
Hay muchas cosas en la vida que lo van apuntalando a uno como cristiano. Primero, el bautizo. Luego, tu familia y luego, la Iglesia jerárquica, que depende como se porten, harán de ti un cristiano o un ateo convencido.
Hay muchos detalles pequeños que te van sembrando el Espíritu Santo y la figura de Jesús de Nazaret en la vida.
En mi caso, uno de ellos fue la música. En mi parroquia se ponía el domingo de ramos, ese Hosanna de la ópera Jesucristo Superstar.
Y aún, pasado el tiempo, recuerdo perfectamente esa letra que acompañaba a un Jesús rodeado de su pueblo y las palmas, y al rugido de los sacerdotes que querían matarle.

"Aquella noche",el papa Juan «estaba muy emocionado. No hablaba, vivía como ensimismado. Se sentía ya enfermo. Para él, lo importante era que el concilio había empezado. No le preocupaba si lo podría acabar él o su sucesor. Estaba sereno. Por la noche, la Acción Católica había congregado en la plaza de San Pedro a 100.000 personas, con las antorchas en la mano. Era un espectáculo. Le pedimos que se asomara a la ventana y dijera unas palabras, pero se enfadó: 'Ya he hablado una vez. Basta', les dijo". Y Capovilla añadió: "Le gustaba hablar poco y con gran sencillez, para que le entendieran todos. Y sobre todo huía de los aplausos de la masa, que le molestaban mucho. Cuando alguien le pedía que preparara un discurso, por ejemplo, para los presos, decía: 'Si quieren que hable de los presos, prepararé un documento sobre el tema, pero si yo voy a ver a los presos quiero sólo abrazarles y hablarles con el corazón de lo que me salga en ese momento".
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató