Desde la libertad

Sin marcha atrás

25.09.11 | 18:50. Archivado en Ética

Jaime no lo vio venir, recordaba el frenazo y el ruido que produjo su cuerpo cuando chocó contra el suelo. ¡Qué ocurría, él siempre cruzaba por el paso de cebra! El aullido de la sirena retumbó en sus oídos, no sintió dolor, únicamente la triste sensación de que ya no cenaría con Carmen y la pandilla. Con ella hablaba ensimismado por el móvil cuando ocurrió.
Las luces del pasillo pasaron rápidamente como en un túnel. El chirrío de las ruedas de la camilla le molestaba. Quería gritar y de su garganta no salían sonidos, sólo un relajamiento total en todo su cuerpo, las drogas que le suministraban los de emergencias estaban surtiendo efecto. Vio la luz y la sintió, le invadió como sumergido en ella, no desprendía calor, sólo paz y una infinita tranquilidad, las imágenes de toda su vida en orden cronológico exacto le produjeron estupor.
¡Dios mío! Fue lo primero que pensó al despertar. Como una mala pesadilla que quería salir de su mente, solamente frío y una oscuridad total. Ya está, intentó Jaime abrir los ojos pero la soledad y un silencio absoluto le hicieron llorar. No quería morir. Sintió sus lágrimas resbalar por sus mejillas, no quería estar así, volver a su estado normal fue toda su obsesión.
Como cuando era pequeño sabía que por mucho que intentase volver atrás, se acordó cuando rompió aquel jarrón tan caro a su madre, era imposible. No sentía dolor, nada, no sentía nada, únicamente una somnolienta sensación invadía su postrado cuerpo. El tiempo no existía y dudó seguir vivo.
Oyó hablar a su alrededor, sollozos, desesperanza, sus padres, su hermana Paula y Carmen lloraban en la habitación. No estaba solo y se alegró. Sintió calor y unas desenfrenadas ganas de abrazar a su madre, de besarla, y sentirse protegido por ella. Lloró de nuevo, con más ganas, con más ansía, con más angustia, se vació.
Como un relámpago iluminó su mente una idea. Tiempo atrás había firmado un documento a favor de la muerte digna, como una broma macabra, lo que había sido algo realizado sin meditar y promovido por toda la pandilla, le asustó. Empezó a temblar, primero lentamente, luego con tanta ansiedad que creyó que el lecho entero se movía bajo su cuerpo.
Quiso gritar, desesperado, angustiado, apenado y un miedo total paralizó su razón. Él quería luchar, quería vivir, no quería que le desenchufaran, no quería morir. Desde lo más profundo de su corazón sintió la vida, el desenfrenado movimiento de su corazón, la sangre corriendo por sus venas, el expandirse y contraerse de sus pulmones pese a la respiración mecánica. Tenía fe en su vida, y esperanza en recuperarse y sentir de nuevo el calor del sol, la brisa del mar, la noche serena, las caricias de Carmen, el amor.

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Del relativismo social a la podredumbre moral

18.09.11 | 17:20. Archivado en Ética

El relativismo es propio de las sociedades postmodernas, aunque es un pensamiento que ya existía en Grecia, partiendo de la tesis filosófica, según la cual, existen tantas verdades como personas crean estar en la verdad. Con lo que la verdad según esta hipótesis dependería de factores físicos, psicológicos o culturales que influyen en los juicios que las personas se hacen sobre la realidad. Por tanto, el relativismo mantiene que, no hay una verdad única e inmutable, sino que existen tantas verdades como personas creen tener un conocimiento de ellas.
En nuestra sociedad el relativismo se formula normalmente para quitar valor a un hecho determinado y justificarlo. Si la verdad depende de cada uno no habría cosas buenas ni malas y no habría necesidad de pedir explicaciones a nadie por sus hechos. Si nuestros actos, pensamientos y opiniones no son correctos ni incorrectos, sino que sólo dependen del juicio de cada uno ¿habría necesidad de pedir perdón?
Si no existe ningún acto bueno, en qué se basan nuestros derechos y la justicia que mana de los mismos. Debido a que no existe ni el bien ni el mal no existe la necesidad de pedir perdón, en virtud de lo cual podríamos afirmar que el nazismo es bueno, es decir, si no hay actos malos por qué afirmamos que el nacismo es malo.
Desde un tiempo a esta parte vivimos en España un relativismo moral que pretende alzarse como valor dominante. Este relativismo moral con su podredumbre lo que pretende es crear confusión frente a dichos valores dominantes, más aún, quiere erigirse como norma moral.
Finalmente, si todo es relativo esta afirmación relativa también lo sería.

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Lunes, 28 de mayo

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  • Inmaculada Sánchez Ramos Inmaculada Sánchez Ramos

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