino encargado de negocios. Lo digo porque estas relaciones son muy curiosas.

La gente se cree que la Iglesia se volcó enseguida. De ninguna manera, no solamente no se volcó sino que puso muchas dificultades. Tenía muchas reservas, y sobre todo no se fiaba de los militares que habían dado este golpe militar. Que era lo que fue el 18 de julio.

Lo que pasa es que tampoco aceptaba la persecución que la República estaba haciendo contra la Iglesia.

La Santa Sede se encontró en una situacion muy dificil. Como cuando estás entre dos fuegos, ¿a cual me arrimo? Con uno me quemo y con el otro muero. Y entonces dejan que pase el tiempo, a ver como se desarrolla esto.

La guerra al principio era muy confusa, nadia sabía quién iba a ganar. Y luego la guerra se convierte en una guerra internacional, con unas naciones, Francia e Inglaterra, que protegen al llamado Frente Popular, que es la República, y otras naciones como Italia y Alemania, que ayudan a Franco. Es un mundo totalmente distinto a como lo vemos hoy. Hay que verlo en aquel momento. ¿Y la Iglesia que hace? Esperar, observar y tratar de no irritar ni a unos ni a otros, manteniendo las relaciones.
Luego, a medida que va evolucionando la historia, pues ya llega un momento en que te decantas por uno o por otro, pero es cuando ya ves la realidad con mas claridad.

Ten en cuenta que en aquel momento no existían los medios de comunicacion que tenemos. Las informaciones llegaban aquí muy sesgadas, muy falsificadas. Una de las armas que usaron tanto los republicanos como los nacionales, y en los papeles del Vaticano se ve muy bien fue la propaganda. Decir mentiras, exageraciones... Se afirmaban cosas que eran totalmente falsas, pero eso se sabía después. “Hay una gran avanzada del ejército no sé qué”, y luego era mentira.

¿Cuándo reconoce a Franco el Vaticano?
Cuando han pasado dos años de guerra, cuando el Vaticano empieza a darse cuenta que la República no tiene ni pies ni cabeza. Entre otras cosas porque el Vaticano recibe información de las Cancillerías de París, de Londres, de Berlín,... que empiezan a darse cuenta y le dicen al Papa y al Secretario de Estado que es imposible que la República gane la guerra. Por dos razones. Primera, porque la República no tiene un ejército organizado, mientras que Franco tiene un ejército bien organizado, y disciplinado. Y un ejército en el que la gente no obedece a los superiores no puede funcionar.

Y segundo, porque la persecución religiosa produjo tal impacto en la opinión mundial, que ha medida que pasaba el tiempo y se sabían las cosas, las naciones de tradición democrática, como Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda..., decían “este es un gobierno de vergüenza, esto no se puede sostener”.

Incluso hay testimonios como el del famoso Orwell, que estuvo en el frente de Aragón, al norte de la provincia de Lérida o de Huesca, e incluso visitó los cementerios Y Orwell dice en uno de sus libros que lo que más le impresionó de la guerra de España era que no dejaban tranquilos ni a los muertos. Dice: “he visto tumbas desenterradas, he visto cruces rotas, he visto lápidas destruidas, ¿por qué?, porque llevan los símbolos cristianos”. Dice: “esto es una barbaridad, esto es una salvajada, y esta gente que piensa así, que actúa así, no puede jamás ganar una guerra”.

El embajador francés, que era un protestante, dice lo mismo. Y aquí entraba todo el tema del equilibrio europeo. Porque se daban cuenta de que la presencia de la Rusia Soviética de entonces, era cada vez más poderosa en España y lo que se intentó era crear una República Soviética en España. Eso ni Francia ni Inglaterra lo podían consentir.

Y claro, el Vaticano a la Rusia Soviética no la podía ver más que por el comunismo, por el ateísmo de Estado.

Y al final llegó el reconocimiento oficial cuando ya la República estaba prácticamente vencida.

El Papa claro, no entra en guerra, ni con una parte ni con la otra. Marca las distancias. Pero consigue mantener las relaciones con la España nacional de Franco, enviando a un arzobispo, que era un enviado suyo, y mantener a la vez las relaciones con el gobierno republicano, que se llamaba entonces de Barcelona, porque estaba ya en Barcelona, era ya el año 37-38. El Papa mantenía relaciones con el gobierno de Barcelona a través de la nunciatura de París.

Entonces, el Papa trata de hacer lo único que puede hacer: labor humanitaria. Ayuda a los prisioneros, trata de evitar condenas a muerte.

Hay miles de condenados a muerte, en una parte y en otra, con una diferencia: la República los ejecutaba sin más y Franco los sometía a unos procesos que se llamaban sumarísimos, que eran procesos de guerra en los que las garantías juridicas prácticamente no existen. Pero existe una documentación conservada en los archivos en los que se dice “a ti se te acusa de ser rojo, y por eso se te fusila”.

Y entonces el Papa interviene en muchísimos casos y consigue dos cosas: reducción de penas y salvar algunas vidas de personas que no tenían delitos de sangre. Porque si había delitos de sangre, no había quien te salvara la vida.

Algunos fueron ejecutados por motivos ideológicos: por comunistas o republicanos. Y cuando el Papa supo esto, hizo todo lo posible, pero su voz fue muy poco escuchada. He visto las listas que entregaba el representante pontificio al encargado de Franco para relaciones con la Santa Sede. Muchas peticiones del Papa llegaban cuando al otro lo habían ya fusilado.

Y lo mismo pasaba en el otro lado. Pero a pesar de eso hubo una gran intervencion para salvar a muchas personas.

Se conservan cajas y cajas llenas de cartas de niños o de madres pidiendo que no ejecuten a sus maridos... Hay una carta muy bonita de un arzobispo que después estuvo en Valencia, don Marcelino Olaechea, que escribe personalmente a Franco y le dice. “Estos hombres que usted va a dar a muerte son padres como usted. Tiene una mujer como usted, tiene hijos como usted. Usted qué haría?” Son cartas terribles porque tocan la fibra más íntima. Y gracias a esas intervenciones se consiguieron salvar algunos.

Y luego están las víctimas de la represion, víctimas por motivos ideológicos. Son todas estas personas que no tenían nada que ver con la guerra, pero por ideología unos mataban a otros.

Y luego están los mártires de la fe, que esos son sólo por motivos religiosos. A todos estos mártires nuestros que están beatificando, y otros que vendrán, no se les mataban ni porque eran de derechas ni de izquierdas, sino porque eran creyentes, católicos, practicantes, iban a Misa. Y a los sacerdotes por lo que representaban.

Por eso hay que distinguir muy bien lo que son caídos de lo que son víctimas de la represión y los mártires de la fe. Pero el término mártir en su etimología original griega es el testigo de la fe, de la fe cristiana, claro.

Cuando se acabó la guerra se habló de un total de un millón de muertos, el famoso mito del millón de muertos. Eso es totalmente falso. No podia haber un millón de muertos porque no había tanta gente que matar, hablando de forma un poco brusca...

Cuando se han hecho los cálculos más rigurosos, a base de archivos, de documentos militares y tal, se llegó a 290 mil. Es una barbarida también, es una cifra bestial, porque incluyen los muertos naturales registrados en los cementerios durante tres años.

Entre otras cosas, tampoco se puede precisar si tÚ te has muerto del susto que te han dado cuando te han dicho que han matado a tu hijo.

Los mártires, los que murieron por motivos religiosos, según los últimos cálculos, que todavía no están acabados, se acercan a los diez mil. De ellos, cerca de 6 mil son eclesiásticos: sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas. Ninguno de ellos llevaba un fusil, ni hacía la guerra, ni iba al frente, ni tiraba bombas.

Luego están los seglares. Seglares de Acción Católica, de movimientos católicos... aquí el tema es muy complicado, y por eso no podemos precisar la cifra, porque si algún católico tenía implicación política, porque era el alcalde del pueblo, o había sido concejal o diputado..., ¿cómo separas lo religioso de lo político?


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