La dictadura de los albañiles (22-2-2006)
31.12.06 @ 12:00:55. Archivado en Febrero 2006
Desde el profundo respeto que me merece la profesión de albañil, que es tan necesaria en nuestra sociedad como la profesión de médico, abogado, electricista o fontanero, hay un hecho que distingue a veces al gremio de la construcción del resto: y es la utilización de la vía pública a su mejor conveniencia. Y me explico: ¿cuántas veces nos hemos encontrado en una calle varios palés de madera sobre el asfalto, impidiendo el estacionamiento?
En alguna que otra ocasión he tenido que discutir con los responsables de una obra porque me exigían vehementemente que no aparcara mi vehículo en un lugar que estaba reservado (según ellos...), a lo que siempre les he contestado que ni veía señal alguna de prohibición ni creo que tuvieran autoridad alguna para prohibir el estacionamiento en ese lugar. Y me volvían a responder: “¿es que no ves los palés puestos ahí?”. A los que les hacía saber: “señores, eso que han colocado ahí, y que únicamente sirve para transportar ciertos materiales, no es una señal de tráfico”.
Desde luego, ¡con qué rapidez colocan sus bártulos en la calle impidiendo a los ciudadanos ejercer su derecho al libre tránsito de vehículos! O cuando les da por cortar una calle de buenas a primeras porque un camión tiene que descargar... ¿Quiénes son ellos para ordenar la circulación viaria? ¿El ser albañil de una obra te otorga capacidad y legitimidad para disponer de la vía pública? ¿En cuántas ocasiones hemos visto como se vallaba una zona anexa a la obra para hacer acopio de materiales y estacionar cómoda y cercanamente sus vehículos? Por no hablar de la instalación de señales de tráfico falsas y no homologadas con prohibición de estacionar. Y hay unas cuantas en nuestra ciudad. En un tramo que distan 200 metros, entre la calle Huerta Belón y Los Olivos hay dos, por no hablar de la calle Notario Luis Oliver (antigua Finlandia), donde el margen izquierdo está inutilizado desde hace años (pero de esto hablaremos en otra ocasión).
Si la policía sancionase a cada infractor, con lo recaudado a lo mejor había fondos para terminar de pagar a ciertas empresas de albañiles, nunca mejor dicho...
Juan Luis Gámez Ortúzar
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