Carros, carretas y carretillas (29-2-2006)
31.12.06 @ 12:05:07. Archivado en Febrero 2006
Simplemente con pasear por las calles, no solo de nuestra ciudad, sino de cualquier otra, observas un hecho que no creo que haya pasado desapercibido para nuestros oyentes: la multitud de jóvenes, imberbes prácticamente. con potentes autos entre sus manos, o como dirían ellos, con “carros guapos”...
¿Las autoridades policiales no se han percatado de ello? ¿O es que poco, por no decir nada, pueden hacer? ¿Se han parado a pensar cómo han podido adquirir esos vehículos que en el mercado alcanzan fácilmente los 30 o 40.000 euros? Estamos hablando de jóvenes que acaban de cumplir la mayoría de edad o que, en el mejor de los casos, no pasan de los veinte o veintiún años... Y es que te pones a hacer cuentas, y realmente no salen... ¿Qué sueldo pueden tener estos ciudadanos que en la gran mayoría de los casos ni siquiera tienen el graduado escolar? ¿Qué aparece en su declaración de la renta? ¿Habrán adquirido esos coches de gama alta con financiación bancaria? ¿En todos los casos las operaciones de préstamo personal para la compra están avalados por los progenitores? ¿Muchos padres no le preguntan a sus hijos cómo pueden hacer frente a la compra de un vehículo de ese precio con el sueldo que tienen?
Me extraña que dediquen todo su sueldo a pagar el coche, ya que ese salario, por muy alto que sea, cuestión dudosa por cierto (pues no estamos hablando de ingenieros, arquitectos o médicos de afamada reputación...) no da para pagar las letras del coche, comprarse el teléfono móvil más caro del mercado y rodear sus cuellos con medallones dorados... amén de hacer frente a los gastos ordinarios (gasolina, seguro, salidas nocturnas, etc.)
Ya sabemos que cada uno puede hacer con su dinero lo que quiera, pero si el origen del patrimonio de muchos tiene visos de un origen ilícito, es donde la Administración debe indagar. Porque precisamente, estos jóvenes no es que pasen desapercibidos, ya que van llamando la atención allí por donde circulan, pues los aparatos de alta fidelidad que instalan en sus carros impiden que no se gire uno a mirarles cuando les tienes cerca... eso sí, ni un mal gesto hacia ellos, que se rebotan rápidamente y te forman un espectáculo de muy padre señor mío, y uno, a aguantar carros y carretas.
Dicen que la gran mayoría se dedica al noble oficio de la carretilla, es decir, peones de la construcción, pero dudo que por muy bien pagado que haya estado este gremio, chavales de apenas veinte años puedan llevar ese tren de vida...
Juan Luis Gámez Ortúzar
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