Jaime no lo vio venir, recordaba el frenazo y el ruido que produjo su cuerpo cuando chocó contra el suelo. ¡Qué ocurría, él siempre cruzaba por el paso de cebra! El aullido de la sirena retumbó en sus oídos, no sintió dolor, únicamente la triste sensación de que ya no cenaría con Carmen y la pandilla. Con ella hablaba ensimismado por el móvil cuando ocurrió.
Las luces del pasillo pasaron rápidamente como en un túnel. El chirrío de las ruedas de la camilla le molestaba. Quería gritar y de su garganta no salían sonidos, sólo un relajamiento total en todo su cuerpo, las drogas que le suministraban los de emergencias estaban surtiendo efecto. Vio la luz y la sintió, le invadió como sumergido en ella, no desprendía calor, sólo paz y una infinita tranquilidad, las imágenes de toda su vida en orden cronológico exacto le produjeron estupor.
¡Dios mío! Fue lo primero que pensó al despertar. Como una mala pesadilla que quería salir de su mente, solamente frío y una oscuridad total. Ya está, intentó Jaime abrir los ojos pero la soledad y un silencio absoluto le hicieron llorar. No quería morir. Sintió sus lágrimas resbalar por sus mejillas, no quería estar así, volver a su estado normal fue toda su obsesión.
Como cuando era pequeño sabía que por mucho que intentase volver atrás, se acordó cuando rompió aquel jarrón tan caro a su madre, era imposible. No sentía dolor, nada, no sentía nada, únicamente una somnolienta sensación invadía su postrado cuerpo. El tiempo no existía y dudó seguir vivo.
Oyó hablar a su alrededor, sollozos, desesperanza, sus padres, su hermana Paula y Carmen lloraban en la habitación. No estaba solo y se alegró. Sintió calor y unas desenfrenadas ganas de abrazar a su madre, de besarla, y sentirse protegido por ella. Lloró de nuevo, con más ganas, con más ansía, con más angustia, se vació.
Como un relámpago iluminó su mente una idea. Tiempo atrás había firmado un documento a favor de la muerte digna, como una broma macabra, lo que había sido algo realizado sin meditar y promovido por toda la pandilla, le asustó. Empezó a temblar, primero lentamente, luego con tanta ansiedad que creyó que el lecho entero se movía bajo su cuerpo.
Quiso gritar, desesperado, angustiado, apenado y un miedo total paralizó su razón. Él quería luchar, quería vivir, no quería que le desenchufaran, no quería morir. Desde lo más profundo de su corazón sintió la vida, el desenfrenado movimiento de su corazón, la sangre corriendo por sus venas, el expandirse y contraerse de sus pulmones pese a la respiración mecánica. Tenía fe en su vida, y esperanza en recuperarse y sentir de nuevo el calor del sol, la brisa del mar, la noche serena, las caricias de Carmen, el amor.
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Hay un cuento muy antiguo, pero nuevo a la vista del artículo.
Un matrimonio va a misa. Hace calor, mucho calor.
En la homilia, el cura se extiende y ¿aburre?.
El marido se duerme y empieza a soñar.
Sueña que es un noble en la revolución francesa.
Sueña que lo detienen y lo llevan a la guillotina.
Sueña que está en el tajo y ve caer la hoja de la guillotina, acercándose inexorablemente a su cuello.
Mientras sueña, ha ido cayendose, inclinando el cuerpo y empieza a dar unos ronquidos sonoros.
La esposa, que está abanicándose, se desespera y, para despertarle, le da un golpe con el abanico en el cuello justo en el momento que baja la guillotina del sueño.
El marido cae muero de la impresión.
El relato parece lógico, al igueal que el presente, pero ambos tienen un terrible fallo: ¿Quien sabe lo que piensan los protagonistas del relato?
Éste tiene un fallo añadido: “...Tiempo atrás ..., ...broma macabra, ...sin meditar y pro...
No tenéis vergüenza...esto es lo de siempre, encontraros en la misma situación y a ver que hacéis. Alli encamados, sin vuestros bolsos de Gucci, en un maldito hospital público, compartiendo habitación con inmigrantes y queriendo salir de alli, por Dios,por Dios
Vaya folletin, claro ahora en vez de jugar a la ouija la gente se dedica aahcer testamentos vitales. Que poco respeto.
fantasioso el relato, la ley de muerte digna no obliga a desconectar, solo ampara al que lo pide, esta fabula no tiene relación con Camila Sanchez, ya que ella no tiene conciencia del YO, esta tocado muy superficialmente, el encarnizamiento terapeutico es lo que sufre la familia tambien, casi todos estan de acuerdo con esta ley, solo los necios y poco informados se oponen, por ejemplo la iglesia no.
Lunes, 28 de mayo
Inmaculada Sánchez Ramos
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla