Todos al suelo (27-02-2008)
17.02.08 @ 13:47:10. Archivado en Febrero 2008
Hace escasos días se ha cumplido el vigésimo séptimo aniversario del intento de Golpe de Estado, y del pronunciamiento de la frase “Todos el suelo”, que permanecerá en los anales de la historia.
Ahora bien, en nuestro discurrir diario, a muchos nos entran ganas de decir eso de “todos al suelo”, pero en una situación completamente distinta a la acaecida en la Carrera de San Jerónimo. Me refiero a la maldita manía de los fumadores con los cigarros que acaban, o con los que terminan de forma repentina porque entran en un establecimiento donde se prohíbe fumar. Todos hemos podido ver como se agolpan en los portales, los fumadores de las oficinas y al acabar, dejan el suelo de la entrada principal, lleno de colillas (seguramente en sus casas, no lo harán...aunque como decía un buen día el concejal de Limpieza, D. Antonio Espada, la calle es el salón de todos...).

Si bien es cierto que en muchos edificios han instalado grandes ceniceros a ambos lados del portal (como prueba, los colocados en el edificio Alfil, donde se encuentran los estudios de COPE...) ¿Por qué cuando no existen ceniceros, esos fumadores empedernidos no se molestan en guardar esas colillas apagadas en un papel o bolsa, para tirarlos luego a la papelera? ¿por qué no se bajan a la calle un cenicero de mano? ¿es que es más cómodo “todos al suelo”?

Otras de las situaciones que podemos observar es la siguiente: ciudadano o ciudadana que disfruta plácidamente de su nicotina y su alquitrán, pero llega a un lugar donde no está permitido fumar. Le pega una calada de órdago a su cigarro y lo tira, siempre encendido por cierto, al suelo. Qué más da, ya vendrá alguien a limpiarlo pensará... ¿En su casa hace normalmente eso? ¿por qué en la calle si y en su hogar no? Dan ganas de decirle: “¡es usted un guarro!”
Eviten, queridos oyentes fumadores, ensuciar constantemente la calle con los restos de sus vicios. Como dijimos un día, la limpieza es cosa de todos y no tenemos por qué soportar las cochinadas de muchos que prefieren la comodidad de tirar las colillas al suelo, encendidas o apagadas, a tener que buscar un lugar donde dejar esos restos. Por cierto, y en verano... no hagan la porquería de sepultar las colillas en la arena.
Juan Luis Gámez Ortúzar
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