Principio de lealtad institucional (27-06-2007)
01.07.07 @ 11:40:04. Archivado en Junio 2007
Curiosamente, y enlazando el más reciente pasado de Marbella con el presente, en la última charla que mantuvimos en estos micrófonos con el presidente de la Comisión Gestora llegamos a mencionar algo que la nueva alcaldesa de la ciudad ha afirmado en su primeras comparecencias, sentada ya tanto en el sillón del Salón de Plenos como en su propio despacho de la Plaza de los Naranjos: el principio de lealtad institucional. La Ley 30/92, que establece el Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas, en su artículo 3, cuando habla de los principios generales, destaca que “las Administraciones públicas, en sus relaciones, se rigen por el principio de cooperación y colaboración, y en su actuación por los criterios de eficiencia y servicio a los ciudadanos”. Ese es el tan mencionado principio de lealtad institucional. Con él, nos debe bastar para pedirle, solicitarle, y exigirle - que no rogarle - a la Junta de Andalucía y al Gobierno central, que le den a Marbella lo que le corresponde.
Ya no tienen excusas, dilatorias en otros tiempos, para ponerse manos a la obra y cumplir, no ya con lo prometido, sino con lo legalmente establecido. Habrá que ver a partir de ahora, si todos esos consejeros autonómicos que se paseaban por Marbella en campaña electoral, reciben a nuestros concejales; habrá que comprobar cómo se ponen en marcha las actuaciones de extrema urgencia; habrá que estar atentos a que el concejal Plata descuelgue el teléfono, o coja el camino de Sevilla, para pedirle a su sucesor en la Consejería de Turismo la campaña para la recuperación en la imagen de Marbella... y de paso, solicitar a esos medios de comunicación que se lucran pisoteando esta tierra, dejen de hacer caja a costa de nuestra fama.
El principio de lealtad institucional, por tanto, debe propiciar que Marbella sea tratada en el resto de las administraciones como merece, aún más si cabe cuando es pieza básica dentro del Producto Interior Bruto, cuando es un bastión económico de indudables dimensiones, pero sobre todo, porque los ciudadanos de Marbella tenemos los mismos derechos que cualquier otro.
Pero, como se dice, del dicho al hecho hay un buen trecho. Y como por estos lares no nos fiamos ya de nadie, habrá que esperar a que esas buenas intenciones se transformen el obras. Porque, aludiendo una vez más al rico y variado refranero español: obras son amores y no buenas razones. En cuanto vea las máquinas tuneladoras empezar el soterramiento de San Pedro, cuando vea las excavadoras moviendo la tierra de las playas para convertirlas en medio decentes, cuando vea a las empresas constructoras, no colocando las primeras piedras sino las últimas... entonces, empezaré a creerme lo de la lealtad institucional.
Juan Luis Gámez Ortúzar
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