DOS GIRASOLES
16/09/2008 @ 08:31:04 pm. Archived Sobre el autor
Luego de un regreso accidentado de mis vacaciones, gracias a una llamada de mi editor estaba de regreso en la redacción. Realmente el hecho de llegar a mi cubículo y ver a mi jefe parado frente a mi, con sus tirantes y su pipa en la mano, esperando que llegue para comenzar a putearme ha sido la pesadilla recurrente que no me había dejado dormir.
Todo comenzó aquella tarde cuando el jefe me notificó que tenia vacaciones vencidas y tenia que tomarlas. La única variante era que los días no los escogía yo, sino el periódico para el que trabajo (y en el que confío seguir trabajando). Al llenar la planilla de vacaciones, “me regalé” por error (juro que fue así) un día adicional. Lo que trajo como consecuencia que aquella ultima y apacible tarde que tomaba el te con mi muñeca en “Las violetas” de mi Buenos Aires, recibiera una llamada fatídica a mi móvil, desde entonces la frase: “¿No piensas venir a trabajar?” retumbó en mis oídos.
Esa misma tarde corrimos al aeropuerto para regresarnos a Venezuela, pero ya era muy tarde, así que tuve que esperar 24 largas horas para tomar un avión que, luego de un espeluznante vuelo a oscuras me traería de regreso. Cabe destacar que para hacer más inolvidable mi viaje el destino dispuso que voláramos entre la noche del 10 de septiembre, (es decir nuestro aniversario) y la madrugada del 11 de Septiembre: conmemoración del ataque a las torres gemelas de Nueva York (impactadas por dos aviones) , por supuesto, cuando me di cuenta del detalle ya estábamos volando sobre el río amazonas.
Cuando pise tierra, me fui “volando” a la redacción, con las ojeras llegándome a los pies, despeinado y sin afeitar. ¿Saben quien me recibió? Por su puesto: mi editor, quien luego de preguntarme si no pensaba volver, y de pedirme los alfajores que me encargo. Procedió a hacerme la vida de cuadritos.
La primera semana fue súper fatal, todo giro en torno a pautas imposibles encomendadas a mi, como una medida disciplinaria por mi descuido. El fin de semana posterior a mis vacaciones, mi muñequita quería salir, y al intentar asomarme la idea, se topó con mi mal genio, discutimos un poco y hasta nos gritamos. Ella tomo su suéter de Lana que compró en Argentina, y dio un portazo. Yo, como buen idiota seguí durmiendo. Pasaron las horas y cuando desperté, noté que la muñeca aun no llegaba. Me dispuse a ir hasta la biblioteca para leer y tratar de despejarme. Al llegar, vi en mi escritorio Dos girasoles y un libro de Woody Allen, con una nota que decía:
“Si cometiste un error, te felicito, pues eres un ser humano, el más maravilloso que he conocido en mi vida. Animo, eres un gran profesional y siempre contarás conmigo
Te doy estos girasoles para que alegren tu día en la oficina, y los en los libros de Woody descubrirás que este tipo de problemas entre los seres humanos ocurren todo los días.
Te amo.
Tu muñequita”
Muñequita gracias por esos girasoles, pero realmente quien me alegra la vida sin duda alguna eres tu.
He vuelto, y gracias a ti.
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