Así se titula uno de los libros más clarificadores que he leído sobre la democracia. Su autor, Nathan Sharansky, sufrió el Gulag en carne propia por luchar contra el totalitarismo, y nos alecciona en él con una vida entera dedicada a su búsqueda e instauración.
Una de las frases que me ha hecho reflexionar, y más en las actuales circunstancias es la siguiente: “Un país es democrático cuando pueden exponerse las propias opiniones en la plaza pública sin temor a castigo o represalia”. El movimiento 15M nació en la plaza pública y los primeros días reclamaron consignas que muchos demócratas defendemos: reformas en la ley electoral, más transparencia en algunos políticos, tolerancia cero a la corrupción, separación efectiva de poderes, controles ciudadanos para la exigencia de responsabilidad política, respeto a la ley, etc. Al principio fueron escuchados, propio de un país democrático, y utilizaron las redes sociales para divulgar sus consignas a una sociedad que la tecnología ha convertido en bidireccional.
Vamos a correr un tupido velo sobre el hecho de que su indignación únicamente se hiciera palpable siete días antes de unas Elecciones Municipales, con lo que éstas han representado en la Historia de España (instauración de la II República). El Estado de Derecho se basa en el respeto a la ley, y ningún Ministro del Interior debe de dejar de cumplirla por miedo a dar una imagen, que como candidato del PSOE, no le era propicia a su partido. Además, vamos a tener buena fe pensando que muchas de las personas allí reunidas representaban una diversidad total: de todas las tendencias y edades reunidas alrededor de un conjunto de exigencias comunes, que no formaban parte de ningún programa ideológico, ni de derechas ni de izquierdas; aunque no les hallamos visto manifestarse contra Bildu, ni contra el papel que estan jugando los sindicatos y sí contra la toma de posesión de alcaldes del PP.
Pero señores, cuando esas mismas personas gritaban contra la democracia dejaron de defender una razón universal para añadir un componente ideológico a sus demandas, sus críticas se convirtieron en lanzadas dedicadas a socavar las libertades democráticas que nos hemos dado todos. Sólo aquellos que han vivido el totalitarismo, como Sharansky, saben del valor de la democracia y de lo frágil que resulta su mantenimiento. Los demócratas estamos convencidos de que sus cambios o transformaciones se deben hacer únicamente desde dentro de la misma, perfeccionándola con su práctica y mejorándola con los valores de aquellos que la defienden, incluso para el beneficio de muchas personas que no creen en ella.
Lunes, 28 de mayo
Inmaculada Sánchez Ramos
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla