PABELLÓN CON BARANDA
14/05/2010 @ 05:40:16 pm. Archived Sobre el autor
En esta ocasión quisiera compartir con ustedes un artículo de mi amiga la escritora y periodista venezolana Milena Wetto Yanes, quien desde la Expo de Shanghai nos cuenta las anécdotas de una criolla en busca de un pabellón que aun no abre sus puertas…
PABELLÓN CON BARANDA
Después de treinta horas de vuelo, dormir 12 para reponerme, lidiar con el jetlag y hacer un day tour por la impresionante ciudad de Shanghai, hoy, lunes 10 de mayo, finalmente llegué al origen y razón de mi viaje a China: la Expo Mundial Shanghai 2010. No lo tenía pensado, pero han sido tantas las impresiones y anécdotas de este primer día, que aún con el cansancio y casi sin sentir los pies de tanta caminata, llego al hotel y en lugar de sumergirme en la tina o descansar en mi cama mientras trato de entender lo que dice alguno de los canales de televisión, me siento frente a la mini laptop para comentarles mis impresiones de este primer día.
Antes que nada tengo que explicar, para quienes no lo saben, de qué se trata la Expo Shanghai 2010: es un espacio de más de cinco kilómetros cuadrados, hechos totalmente nuevos en las afueras de la ciudad, para albergar los pabellones de más de dos centenares de países y/o empresas. Cada uno de ellos –con una arquitectura externa que desencaja la mandíbula de cualquier visitante- tiene en su interior información de lo que cada pueblo del mundo tiene que ofrecer. El tema central de la Expo lleva por lema “Mejor Ciudad, Mejor Vida”, así que aquellos que tienen algo que decir en este sentido lo dicen, mientras que otros se limitan a publicitar las bondades de su país, ya sea en el ámbito histórico, geográfico, turístico o comercial. La Expo no es un lugar para hacer negocios, pero indudablemente es un sitio para conocer el mundo del futuro o por lo menos, para saber cómo nos lo planteamos. Y ¿qué mejor lugar para conocer el futuro que en la ciudad más futurista del mundo? Aquí les dejo mis impresiones del primero de los tres días en los que estaré visitando la Exposición Mundial Shanghai 2010.
El grupo decidió comenzar por el área que alberga los pabellones de África, Europa y América que juntos apenas ocupan como la cuarta parte del terreno dispuesto para la exposición. Mapa en mano comenzamos por el pabellón de Portugal, cuya particularidad de encuentra en su fachada, hecha totalmente de corcho, por ser este país el principal productor mundial de alcornoque; pantallas de dimensiones colosales presentan en el interior videos con las imágenes más típicas del país. Esto se repetirá en buena parte de los pabellones visitados. Mención aparte merece el pabellón español; en mi opinión particular, el mejor de la veintena a la que apenas alcanzamos a entrar hoy. España asombra por fuera y por dentro; su fachada está realizada por miles de “parches” de distintos tipos de cestería o esterilla; al entrar la oscuridad nos entrega una secuencia impecablemente dirigida de imágenes y sonidos con lo más representativo del país –el flamenco, los caballos, los toros, el fútbol, Nadal-, para luego pasar a una sala donde pantallas dispuestas en diferentes planos y direcciones muestran todas las caras de España, el pasado, el presente, lo bueno, lo malo y lo feo, parándole los pelos hasta al más pintado. De la oscuridad se pasa a la luz, para sorprendernos en la sala final con un bebé gigante con movimientos computarizados y una perfección en los detalles que dejó a todos más que asombrados.
Por supuesto que, como venezolanos, queríamos conocer el pabellón de nuestro país, el cual ubicamos en el mapa desde que llegamos para no perdérnoslo. El mismo está ubicado en extremo más alejado de esa ala, justo al lado del de Cuba –¿casualidad?-. Pese a lo arrinconado que estábamos, nos encontramos con una estructura sólida, de buenas dimensiones y con cierta gracia arquitectónica. Pero, para nuestra ingrata sorpresa, no pudimos entrar, pues nuestro pabellón tricolor estaba cerrado. La Expo abre al público a las 9 de la mañana. Cuando llegamos al stand venezolano era la 1 de la tarde y únicamente estaba al pie de las escaleras un chinito de protocolo, que sólo hablaba chino, y que con cansonas señas sólo nos dijo que estaba cerrado. Pusimos nuestro índice derecho sobre la esfera del reloj, como quién pregunta “a qué hora abren”, y el chinito de malas pulgas agitó sus dos manos como para decir, “no se vistan que no van”.
La mezcla de incredulidad con indignación fue descomunal. Las conjeturas iban y venían aderezadas con nuestro inconfundible toque de humor: será que rumbearon anoche y el ratón no los dejó llegar temprano? Será que están racionando la electricidad y tienen el mismo horario de las oficinas públicas en Venezuela? La verdad es que nunca lo supimos. Nadie estaba allí para dar explicaciones concretas, mientras decenas, cientos de personas de todas las nacionalidades llegaban hasta aquella esquinita de la mega exposición para interesarse en nosotros y nosotros no teníamos siquiera una explicación que darles…
Ni siquiera puedo decir que era “pena ajena” lo que teníamos, porque tal como lo dijo alguien de nuestro grupo, esto, lamentablemente, era “pena propia”. Venezuela fue el único pabellón de la Expo que estando 100% operativo, hoy lunes 10 de mayo no tuvo nada que ofrecerle al público, ni siquiera una explicación.
Mientras México tenía mariachis afuera, Chile nos impresionó con su extraordinario concepto, Argentina nos deleitó con su tango en vivo y un restaurant apetecible, nosotros, como tantos otros miles de chinos y extranjeros, nos quedamos sin saber si el pabellón venezolano tendría arepitas o cachapas, o ron para degustar, si nos recibirían con un joropo o una gaita, si le mentiríamos al mundo diciéndoles que tenemos una “mejor ciudad, mejor vida” o si por el contrario tendríamos las agallas para aceptar nuestros problemas y hasta nuestra incapacidad para resolverlos.
Nada de esto pudimos saber, sencillamente porque fuera de nuestras fronteras somos tan informales, tan “antiparabólicos” como dentro de ellas, porque no tenemos noción de lo que significan palabras como “imagen” o “compromiso”, porque el dinero invertido en la construcción y puesta en marcha de este proyecto no salió de los bolsillos de quienes son responsables de mostrarlo, sino de gente como yo, que llegó con la ilusión de poder erizarse al ver la bandera de mi país ondeando al otro lado del mundo, o gente como usted, que seguramente pagó HOY su última porción del Impuesto Sobre la Renta para no correr el riesgo de ser multado con más dinero que de seguro irá a parar en otro proyecto sin concluir, en otra idea sin germinar, en otra elefante blanco que nos aleja cada minuto más de esa “mejor ciudad, mejor vida” a la cual los países del mundo, en mayor o menor medida, aspiran llegar.
Mañana es nuestro segundo día de Expo. Visitaremos los pabellones de Asia. Tal vez nos atrevamos a desviarnos y tomar un autobús o taxi eléctrico, silencioso, ultra rápido y sin emisión de gases, para que nos traslade al rincón donde se erige nuestro pabellón tricolor, a ver si mañana nos lo ofrecen con o sin baranda.
Milena Wetto Yanes – CNP 5.922
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