SE ESTRELLÓ EL AVION EN LA NEGRA NAVIDAD
23/12/2010 @ 03:38:40 pm. Archived Sobre el autor
Como ya les he contado, hace casi 11 años fui a la hermosa, mágica pero también decadente ciudad de La Habana. La curiosidad de ver cómo era un vivir en un sistema comunista y los sueños de cineasta me impulsaron a hacer ese viaje, un viaje que volvería a hacer mil veces pues me hizo madurar y darme cuenta de muchas cosas… el destino me jugo sucio, pues cuando ya estaba cansado de hacer fila hasta para comerme un helado en copelia, de las escases de alimentos y del “rebusque”, decidí tomar un avión, específicamente el vuelo 905 de aeropostal, con destino a Venezuela. Y justo cuando estábamos llegando a las costas de mi país, no sé si un rayo ó una de esas curvas paralelas temporales de las que hablaron físicos como Einstain y Hawking, me trajeron a mi patria, pero no a la que dejé, sino a una Venezuela nueva, que cada vez más se me parecía a Cuba.
Viviendo en Cuba, y ya cuando tenía algunos amigos quienes por alguna razón que desconozco, sintieron la confianza de hablarme en libertad, mi pintaron un panorama nada alentador para Venezuela, estamos hablando que corría el año 2000 y apenas se estaba aprobando la constituyente, por lo que sinceramente no les presté atención. Me llevaron a los CDR (Comité de Defensa de La Revolución), lo que conocemos acá como los consejos comunales. Una micro ciudad donde los vecinos son quienes toman las decisiones para su bienestar y también imparten su justicia (así que cuidado con caerle mal a un vecino porque, quien sabe dónde pueda terminar uno).
También visité el campus de la Universidad de la Habana, donde los frondosos árboles que decoraban las áreas comunes, eran acompañados por los tanques y jeeps que transportaron a Fidel y a los suyos a la toma triunfal de la ciudad, e incluso presencié en una oportunidad un discurso del comandante presidente (en esa época solo existía uno en el continente) en el aula magna de la principal casa de estudio de la isla, donde invitaba a los estudiantes a seguir luchando por posicionar la revolución en el mundo, exaltando el espíritu de lucha y del pueblo cubano que nunca se rindió ni se rendirá ante la bota imperialista (pero sin duda si ante la de castro).
Pero de mi viaje, no todo fue negro, también fui testigo de un lugar totalmente macondiano que permitía (y estoy seguro que aun permite) romper los esquemas de la creatividad y hacer genialidades para regalarlas al mundo: mi querida EICTV (Escuela Internacional de Cine y Televisión). Podría decirse que con nuestra Villa del Cine, se está tratando de hacer algo similar, pero aún falta mucho…
Y finalmente llegamos a Diciembre, ese diciembre en La Habana, uno de los más hermosos y recordados de toda mi vida, pues la ciudad en navidad tenía un olor a cine, a festival, a fiesta y a alegría. A caminar de noche, en ese “paraíso” bajo las estrellas… aquel diciembre habanero me recordó mucho a las navidades de mi infancia, llenas de regalos, de familia, de sabor, de hallacas… pero este año ya las navidades no huelen a eso, y para ser franco creo que ya no volverán a sentirse como antes, pues este año, la navidad en Venezuela tiene un sabor amargo, a venganza, confrontación, a leyes autoritarias, a exclusión y a dictadura.
No hay nada que celebrar, pues el avión que pensaba tomar para volver al futuro que merece mi país, en este diciembre se estrelló y por lo que se ve, ya no podré volver.
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