El Salmón que reconcilio la ciudad
09/08/2010 @ 05:01:01 pm. Archived Sobre el autor
Ya una vez había tratado de venir, pero no se pudo, hasta se creó un grupo en facebook para pedirle al cantor que viniera a Venezuela, pero fallas de producción no hicieron posible el encuentro del portador de los Ray Bam oscuros, ese que canta con voz grave, las costumbres del sur del continente a todo el mundo.
En aquella oportunidad, mi muñeca había hecho una kilométrica cola sólo para comprar un par de entradas y darme la sorpresa, pero como ya dije por un desacuerdo con la productora no se dio el concierto. Pero me dio una sorpresa mejor: la noticia de que esperábamos un bebe, mi primer hijo.
Casi tres años después, con varios kilos de más y dos hijos (nos gustó eso de la paternidad) que aunque me vuelven loco a veces, junto a mi muñeca, quien también me vuelve loco, pero a veces, sólo a veces, escuché en la radio al “Tío de los Ray bam” exclamando con un acento de andaluz con argentino la frase: “Caracas te quiero y te espero, ya pronto nos veremos”. Cuando llegué al periódico ya todos lo sabían, y en la redacción estaban haciendo planes para ver como librar ese viernes 9 de Julio, día en que se realizaría el concierto; incluso los más osados hicieron vudú a la voluptuosa Alicia, periodista de farándula, para que le pasara algo (eso si nada grave) y que no pueda cubrir la pauta, y entonces recayera en uno de nosotros. Pero nada le pasó, así que tuvimos que sacar los ahorros, vender el carro y hasta tener otro trabajo para pagar una entrada algo costosa, pero no por culpa del artista sino más bien del control cambiario y del dólar afro descendiente que no se puede nombrar.
El Cantor arribó a Caracas, trayendo alegría, euforia y también algo de descontento en un grupo de sus fanáticos: Se corría el rumor de que Calamaro daría dos presentaciones, una privada donde mucha gente compró la entrada para el día 9 de Julio, día de la independencia argentina; y una al día siguiente gratuita en un parque público. Los dimes y diretes no se hicieron esperar y el twitter se convirtió en un campo de batallas donde Andrés recibía criticas y muestras de apoyo que fueron contestadas por él, algo que para muchos fue un error, pero para mí en lo particular fue la prueba de que gracias a las redes sociales las comunicaciones están cambiando. Yo exprese vía twitter que asistiría a los dos conciertos, que lo viéramos con un 2x1, y que además el artista era dueño de su trabajo y veía si lo regala o no. A lo que uno de mis colegas replicó (también por un twiitt): “pero a quien le damos las gracias, a Calamaro porque está dando el concierto gratis ó al alcalde que le pagó el concierto y por eso se presenta gratis” lo que avivó mas el conflicto. A mí se me acuso de oportunista, pues aunque no apoyaba al gobierno si iría a un concierto patrocinado por ellos.
Llegado el 9 de Julio, se generó una expectativa, incluso las amenazas de boicotear el concierto estaba latente, sin embargo al llegar a la sala de exposiciones donde se presentaría el artista, el aforo estaba a reventar, y en lo que Calamaro apareció entre el humo y las luces cualquier rumor, conflicto ó malestar se disipó, el artista se entrego a su público y el público al artista; fue una muestra de amor reciproco que se palpó en el ambiente. Personalmente mi encuentro con Calamaro me dejó en shock, pese a estar algo lejos de la tarima, escucharlo en vivo fue tan emocionante como aquella vez que intercambié dos minutos con el escritor Mario Vargas Llosa, quien por cierto también causo revuelo en su llegada a Caracas.
Al día siguiente me levanté muy temprano, lleve a los niños de paseo y a eso de las 3 de la tarde, los deje con sus abuelos, y junto a mi muñeca enrumbamos hasta Los Caobos, para la presentación gratuita. Cuando llegamos al parque vi, no sólo a aquellos amigos que apoyaban al presidente y su revolución, sino también a aquellos que me acusaron de oportunista y de apátrida por asistir a un concierto auspiciado por el gobierno. Luego de estrictas medidas de seguridad ingresamos a uno de los pocos pulmones vegetales que le quedan a la ciudad, el Parque Los Caobos, ese mismo donde habita el sistema de orquestas que nos ha hecho tan famosos en el mundo, y los museos de Ciencias y Bellas Artes.
Se presentó un primer grupo de marcada tendencia oficialista, pero a mí no me importó, cantaban bien los chamos, y algunas de sus canciones arrojaban mensajes que te hacia reflexionar aunque otros lo que daban era risa. Llovió, escampo, volvió a llover, anocheció… y finalmente estaba allí, con nosotros El Salmon, ese que logró que por lo menos una noche dejáramos la pelea, y nos reconciliáramos en una canción, en una solo ideología, la ideología del rock.
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