Orar cantando es una de las maneras más faciles de dirigirse al Señor.
Una de mis canciones favoritas desde pequeño es ‘Preparad el camino al Señor’.
Esas palabras de Juan El Bautista, cuya fiesta, adaptada de las celebraciones del solsticio pagano por nuestra Iglesia, celebramos hoy.
Juan, el precusor, el que bailó dentro del vientre de su madre Isabel, de alegría al escuchar el saludo de la futura Madre del Redentor y de todo la Humanidad: María, el nombre más bello jamás oído, y que yo tuve la suerte de que fuera también el nombre de mi madre carnal: María.
¿Quién soy yo para que la madre del Señor venga a visitarme?
Pues quién vas a ser: la madre del precusor, del que dijo esa frase del comienzo del post.
Una vez que dormí en el seminario diocesano de Jerez, me despertaron esos sones:
Preparad el camino al Señor, allanádle todas sus sendas, preparad el camino al Señor. Que allí queden todas mis penas. Preparad el camino al señor.
Me levanté con fuerzas, con ese ímpetu, con esa alegre mañana que me habla de ti.
Desde entonces, cuando desfallezco, ante la pereza, el insulto, la discriminación, la injusticia y ante cada una de mis faltas, cierro los ojos para que se haga de noche. Y en la oscuridad espero a la voz. A esa voz que clama en el desierto que todos llevamos dentro.
Viernes, 17 de febrero
Pedro Tarquis
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