Tuve el honor de asistir, en su día, a la premier del documental de Iñaki Arteta titulado “El infierno vasco”. Como se sabe, este documental versa acerca de la extorsión a una parte del pueblo vasco y del navarro por la organización terrorista ETA y su entorno.
El documental cuenta el testimonio directo de una muestra de las personas que han vivido esta angustiosa situación. Pues bien, previo a la proyección del mismo hablaron algunos de los protagonistas del film. Cristina Cuesta, en concreto, expuso, con toda claridad, la causa por la que ella tuvo que irse de su tierra; expuso como vivían con miedo; expuso como les habían robado la libertad y resumió, con unas palabra muy ciertas y elocuentes, la causa última por la que al final deciden irse, expresando que les han arrebatado la normalidad.
Se ha generado así, la dispersión “forzada” por razones ideológicas, de miembros de la sociedad vasca, o lo que es lo mismo, se ha creado paulatinamente y sin pausa la diáspora vasca. Pues bien, la diáspora vasca alcanza un valor de aproximadamente unas 200.000 personas, lo que representa un vergonzoso 9,2% de la población. Para mitigar esta injusticia de destierro político, la Fundación para la Defensa de la Nación Española ha puesto en marcha una iniciativa denominada “País Vasco y Navarra, Un exiliado un Voto”.
Dicha iniciativa consiste en solicitar la modificación de las leyes necesarias, entre ellas la ley electoral y la ley de solidaridad con las victimas del terrorismo, para conseguir que estos ciudadanos puedan ejercer el elemental derecho al voto en las localidades que lo hubieran hecho si no hubieran sido extorsionados.
En definitiva, se pretende algo tan simple en cualquier sociedad civilizada y tan complejo a allí, como devolver la normalidad a parte de su población.
Para descargar la solicitud
http://www.nacionespanola.org/IMG/pdf/solicitud.pdf
En esta sociedad que nos ha tocado vivir se ha abierto la veda para atacar todas las creencias de las personas menos, la impuesta creencia en la in-creencia (lo cuál no deja de ser una contradicción en términos).
Todo esto no es casualidad, más al contrario se ha gestado durante décadas construyendo los cimientos de este nuevo contexto. Para la construcción del nuevo paradigma hay que demoler el anterior -como ha de hacerse para construcción un nuevo un edificio en el mismo lugar que existía otro- y luego llenar el solar baldío con la nueva edificación. Pero,…¿Cómo es el proceso?
Primero, como hemos dicho, hay que des-estructurar y para ello en lugar de negar principio a principio, lo cual sería una tarea larga y tediosa, se considera más eficaz, negar, de raíz, la propia existencia de los principios. Así, de golpe y de un tirón, se introduce en la mente de las gentes que no existen principios absolutos, salvo éste, el de la no existencia de principios y de este modo, acaban demoliendo los pilares estructurales de nuestra vida.
Como paso siguiente en esa senda, y con el terreno preparado, surge de manera natural y espontánea, el sincretismo para el que todo cabe. Una cosa y la contraria pueden ser verdad según estos ingenieros de almas. Por cierto, vistiendo y vendiendo, de modo cínico, el sincretismo como tolerancia.
Por último, pasan a la fase de la construcción del nuevo edificio, de la “creencia” en el “laicismo” que la imponen a macha martillo.
…. Y todo ello, ¿Para qué?. ¿Para qué pasar del “vive y deja vivir” al apostolado positivo y coordinado de la imposición del laicismo?. Pues muy claro, esta imposición es sumamente útil para generar un hombre cercenado de vida, de intereses trascendentes y, en definitiva, cercenado de la esencia de su ser; un hombre que pasaría a constituirse en componente de masa gregaria sin ningún escrúpulo. Masas que asumen, sin el más sentido crítico, los “dogmas” de la nueva “religión” llamada laicismo, donde el dios es el estado y el poder, encarnado en el gobernante, dispensador de bondades y maldades, dispensador de vida o muerte, administrador de vidas ajenas, donde éste, se alza en dueño y señor de la vida de los otros, perdiendo éstos la libertad.
Los apóstoles del nuevo credo no paran, son tenaces en su empeño, insisten, publicitan la creencia en la in-creencia de todas las maneras, a corto y a largo plazo. En el largo plazo, imponen su laicismo, de modo magistral, con los medios de comunicación, las productoras de contenidos de series televisivas, y a través de la escuela. En el corto plazo, hay multitud de campañas publicitarias que nos graban con la persistencia de un diapasón los dogmas del nuevo credo.
A ellos, sólo les pedimos una cosa que vivan y nos dejen vivir y a ustedes que disfruten de la vida y dejen de preocuparse, precisamente porque Dios existe.
Jueves, 16 de febrero
Inmaculada Sánchez Ramos
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla