Velando la dignidad
11.03.07 @ 11:25:47. Archivado en Política, Ética, Sociedad
Me acerqué a la Plaza de la República Dominicana -lugar donde De Juana asesinó a 12 personas- para agregar mi pequeño grano de arena al espontáneo homenaje que los españoles estamos rindiendo a las victimas del terrorismo.
Mientras colocaba mi ramo de flores -lo cual era francamente difícil, ya que no cabía ni un alfiler-, observaba el incesante goteo de personas que de alguna manera u otra, honraban la memoria de la victimas. Unos ponían unas flores, otros encendían velas, muchos, con serena indignación, rodean el espontáneo monumento, leyendo los carteles y comentándolos unos con otros. Entre todos, se estaba, en vivo, configurando un monumento, cuidado amorosamente, por esa multitud de personas anónimas.
Estando yo allí, observé a un señor que rodeaba con armoniosa periodicidad el parterre e iba cuidando que las velas no quemasen las flores, enderezando los carteles caídos y, en definitiva, estaba atento a todo lo que allí acontecía. Visto desde fuera, parecía tener como misión vigilar el buen mantenimiento y disposición de las cosas.
Entablé conversación con él, le comenté que había ido a dejar flores y lo entrañable que me resultaba este monumento que los ciudadanos de Madrid estábamos construyendo, y aún más entrañable me resultaba la peregrinación continua que el mismo estaba concitando.
Y.. usted ¿Ha venido a dejar sus flores?, le pregunté. ¡No hija no!, vengo dos veces al día, a velar la dignidad.
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Muy bonito, como todos tus retratos Inma.
Ah, por cierto, desde ayer ya no me da vergüenza:
¡Viva España!
Un saludo, compañera
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Inmaculada Sánchez Ramos
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