El León Enjaulado
27/07/2009 @ 03:53:41 pm. Archived Sobre el autor
Es viernes, la ciudad está como muerta. Las cornetas constantes y los gritos de esos niños que corriendo, cruzan la calle para ir a las tres escuelas que hay circundando la plaza hoy no se escuchan. Veo mi reloj y observo que es 24 de Junio, día festivo en Venezuela por el natalicio de Bolívar o sea, Marie me va a presionar para que saque a los niños de paseo… la pesadilla ha comenzado.
Me levanto de la cama tratando de no hacer mucho ruido para que mi pequeña de apenas meses de nacida no despierte, y Marie, esa muñeca que me quita el sueño y que me regaló dos hijos mucho menos. Pero me voluminosa figura que he ganado gracias a los muchos ejercicios que he dejado de hacer, no me permiten desplazarme con sigilo y tumbo la lámpara que esta junto a la mesa de noche. Entonces Mía pega un alarido y hace que su madre se levante alarmada, y al ver el desastre que he causado me mira con odio, y me reclama por tener la manía de despertarme temprano todo los días, incluyendo los fines de semanas y por supuesto los puentes.
Salgo apenado del apartamento, compro los periódicos y me siento a leer en la plaza un rato. Al subir de nuevo a casa, ya mi hijo Sansón de 2 años y que por cierto es tan fuerte como el personaje bíblico que se llama como él ya se ha despertado. Se me acerca y me pide que le cargue, Así que lo tomo en mis brazos y me dispongo a llevarlo hasta el balcón donde están todos sus juguetes, cuando de repente la voz de Marie emite la cruel sentencia que me arruinará los nervios, y que sentencia que este será uno de los fines de semana mas difíciles de mi vida:
-Ya sabes que el fin es largo, y como los niños tienen tiempo que no salen y la ciudad está sola no tienes excusa debes llevarnos de paseo.
El que los lleve de paseo no es el problema, pero el imperativo “debes”, causa un estruendo en mi cerebro. Trato de dibujar una sonrisa pero de verdad no me sale. Lo que sucede no es que no quiera llevar de paseo a mis hijos, de hecho me encantaría salir con ellos todos los días si no fuera por los 30 homicidios que hay cada fin de semana, y este por ser largo no será la excepción. Tampoco me molestaría llevarlos al centro comercial si no fuera por las miles de personas que inundan esos monstruosos edificios diseñados para sacarte el poco dinero que te ganas, y hacer filas interminables para entregar casi sin chistar, las monedas en tiendas, ferias de comida y hasta en el estacionamiento.
Trato de poner mil excusas pero Marie, muy astuta me dice que el niño ya esta más grande, y pasa todo el día en el pequeño departamento, que puede volverse loco, que tiene que quemar energías, que no puedo ser tan mal padre, que me la paso aislado en la computadora toda la semana y que lo mas sensato es que pase tiempo con ella y los niños, confieso que con cada frase, la voz de Marie se disipa y sólo puedo ver los labios de mi esposa moviéndose, pero no escucho palabra alguna, sino más bien un zumbido.
Derrotado, voy al maletero a buscar el cochecito de dos puesto que hemos comprado en navidad, y justo cuando lo voy a guardar en la maleta de mi carro me doy cuenta que no cabe. Hago mil intentos hasta que al final, y luego de desarmar casi por completo la carriola logro introducirla al auto. Cuando subo de nuevo al apartamento ya Marie y los niños están vestidos, incluso Mía, que aunque solo tiene unos meses, sospecho que ha conspirado con su hermano y su madre para hacerme salir a la ruidosa ciudad que a diario es asediada por motos, y tipos de mal aspecto.
Nos montamos en el carro, tomo la cota 1000 y descubro que misteriosa pero afortunadamente no hay nada de tráfico, es probable que el viaje no sea tan infernal como pensé. Mi hijo, quien va sentado en su silla para bebés comienza a gritar “música, música”, así que le coloco ese CD de Hombres G que tanto le gusta. Marie me arroja una sonrisa cómplice, al parecer esta contenta, no se si porque vamos de paseo con los niños o porque logro su cometido: torturarme en el centro comercial.
Llegamos al centro comercial, le pido a Marie que me espere en el carro, pues debo armar el coche para montar a los niños y poder ir a regalar nuestro dinero más cómodamente. Luego de quince minutos y de maldecir dos o tres veces por haberme pisado los dedos mientras armaba el transporte de los infantes, logramos entrar al lugar, para descubrir que los ascensores están dañados y que no podremos transpórtanos pues, està prohibido desplazarnos por las escaleras mecánicas con un coche. Volteo a ver a Marie, me sonrío y le digo que voy un momento al baño, cuando ingreso al cubículo de un metro por un metro, pateo la pared para liberar mi stress… luego salgo y abrazo a mi amada esposa quien tira del cochecito.
Al ver que será una misión imposible disfrutar de ese centro comercial que tanto le gusta, Marie no desmaya y propone la brillante idea de ir al Zoológico, pues ni Sansón ni Mía han visto nunca animales, a excepción de su padre por supuesto. Trato de nuevo y esta vez la sonrisa ya sale mejor. Rodamos unos 20 minutos por la autopista central, hasta llegar al Zoo, y una vez en el lugar observamos un letrero que indica “Estacionamiento en reparaciones”. Es una señal de cielo, pienso, es el momento de huir a la casa y estar a salvo, pero justo cuando estoy por expresar mi idea a Marie, se acerca un señor de aspecto no muy confiable a decirnos que estacionemos en la calle, que el estará pendiente de nuestro vehiculo.
Marie me pide que lo haga, yo no estoy muy convencido pero finalmente accedo para que mi esposa no siga creyendo que decidió pasar el resto de su vida con un neurótico. Vuelvo a armar el coche, esta vez Alexis, o más bien Aleixis como me ha corregido el caballero que cuidará nuestro medio de transporte, me ha ayudado, así que no he incurrido en maldiciones.
Entramos al lugar, descubrimos emocionados que la entrada es gratis, el portero nos informa que esa dadiva es gracias a una disposición del gobierno revolucionario. Al terminar la frase me le quedo viendo al portero y le comento al hombre:
-parece que parece después de 10 años, ya estamos viendo los logros, ¿no le parece?
Marie se ríe a carcajada por mis palabras cargadas de sarcasmo y el hombre me mira con ganas de matarme. Caminamos unos pasos y cuando volteo a ver al portero, observo que está hablando con Aleixis, seguramente al salir del parque encontraré mi carro sobre cuatro bloques, sin radio y sin cauchos, así que tomo una pastilla para tranquilizarme y sigo tirando del coche doble de los niños.
Mi hijo está súper emocionado viendo los monos, los zorros, los cocodrilos y los pavo reales. En un momento del paseo un cuidador nos invita a visitar la granja de contacto, Marie se vuelve como loca, y mi hijo también, Mía por su parte está dormida, mas veo que se ha reído, tal vez porque ha descubierto placer al ver que su madre me tortura. La idea de que un chivo, un cerdo o un caballo muerdan a mis hijos no me da mucho gusto, entre tanto a Marie tal vez le vendría bien un mordisco…
Me hacen comprar una bolsa de zanahorias, vegetales y otros desechos para alimentar a los animalejos. Duramos en la granja unos cuarenta largos minutos, hasta que deciden finalmente seguir el camino. Mi hijo ríe como loco, esta súper emocionado y no puedo evitar, aunque no quiera estar feliz.
Ya cuando estamos por salir del Zoo vamos a la última jaula y vemos a un león echado en una celda donde apenas puede moverse. Creo que es el mismo león que vi hace más de 20 años en este mismo parque, en esa misma jaula y en la misma posición. Entonces pienso en la envidia que me da ese animal, quien solo debe estarse allí tumbado, comiendo y durmiendo, sin tener que visitar centros comerciales, ni armar un coche, ni mucho menos pasar largas horas en el trafico…
Por cierto, creo que es mejor que nos marchemos, no sea que Aleixis le haga algo a nuestro carro.
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