
Por mucho que pienso, no puedo entender a los cristianos de derechas. Como utilizan los temas para su único fin: tener un gobierno de derechas, adorador del becerro de oro, llámese hoy, capitalismo, culpable de muchas cosas, entre ellas de la pobreza y la crisis económica última que estamos padeciendo.
Y ellos que se llaman Iglesia, ¿pueden llegar a hacer política utilizando la religión para que la ciudadanía tenga un gobierno así?
Ahora, están luchando contra el aborto. Utilizando la imagen de un bebé dando a entender que no se protege la vida de ellos, cuando en España están protegidas y gratuitamente la vida de todos los niños nacidos aquí. Quieren confundir embriones con bebés. Y no se aclaran. Escuchamos con tristeza como condenan a un matrimonio sevillano que ha hecho lo que haríamos todos: curar a su hijo.
No pueden aclararse, porque su objetivo real no es la lucha contra el aborto. Es desgastar al gobierno. Quieren un gobierno de derechas. Sea como sea. Cueste lo que cueste.
Cuando teníamos un gobierno de derechas, no les oí nunca luchar contra el aborto. No se organizaron. No hicieron manifestaciones. No le exigieron al gobierno de Aznar que cambiar la ley del aborto aprobada por el gobierno socialista de Felipe González.
Se callaron. Y se abortaba en España. Pero no pasaba nada. Sus necesidades, sus objetivos estaban cubiertos.
Ahora, cuando el gobierno socialista de Zapatero reforma la ley, de nuevo a la carga. Para desgastar. El aborto, les importa bien poco.
Porque lo que ellos dan como alternativa no soluciona nada. La única solución que plantean es meter a las mujeres que aborten en la cárcel.
¿Y qué? ¿se evitan abortos con ello? En absoluto. Quieren volver a la legislación que existía en tiempos de Franco.
Mujer que abortara, a la cárcel.
Pero con esto que ellos propugnan, los abortos no terminan. Al revés. Hay más muertos.
Mueren las mujeres sin recursos, porque van a la bruja de turno, muriendo ellas y sus hijos.
Y mueren, únicamente, los embriones o fetos, de las mujeres con recursos, que seguirán abortando en países donde sí es legal, bajo la atenta mirada de los hipócritas que niegan el aborto aquí y lo asumen allí.
No. No es así.
Con una ley, mejor o peor, la mujer irá al médico. Tendrá la oportunidad de saber que es el aborto. Y dedicirá. Pasará un filtro. Hay esperanzas de que alguien diga que no, que no lo hace.
Con una buena ley de educación, se podrán prevenir los embarazos no deseados. Y por ende, los abortos.
Por eso, no me cabe en la cabeza, que gente que se autodenomina cristianos, se ponen en opinión pública como en contra del aborto, cuando en realidad, no lo están.
Porque una cosa es estar en contra del aborto, como lo estoy yo, porque considero que la vida es vida desde su concepción y otra estar en contra de una legislación que lo regule.
Yo lo que veo es lo que veo.
Ese grupo que se nos metió en la Iglesia. Son los mismos de siempre. Están en todos lados. Sólo quieren el poder.
En la Iglesia, intentan cargarse el espíritu del Concilio Vaticano II.
Ahora, nos quieren confundir con el aborto.
Pues no. No nos van a confundir. Y menos a la gente que tenemos muy claras las cosas. Que no queremos el aborto, pero tampoco queremos meter en la cárcel a las mujeres. Que queremos una política que no obligue a la mujer a abortar. Política de igualdad, de conocimiento, de respeto, de tolerancia.
Tampoco vale comparar a las mujeres que abortan con los asesinos. No es lo mismo. En principio, porque hay mucha gente que no considera vida humana a un embrión. Y segundo, porque no se pueden confundir churras con merinas. No es lo mismo. Una mujer que aborta no es Jack el Destripador ni un etarra. Es una mujer con problemas a la que la vida - y nosotros, la sociedad, por no ayudarla - ha llevado a esa situación.
Del aborto somos responsables todos y todas. Hasta la Iglesia, por no permitir métodos antinconceptivos que el mismo Evangelio y el sentido común, y por esa moral obsesionada por todo lo que huela a sexo. Los que somos católicos y utilizamos el sexo, sabemos que es la máxima expresión del amor. Quizás, algunos de los que hablan y deciden, por no conocer el sexo, no entiendan ni sepan de lo que hablan.
Para hacer política, hay que ser político. No aprovecharse de los hábitos. Si se quiere hacer política, hay que presentarse a unas elecciones. Es lo honrado. Pero no vale utilizar cosas tan nobles como la Fe de las personas, sus creencias, su religión, para comernos el coco, y conseguir un voto rentable para las aspiraciones más contrarias al Evangelio como pueden ser, aupar los principios del capitalismo al poder, y mantener los intereses ecónomicos y personas de un grupo para seguir con las comodidades de su vida. No nos vamos a dejar engañar votando a partidos que dicen estar en contra del aborto, y luego cuando están en el gobierno, vienen en el mismo lote, los decretazos, las desigualdades, las privatizaciones, el maltrato ambiental y los apoyos a las guerras. Y no tocan para nada leyes discutidas antes como el aborto o el divorcio. NO.
Lunes, 28 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Peio Sánchez Rodríguez
Carlos Corral
Jose Luis Cortés
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató