
María salió con lágrimas en los ojos de la Sala de Audiencias. No le habían hecho caso, y por ahora, perdía la custodia de su hijo.
Por el pasillo, acertó a ver público en la calle que la insultaba. Por ser mujer. Por ser madre soltera. Por ser lesbiana.
María entro en el baño, se lavó la cara y miró al espejo. Pudo reconocer en aquél rostro apenado, la carita de aquella muchacha de Nazaret.
Sonrió y miró al frente.
¿Hasta cuando - se preguntó - tendré que vestirme de luces otra vez y parar el Sol para que puedan volver a reconocerme? ¿Qué les pasa a estos hombres del siglo XXI, a estos especialistas en Mí, que todavía, después de dos mil años, no han sido capaces de ver mis apariciones en el prójimo?
Sábado, 18 de febrero
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Juan Fernandez Krohn