El Señorito Bobalicón
27.02.09 @ 19:11:46. Archivado en ME de "Iniciativas Almanseñas", Cartas de ciudadanos, Por José María Redondo Tortosa

!San Bobo pijote duro,
Patrón del tonto maduro!
!Santa Madre del baboso,
Santa del hijo vicioso!
!Santo Padre garañón,
Patrón que no la metió!
He puesto estos patronazgos para una casta merecedora de que se cuente lo que solía acontecer en algunas casas acomodadas en los tiempos del gallego.
Y ahora que he mencionado a este personaje me viene a la memoria un ¡parte meteorológico¡ que divulgó la Revista La Codorniz, que dirigía el llorado Álvaro de la Iglesia, era este:
"Un fresco general procedente de Galicia domina gran parte de la península Ibérica”.
Ni que decir tiene que la Revista fue secuestrada y cerrada por algún tiempo.
A mí, y lo digo con total sinceridad (espero que nadie lo tome por el lado que quema), no es que me pese que Franco ganara aquella asquerosa guerra pues de haberla perdido hubieran ganado los otros, y no sé que hubiera sido mejor.

Por lo menos Franco toreó al marrajo de Hitler e impidió la invasión alemana de nuestra Península para tomar Gibraltar y así dominar el Estrecho. ¿Lo hubieran podido impedir los comunistas, socialistas y republicanos? Pues me temo que no y la bota alemana nos hubiera pisoteado, dejando más hambre y miseria sobre la que ya padecíamos. Y tal vez más muertos.
¿Los gerifaltes políticos que se exilaron cuando vieron que tenían la guerra perdida, de haberla ganado se hubieran podido enfrentar a las potentes Divisiones alemanas? Por supuesto que no y desgraciado el que no doblara la cerviz ante las S.S. que, sobre todo, a los comunistas les tenían el mismo aprecio que a los judíos. Sin embargo, como perdieron, los que alcanzaron la longevidad pudieron volver con la Democracia y disfrutar de una paz que ellos no habían traído.

Esa paz y el buen nivel de vida que se encontraron, lo habíamos conseguido nosotros, los infantes nacidos en los años 30 y 40, los que las pasamos más canutas que nadie, que no pudimos empuñar un fusil por la edad ni comernos un potaje de lentejas sin bicho porque ésas se las comían los señoritos gandules y viciosos. A los de mi generación nos tocó bailar con la más fea y ésta estaba en los dos bandos, así que, pasara lo que pasara, nos iba a besar en los morros el adefesio.

Pero mira por donde se me ha ido el santo al barrio chino, y no para salvar almas pecadoras, que ese trabajo ya no está considerado pecaminoso, sino para decirme que me centre en lo que quería decir, que está relacionado con la braga y la bragueta.
¿Cuántas historietas y cuántos quebraderos de cabeza trajeron en mi pueblo el asunto de la braga y de la bragueta? Y para muestra un botón:
En un hogar de gente acomodada, o sea, de señoritos, convivía con sus progenitores un muchachote que padecía una ligera deficiencia mental. No era tonto del todo pero casi. He de añadir que su discapacidad no le afectaba a los bajos, o sea, a la bragueta ya que solamente pensaba en la braga a todas horas. "A todos los tontos les da por lo mismo", se decía.

Como estaba descansado y bien alimentado, todas sus energías las empleaba en perseguir a las criadas y en cuanto tenía ocasión les echaba mano al culo, a las tetas o a donde le parecía. Después se metía en su alcoba y al rato se podían escuchar los alaridos que lanzaba cuando ejercía el onanismo con una o con las dos manos.

En cierta ocasión ,había una criada nueva, que desconocía la inclinación del bobo, y se hallaba fregando el suelo del portal arrodillada sobre una almohadilla, con un cubo con agua y un paño. Cuando se estiraba para fregar, la bata se le subía y mostraba parte de los muslos.
Al llegar el tonto y ver aquellas hermosas nalgas, se le nubló la vista, que no el entendimiento porque no lo tenía, y le metió la mano hasta llegar donde terminan los miembros inferiores y comienza el tronco, o sea, a lo que cubre la braga.
La muchacha lanzó un grito y salió corriendo en busca de la señora, a la que puso en antecedentes de lo que había hecho su hijo. La buena y santa madre le dijo: "Pero hija mía, si mi niño es un ser inocente, sin maldad alguna". "¿Qué tiene de malo que te sobre un poquito sin con ello no te va a dejar preñada?" "Anda, no seas tonta y déjalo que haga lo que quiera, que yo te lo recompensaré".
La infeliz zagala, por temor a ser despedida, lo dejó hacer por el par de duros que le daba la madre cada vez que escuchaba a su hijo gruñir como un gorrino, ya que el tonto se daba unos filetes con ella que lo dejaba para el arrastre. Es necesario decir que el bobo se aproximaba a los 30 años de edad.
Pero uno de esos días los gruñidos los escuchó el padre y al preguntar a su esposa por los motivos de tal desmesura, ella le manifestó que su hijo se hallaba en su cuarto con la nueva criada, que lo consolaba manualmente varias veces al día.
La muchacha era lo que se dice un bombón: 22 años, rellenita, morena, guapetona, simpática y...analfabeta. El jefe de la casa era un cincuentón libidinoso, bebedor, juerguista y pendenciero, que criada que contrataba su esposa, tuviera la edad que tuviera, pasaba por la alcoba matrimonial cuando su mujer se hallaba fuera y claro, pensó lo que pensó, y se dijo que aquella no iba a ser menos que las otras.
Un día, aprovechando que su esposa había ido a Misa, llamó a la criada y le enseñó un billete de 25 pesetas, después se lo introdujo en el escote, entre las mamas, y comenzó a acariciarla. La joven opuso cierta resistencia pero cuando quiso llevarla al dormitorio se negó en rotundo.
El fulano, que ya estaba más caliente que la boca de un horno, la amenazó con despedirla, a lo que contestó la muchacha que si tenía lo que tienen los hombres que lo intentara de nuevo, pues se iba a enterar su esposa y, sobre todo, su novio.
Esta clase de mostrencos son de todo menos hombres y al escuchar que se lo diría a su esposa y al novio, al que conocía y sabía de su fortaleza física, le suplicó encarecidamente que no lo hiciera y que a cambio le daría diariamente las 25 pesetas sin necesidad de hacer nada.
La chica aguantó varios meses más en aquella casa hasta conseguir ahorrar el dinero suficiente para comprar una vivienda (entonces se adquirían a un precio módico porque no se conocía la especulación del suelo ni había políticos corruptos) y casarse, pues a los 5 duros del señorito tenía que sumar las 30 pesetas diarias del bobo que, en sesiones de mañana, tarde y anochecido, lo masturbaba en su habitación.
Pero eso sí, fue virgen al matrimonio.
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Comentarios:
Por lo que respecta a lo que dice de las que han escaldo peldaños abriendo las "patas", en detrimento de honrados ciudadanos, pues qué quiere que le diga, que prefiero eso a que abran la caja y llenen la saca.
El derecho de pernada era el más torcido de todos los derechos, aunque para ejercerlo tenían que tenerlo derecho.
Y vuelve a llevar razón pues hay que desterrar de esta sociedad, no ya la práctica de aprovecharse de los demás, sino que hay que estirpar a todos los que no caminan derechos, que son demasiados.
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