El asiento de atrás.
03/03/2008 @ 02:51:34 am. Archived Sobre el autor
Ya son las 7:00 p.m., llueve. Quede en verla en la parada de autobús que esta cerca de la redacción. Es sorprendente como algunas personas (o quizás todas, unas mas que otras, pero al final todas) son capaces de hacer casi cualquier cosa en nombre del amor.
Otra vez Murphy, ese de la ley, ha hecho estragos en mi tiempo. Hace una hora que tenia que encontrarme con la muñequita pero, como todo lo que se planifica, al fina tiene alteraciones: al director del periódico le ha dado por ponerse amistoso y nos ha invitado a todos a tomar unos tragos. Le llamo a ella, le explico que ha surgido un imprevisto, pero comprensiva responde que no tiene problema, me puede esperar. Le ha dicho al padre del príncipe (o por lo menos al que lo cría) que esta en una junta del trabajo y va a llegar tarde. Afortunadamente la muñeca es publicista, y como buena publicista también es creativa.
Llegamos al restaurante, es Jueves. La verdad no me gusta beber los jueves, pues sé, que si lo hago entrare en la dinámica de seguir la juerga hasta el domingo. Además tengo a una muñeca de porcelana que en este momento se empapa con la lluvia mientras yo estoy sentado cómodamente con unos colegas debatiendo acerca del canje humanitario, de la caída del dólar y del triunfo del Caracas FC sobre el San Lorenzo de Almagro. No dejo de ver el reloj, de verdad no quiero estar en el lugar pues me encantaría estar en este momento con ella, dejándome hipnotizar por sus penetrantes ojos color cielo, mientras enredo mis dedos en sus rizados cabellos dorados… Pero a veces en mi profesión es importante tomar un trago con los colegas, por aquello del “lobby” laboral.
Finalmente y luego de 3 tragos, simulo que he recibido una llamada de emergencia y que debo retirarme del lugar. Saco un billete de 50 pero mis amigos cortésmente me indican que pagaran ellos (lo que me compromete a pagar la próxima vez). Cuando salgo del edificio, ya cerca de la parada de bus. Recibo un mensaje: es ella que me dice que mejor nos vemos luego, pues le ha llamado su esposo y que debe volver a casa… Le ruego me espere, acelero el paso. Ahora llueve reciamente pero las gotas no me tocan, pues solo me importa, como siempre, verla. Ya en el lugar, la veo mojadita, despeinada pero con el rostro iluminado por verme. Por un momento me detengo y admiro de lejos la escena, entonces comprendo cuanto me quiere, pues es capaz de soportar cualquier condición climática, o incluso temporal (a la muñeca no le gusta esperar ni a dios), Sólo por pasar unos segundos a mi lado.
Cruzó la calle sin ver, casi me arrolla una moto, ella se asusta mucho y corre a abrazarme. Tomamos un taxi y le decimos al chofer que solo de vueltas, el conductor nos mira con extrañeza pero al final comprende que las personas enamoradas cada vez están más locas. Nos entregamos entre besos y caricias en el asiento de atrás de un taxi cualquiera, en una ciudad lluviosa… finalmente nos bajamos en mi departamento y es así, como a la mañana siguiente experimentamos con fuerza y belleza la sensación de amanecer fundidos en un abrazo.
El miedo se esta disipando, lo que va a ser, será, la muñeca y el seudo escritor comienzan a vivir un nuevo día.
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Sin embargo, el amor lo puede y va con todo.
Que barbaro!!! como siempre la mujer entrega màs, al cómodo hombre pero no quiero caer en tipicos problemas feministas. Ojala un día mi querido escritor este con su carta mojada bajo la lluvia esperando a su amada.
... ahora llueve.., pero las gotas no me tocan... muy lindo!
Te mando un abrazo grande amigo!!
Gaby... desde Bs As...
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