Ya pasó todo. Se desmontó todo y cada cual a su lugar de siempre. La gente a sus cosas y los curas a sus misas.
Los peregrinos de América, se convirtieron justo cuando terminaron en las jornadas, en extranjeros que no podían residir en España.
Muchos jóvenes descubrieron que también entre los cristianos, hay clases y hay clases.
Los curas - según uno me contó una vez - dejaron de estar contentos rodeados de tanto jovencito y jovencita para enfrentarse a la rutina diaria de la misa de cuatro viejas.
Los laicos dejaron de protestar, no por falta de ganas, si no porque hay muchas cosas por las que protestar.
El Papa volvió a su palacio de verano; los pobres siguieron en sus humildes moradas - pobres moradas como El Portal que lucirá en las casas lujosas y pobres esta navidad - en un eterno invierno.
Los periodistas tienen ahora menos cosas de las que escribir.
Las #jmj ya no hacen hervir a twitter.
Hay cardenales gozosos del músculo expuesto por la Iglesia.
Hay curas tristes por la falta de gimnasia de estos músculos con el Evangelio de Jesús.
Muchos jóvenes han descubierto que son verdaderamente pobres - aunque viven en el primer mundo - y no tienen dinero para ir a Brasil.
Y así la vida sigue, como siempre, sin cambios. Al final, nada ha cambiado.
Cada cual en su casa. Los mismos católicos que antes. Los mismos descreídos que antes. La misma crisis de fe que antes. El mismo machismo que antes. Los mismos misioneros que antes. Los mismos homófobos que antes. Los mismos santos que antes.
Sólo que los españoles tenemos 50.000.000 de euros menos.
Y por supuesto, Cristo sigue muriendo en Somalia y en los sitios que no recordamos muertos por el hambre, la guerra y el olvido.
Como antes.
@asaborido
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató