“No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no
llegue a saberse”."No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.”
En la vida tenemos muchos temores, muchos miedos. Todo se reduce a la inquieta sensación de que ponemos en peligro nuestra seguridad.
La amenaza más grave que tenemos, no es la que proviene de la enfermedad o de la mala suerte. La amenaza más grande es el mismo Hombre.
Estamos en el mes de junio. En todo el planeta se celebra el orgullo gay, extensible a las lesbianas, transexuales y bisexuales.
Miedo es una rutina común en la gran mayoría de las personas homosexuales. Miedo a que lo oculto se descubra. Miedo a que el secreto llegue a saberse.
Pero Jesús es nuestro amigo. No debemos tener nunca miedo a los que matan el cuerpo. Con horcas, como en Irán. Con palabras como cuchillos, en cualquier lugar del mundo y en cualquier idioma, en boca del homófobo. No debemos tener miedo porque aunque nos laceren el cuerpo y la mente, no pueden matar el alma. El alma de la que es dueño Dios mismo.
A quien hay que temer es a El. A Dios. Y no porque nos vaya a castigar con una plaga al estilo del Antiguo Testamento. Sino porque cuando le perdemos el miedo a Dios, insultando a los demás, discriminando, segregando... nos alejamos de El, y entonces, estamos perdidos. Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
Jesús nos tiende la mano. Somos sus amigos. Con él yo no tengo miedo. Espero que tú tampoco.
Alfonso.
Sábado, 18 de febrero
Asoc. Humanismo sin Credos
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