En la profunda transformación que está sufriendo -en los dos sentidos del término- nuestra sociedad, juega un papel importante la despersonalización de la misma. La persona, ente sobre el que debería pivotar toda la actividad humana de cualquier índole está siendo ninguneada. Este ninguneo se lleva a cabo de la forma más sutil que pudiera hacerse, es decir, aparentando que la persona se sitúa en el centro del pensamiento moderno, y de facto destronando a la persona del mismo, de manera paulatina, aunque con paso firme.
Muchos son los métodos para alcanzar este objetivo. Hoy nos centramos en uno de los métodos, a mí entender más eficaces y ladino, que se está usando. Nos referimos a atribuir los derechos a los colectivos y no a los individuos que son los verdaderos titulares de los dichos derechos.
Así, hoy oímos, con mucha frecuencia, la ciudadanía tiene derecho a esto y a lo otro, en lugar de oír que los ciudadanos tienen derecho a esto y a lo otro. Hoy se transita desde los “derechos comunes” a los “derechos colectivos”. Siendo los primeros unos verdaderos derechos, ya que sus titulares son individuos que comparten alguna característica. Sin embargo hablar de los segundos, es decir de los “derechos colectivos” es caer en una contradictio in terminis pues los colectivos no pueden tener derechos. En definitiva, hoy en día se está provocando la confusión entre “todos” y “cada uno” y esto tiene unas muy graves consecuencias, pensémoslo.
Lunes, 28 de mayo
Inmaculada Sánchez Ramos
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla