Desde las Puertas del Sur

Desiertos elegidos y desiertos forzados

10.02.16 | 13:50. Archivado en Iglesia, Lecturas Dominicales


+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta
días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del
mundo y le dijo:
- Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a
quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los
ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no
tropiece con las piedras».
Jesús le contestó:
- Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Jesús se va este domingo al desierto donde será tentado por el diablo. Pero no son las tentaciones típicas del pecado que nos han enseñado toda la vida, el de todo lo referente a lo que toca la moral. No. Son tentaciones muy relacionados con el poder, con la soberbia y con creerse un dios. Por cierto, tentaciones muy actuales en nuestra Iglesia. El diablo sabía muy bien cuales iban a ser los puntos flacos de los seguidores de Jesús.
Sin embargo, el desierto también es ese sitio a dónde tenemos que ir de vez en cuando. ¿O acaso no necesitamos del silencio, de la paz, estar en un sitio que nos aparte de los ruidos de la vida cotidiana, que nos alejan de nuestro interior y de la misma voz de Dios?
El desierto planificado, con su principio y fin - bien, pueden ser unos ejercicios espirituales o un año en algún país en vías de desarrollo - nos alejarán de lo cotidiano para enseñarnos a ver otras realidades.
Pero hay otro desierto del que nadie habla. Un desierto que parece ser construido por el mismísimo diablo: un desierto que nace de la discriminación, del rechazo, de la expulsión, de la segregación, de la homofobia, del racismo, de la xenofobia, del machismo y de tantos y tantos comportamientos excluyentes que los humanos hemos aprendido a lo largo de la Historia para separar a los diferentes, a los que no son mayoria, a los que consideramos inferiores a nosotros.

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Te ocultas a los listos y te revelas a los sencillos.

04.07.08 | 21:08. Archivado en Lecturas Dominicales


¿Cómo podemos reconocer a los sabios? Yo siempre he podido reconocerlos en los consejos de mi madre, de mi padre. Pero mis padres no tenían nada externo en que se pudieran distinguir su sabiduría. Mis padres eran muy pequeños. El, aprendió a leer en el servicio militar. Ella, en el colegio, pero tuvo que dejarlo pronto para ponerse a trabajar. Eran pequeños.

Pequeños comparados con los grandes sabios. Con los que utilizan grandes vestiduras, gorros, joyas, ... se sientan en sillones dorados, en grandes tronos, van bajo palio, y su sitio, siempre está por encima de los demás. Bueno, los que se llaman a sí mismos grandes sabios y nosotros, los que no sabemos, le tenemos que rendir pleitesía.

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No tengan miedo.

20.06.08 | 22:37. Archivado en Lecturas Dominicales

“No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no
llegue a saberse”."No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.”

En la vida tenemos muchos temores, muchos miedos. Todo se reduce a la inquieta sensación de que ponemos en peligro nuestra seguridad.

La amenaza más grave que tenemos, no es la que proviene de la enfermedad o de la mala suerte. La amenaza más grande es el mismo Hombre.

Estamos en el mes de junio. En todo el planeta se celebra el orgullo gay, extensible a las lesbianas, transexuales y bisexuales.

Miedo es una rutina común en la gran mayoría de las personas homosexuales. Miedo a que lo oculto se descubra. Miedo a que el secreto llegue a saberse.

Pero Jesús es nuestro amigo. No debemos tener nunca miedo a los que matan el cuerpo. Con horcas, como en Irán. Con palabras como cuchillos, en cualquier lugar del mundo y en cualquier idioma, en boca del homófobo. No debemos tener miedo porque aunque nos laceren el cuerpo y la mente, no pueden matar el alma. El alma de la que es dueño Dios mismo.
A quien hay que temer es a El. A Dios. Y no porque nos vaya a castigar con una plaga al estilo del Antiguo Testamento. Sino porque cuando le perdemos el miedo a Dios, insultando a los demás, discriminando, segregando... nos alejamos de El, y entonces, estamos perdidos. Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
Jesús nos tiende la mano. Somos sus amigos. Con él yo no tengo miedo. Espero que tú tampoco.
Alfonso.


Martes, 21 de agosto

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