Una suprema lección de generosidad
05.01.10 @ 13:58:02. Archivado en ME de "Iniciativas Almanseñas", Cartas de ciudadanos, Por José María Redondo Tortosa
He dicho en alguna ocasión que me precio de tener muchos amigos, y los tengo en todas aquellas ciudades donde he tenido la dicha de residir, que han sido 10, de 6 Regiones distintas y distantes.
Y llegan estas fechas y los primeros que acuden a la mente son todas aquellas personas a las que quieres, a las que deseas toda la felicidad del mundo para ellos y sus familias.
Y mira por donde uno de esos amigos, aprovechando la felicitación, me ha enviado por el correo electrónico unas imágenes que me han hecho recapacitar y me han mostrado, y demostrado, que todavía existen personas con el corazón más grande que la Catedral de Santiago -cito la de Compostela por ser Año Jubilar ya que podría nombrar cualquiera de las muchas maravillas que poseemos en España-.
Esas imágenes están hechas en la Estación de Autobuses de mi pueblo; allí pernoctaban -envueltos en cajas de cartón- casi dos centenares de personas que por no tener no tenían ni comida.
Pero estos pobres seres ignoraban que en ese pueblo andaluz hay hombres y mujeres cuya generosidad no tiene límites y que al conocer la situación de estas personas, se reunieron para buscar ropas y alimentos y que pudieran pasar las Navidades en mejores condiciones que las que tenían, que pudieran cubrir sus cuerpos y llenar sus vacíos estómagos.
Pusieron manos a la obra y casa por casa fueron pidiendo ropas y comida; llegaron a vaciar algunos armarios y consiguieron lo que se habían propuesto, que era vestir y calzar a más de centenar y medio de personas y darles alimentos durante 26 días. En esta hermosa labor colaboraron 16 personas mayores y 6 niños.
Pero no crean ustedes que se limitaban a llevarles un bocadillo y un refresco, no, en media docena de hogares les hacían potajes de garbanzos o judías, calandrajos, arroces y para los desayunos leche con Cola Cao y madalenas, dulces y zumos.
Les llevaron chaquetas, camisas, pantalones, camisetas, calcetines, guantes, gorros, zapatos, botas y mantas para que pudieran dormir. Comenzaron atendiendo a 120 y al finalizar eran ya más de 150 a los que socorrieron.
Durante esos días tuvieron que llevar a consulta médica a varios de ellos, que eran atendidos por los servicios sanitarios y los medicamentos unas veces eran regalados por los propios médicos, de los existentes en urgencias y los que no tenían, eran adquiridos en la farmacia sufragados por estas personas con las propinas que habían recogido los 6 niños portal por portal y de su propio bolsillo.
Queridos lectores: Quisiera que pudierais ver las imágenes de esos africanos, la mayoría senegaleses, vestidos con harapos, tirados sobre las frías baldosas del recinto y reflejándose en sus rostros el padecimiento por el hambre y el frío. Habían llegado desde sus lejanos países para trabajar en la recolección de la aceituna y nadie los había contratado, porque sobraban ya que no había trabajo para tantos.
Y eso no lo podían soportar estos hombres y mujeres en unas fechas tan señaladas. A ellos no les sobra nada porque son, en su mayoría, jubilados. Aunque debo rectificar, si que les sobra, les sobra generosidad, honradez, dignidad y amor por el prójimo porque tienen el corazón más grande que la Iglesia de su pueblo, que es el mío.
Siempre me he sentido orgulloso de mi tierra -como cualquier otra persona, ni más ni menos-, pero ahora me llena de orgullo saber, aunque ya lo conocía, que hay gentes que no dudan en dejar su casa, su familia, su cena en la Fiesta del Niño Dios para que los desfavorecidos puedan también celebrar nuestra Navidad, y si no celebrar, porque tal vez no sean cristianos, por lo menos quitarles el frío y el hambre.
Cuando uno ve, conoce y sabe las asquerosidades que nos brindan a diario los medios de comunicación, de gentes sin corazón que se gastan miles de euros en una opípara cena, brindando por un Año Nuevo que les dé más poder, más opulencia y más bienestar, no te queda más remedio que pedir al Todopoderoso que siga habiendo hombres y mujeres como mis amigos de Villacarrillo, que lo dejan todo para que los hambrientos no sientan el ruido de las tripas ni tiritar de frío.
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Comentarios:
Lo estuvieron haciendo casi un mes entero, tres veces cada día, y para ello recorrieron las calles y plazas del pueblo pidiendo dinero, ropas y alimentos para cocinar y más tarde llevárselo a la Estación.
Yo también, como el autor del artículo, me siento orgulloso de ser paisano de estas personas.
Y como dice Magdalena ¿Qué hicieron los curas? Los que tanto pregonan la fe en el Niño Dios.
Espero que lo que han hecho estas gentes sirva de ejemplo a los meapilas, a los de la Asociación Adoradora Nocturna.
Estos hombres y mujeres no se dan golpes de pecho, dan golpes a las conciencias de los fariseos.
Sigo mirando y a lo lejos diviso Villacarrillo, encumbrado sobre La Loma,con sus callejuelas y sus gentes, algunas de ellas portando enormes ollas, cacerolas y platos.
Se dirigen a la Estación de Autobuses donde se amontonan cientos de africanos tiritando de frío y de hambre. Les llevan alimentos, ropas, calzados y mantas para que mitiguen el dolor de su estómago y la tiritera.
Sigue...
Tal vez celebrando la Navidad con una opípara cena y cantando villancicos.
¿Y los señoritos? ¿Y los opulentos? ¿Y los que recogen miles y miles de kilos de aceituna?
Sus estómagos estaban llenos pero sus conciencias vacías.
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