Desde la libertad

Tiempo de lectura

25.07.11 | 20:00. Archivado en Sociedad
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Leo todo el año y aprovecho el verano para recuperar aquellas lecturas que he ido acumulando. En mi opinión hay que leer de todo, clásicos españoles y extranjeros, novelas, poesía, teatro, ensayos políticos o de la actualidad, pero lo que busco en la lectura son aquellos autores que dan respuesta a mis interrogantes de toda índole. Hay libros que han marcado mi historia, la íntima, que se fraguaron en mi infancia y adolescencia y han servido de soporte vital para edificar con buenos cimientos el armazón de mi cultura. ¿Quién no recuerda El Quijote y su triste humorismo? ¿Quién no ha reído con El Lazarillo o El Buscón y entendió nuestra entrañable picaresca? ¿Quién no ha pasado unas magníficas horas con la lectura de Galdós, Clarín, Pereda, Valera o Pardo Bazán? ¿Quién no ha leído la crítica social en Tomás Moro, George Orwell, Aldous Huxley o Herman Melville?
Luego hay libros que forman parte de nuestra existencia, o por cómo nos sentimos al leerlos en un momento determinado de nuestras vidas, o por lo que nos aportaron personalmente y nunca olvidaremos. Un ejemplo de éstos es el libro de Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, en donde explica su experiencia, en un campo de concentración de la Alemania nazi, que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. ¿Cómo puede una persona que ha visto morir a todos sus seres queridos asesinados aceptar que la vida es digna de vivirse? Lo explica en ésta obra que creo no tenéis que dejar de leer, Viktor E. Frankl, dice: “El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades –incluso bajo las circunstancias más difíciles- para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, en la dura lucha de la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y ser un poco más que un animal, tal como nos ha recordado la psicología del prisionero en un campo de concentración. Aquí reside la oportunidad que el hombre tiene de aprovechar o de dejar pasar las ocasiones de alcanzar los méritos que una situación difícil puede proporcionarle. Y lo que decide si es merecedor de sus sufrimientos o no lo es”.
Recomiendo también un libro de actualidad que parecía totalmente en sintonía con el anterior y sin embargo publicado en fecha muy reciente. Este libro es En la mitad de mi vida, su autora María San Gil nos recuerda como se ha vivido y se vive en el País Vasco, negando homenajes a las víctimas y homenajeando a los verdugos, haciendo como que no pasaba nada cuando Eta les amargaba la vida en una sociedad marcada por el miedo y la falta de libertad. Estoy totalmente de acuerdo con sus palabras cuando dice: “La paz sin libertad no tiene ningún sentido. Hasta en las dictaduras se puede vivir en paz, siempre y cuando no se critique al régimen. Pero lo que nunca hay es libertad. La libertad es mucho más necesaria que la paz. La libertad de cada persona es individual e intransferible, no nos la deben arrebatar. Y sin embargo, en el País Vasco durante años no hemos podido ser libres, así que ahora, que parece que el final de Eta está cerca, tengamos el sosiego y la madurez de saber qué es lo que debemos primar y cuál es el camino que debemos seguir. Ése es el camino que marcaron las víctimas: Memoria, Dignidad y Justicia. Y si lo seguimos es difícil que nos equivoquemos”.
Os deseo un feliz verano acompañado de buenas lecturas.


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