
Resulta que este buen hombre trabaja en un gran centro comercial en Madrid, y como se va a casar dentro de poco con su pareja, que vive en Vigo, pensó en pedir el traslado a dicha ciudad gallega, ya que el centro comercial para el que trabajaba también lo tiene allí.
La única condición que le ponen es que tiene que entrevistarse con el Jefe de Personal del centro de Vigo, así que acude a la entrevista.
Éste le pregunta por su mujer, si vive en Vigo. Y él le dice que sí, que vive allí, pero que no es su mujer, que es su marido.
Este Jefe de Personal reacciona diciendo, cuando ya se ha cerrado la puerta: ‘Estos maricones de mierda se creen con el mismo derecho que todos’.
El resto de la historia la podéis leer en el diario El Mundo.
Uno no puede dejar de pensar que qué pena. Que exista gente así todavía. Y uno piensa, con la actualidad encima, que si este Jefe de Personal hubiera podido estudiar Educación para la Ciudadanía, tal vez hubiera entendido lo que eran valores como el respeto y la tolerancia, y le hubiera evitado el disgusto a este hombre, y el problema consiguiente a su empresa.
Deben de pasarlo mal las personas homófobas, porque al final, sus actos de homofobia se vuelven contra sí mismos como un boomerang. Deben pasarlo mal, sí. Como mal, rematadamente mal lo pasarán cuando vean que una mujer lesbiana puede ser la primera mujer presidenta de un país del mundo: Islandia.
Viernes, 17 de febrero
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