
En el cementerio de Jerez, a medio camino entre las tumbas de mi madre y mi hermana, por la vereda que yo voy, hay una tumba oscura, discreta, sin ostentaciones, donde una familia está enterrada.
Mi hermana, que tenía la costumbre - totalmente contraria a la mía - de recorrer todos los sitios de los conocidos, siempre se paraba allí, a rezar.
Rezar y recordar el cariño con que esa persona, cuyos restos están ahí junto a sus padres y hermano, le dedicó en vida.
Yo no conozco esos recuerdos de ella, sólo sé que le impactó como persona e hizo que mi hermana amara a la Iglesia, que le tuviera un respeto enorme.
Yo sí tengo recuerdos de él, porque era un buen hombre.
Ayer pasé por delante de su sitio y me paré. Recordé entre lágrimas las veces que mi hermana se había parado allí, y me di cuenta, aunque yo ya eso lo sabía, que era el sitio de una buena persona. Sencillo, por eso está allí enterrado entre todos, entre su pueblo, sólo listo para encontrarle para quien quisiera buscarle.
También tengo recuerdos de él. Fue quien me confirmó en la Fe. Eso no es una cosa vana. Antes estuvo la labor callada de Sebastián y mis catequistas, para convencerme que lo que recibí en el bautismo, sin conciencia, merecía realmente la pena.
El, me confirmó. Y no desapareció. Seguí encontrándomelo en los sitios más inverosímiles. En misas en las que aparecía por sorpresa. En la sierra de Cádiz, mientras estábamos de camping con los amigos. O en la carretera de Arcos, parándose con su renault 5 hirviente por la calor, para preguntarme si le pasaba algo a mi Vespino.
Momentos buenos, discutiendo sobre la Iglesia, y dando una visión de todo lo que ocurre en el mundo que hoy hecho tanto de menos.
El, era un buen hombre. Se llamaba Rafael, y como pone en su tumba, fue el primer obispo de Jerez - Asidonia. Quizás no fue tan mediático como otros. No saltó ni a Roma ni a los ejércitos. Pero yo sé donde fue. Saltó directamente al cielo hace hoy cinco años, y quizás, hoy le esté agradeciendo a mi hermana, todas sus visitas.
Andrés Luis Cañadas también le recuerda hoy.
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y,parar su coche,bajarse de el.remangarse la camisa y ayudar a un anciano a cambiar su rueda pinchada.!a ver que obispo hace eso!¿lo haria rouco?ja ja ja.d.rafael,ruega por nosotros.es verdad que usted quiso enterrarse junto a su madre,yo se los motivos.jerez,esta en deuda con usted.usted,deberia estar en la catedral.pienso que su susesor,que saldra el jueves,lo hara.no fui oveja de su redil...pero se mas de usted que muchos de sus "hijos".hable, varias veces con usted..y me causo gratisima impresion,hombre humilde,hijo de una empleada de hogar que pienso que mas que obispo,fue usted parroco y padre de jerez.defendia con uñas y dientes si,alguien no perteneciente a su diocesis,le hablaba mal de jerez.!como debe ser!agradecia,cuando alguien como yo,le decia !que precioso es jerez!con un "muchas gracias",la sonrisa le llegaba de pared a pared.-
Sábado, 18 de febrero
Pedro Tarquis
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
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