BELLA NAVIDAD
16/12/2008 @ 11:08:04 pm. Archived Sobre el autor
Son las 9:00 a.m., afuera llueve, y yo me encuentro en uno de los cafés más concurridos de la cuadra creativa, ubicado al este de Caracas. Usualmente suelo conseguirme a Masó, Dahbar, y Barrera Tyszka (entre otros). Me gusta venir acá, pues, es como ese eslabón perdido que quedó flotando en el tiempo, de una Venezuela letrada, bonita, que respiraba cultura y que hoy en día se encuentra sumergida en una revolución de cartón.
Hace ya un mes que dejé la corporación donde trabajé durante casi 11 años, y la verdad la sensación de levantarte en la mañana sin la presión de tener que zambullirme en el trafico para trata de llegar a tiempo (sabiendo de todas formas que no voy a llegar a la hora), puede compararse a la satisfacción plena que sentimos cuando le hacemos el amor a la mujer amada.
Recuerdo que ese “día siguiente” (el día después que deje de trabajar), me sentí un completo inútil. Pero mi muñeca que es un regalo que me envió dios, me hizo caer en cuenta de que el mundo no se había acabado y que se trataba simplemente de un cambio de trabajo. En ese momento yo me sentía arrepentido de la decisión, y aduje mi renuncia a un arranque de ira, ante la actitud negativa de mi editora, quien siempre tenia algo negativo que decir de mis escritos… un día reventó la burbuja y mande todo a la mismísima mierda.
Lo bonito de todo esto, es que me he redescubierto, quiero de nuevo comerme el mundo, y seguir soñando como cuando tenia 17, pero con la diferencia de que ahora tengo la convicción de trabajar para hacer mis deseos realidad. Igual me levanto temprano pero para llevar a mi muñeca al trabajo, y luego dejar a nuestro príncipe en el kinder. De Allí regreso a casa, o algunas veces vengo a este café y me pongo a golpear el teclado, escribiendo no sólo mis cuentos, sino también artículos para algunas revistas, pues, el príncipe, y muy pronto otro principito que se gesta en el vientre de mi muñeca; necesitan vestido, comida y techo.
Sin duda alguna me siento libre y más feliz que nunca, pues cambié viajes, dinero, chofer, juntas, y altos cargos corporativos, por estar con mi familia. Sin duda esta será la primera de muchas navidades felices junto a esa mujer que me apoya en todo cuando tiene que hacerlo, pero también me señala cuando comento errores… y claro, junto a mis dos retoños, uno que me dice papi y con el que juego. Y el otro a quien acaricio por las noches, para hacer más apacible su estadía en la bolsa gestacional de su madre.
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