La Bienvenida de Andrea.
16/01/2008 @ 01:36:24 pm. Archived Sobre el autor
Simplemente no lo podría creer, tenerte a mi lado y jugar con tus manos, detallarlas y hasta hacer magia para descubrir la combinación de tus parpados llegando finalmente a ver tus ojos. era una sensación indescriptiblemente hermosa que me hacia notar lo valioso de cada segundo que pasaba a tu lado…
Aquella noche, cuando estaba en una lúgubre sala de espera atiborrada de gente, las manos no me dejaban de sudar. A mi realmente nunca me han gustado los tumultos, pero no transpiraba por la gente sino por la desesperación. La gente no paraba de caminar de un lado a otro, leí el periódico, exactamente el mismo diario unas nueve veces y tu nada que aparecías. Así llegaron las 9 de la noche y comenzó la operación incubierta que consistía en no dejarme ver por los guardias de seguridad de la clínica que advertían a quienes esperábamos impacientemente el fin, en pocos minutos de la visita. Tuve que meterme en una habitación vacía para lograr burlarlos pero solo por un tiempo ya que aparentemente estas personas reciben un entrenamiento de inteligencia militar y al final siempre te encuentran. Fue así como me “invitaron” a abandonar el recinto no se si hospitalario o de detención (pues salvando las distancias creo que las penitenciaria tienen mucho menos seguridad).
Ya en la calle, llamé a tu abuelita, a quien si le permitieron quedarse en primera fila junto a tu mamí para esperarte, realmente no entendí porque yo, quien aporte un ingrediente fundamental para tu creación pase parte de la noche buscando una puerta falsa, una ventana si rejas o un ducto de aire para reanudar la operación… pero al final no tuve éxito.
Cuando llegue a casa, entre en tu habitación y termine de armar tu cuna, acto seguido me senté a tratar de terminar un artículo que debía entregar días posteriores acerca de una diseñadora que usas fibras naturales en su vestido. Luche con los nervios pero el constante temblar de mis manos no me dejo ni titular, al final me quede dormido profundamente. Fue así como te ví por primera vez: En mis sueños.
Recuerdo vagamente que estábamos en un parque, tú con una blusita roja, un jeans y tu cinta colorada. Me llamabas: “Papi, Papi” y me lanzabas una pelota de colores para que te la devolviera. En un momento del sueño me encontré en el estudio sentado escribiendo como de costumbre y tú en el piso jugabas exactamente con la misma pelota, me llamaste y al no prestarte atención me propinaste un balonazo tan pero tan fuerte que me tumbó de la silla… de repente mi celular repicó y abandone el sueño. Ya en el mundo real tu abuela me contó jubilosa que ya estabas aquí.
He de confesarte Andrea, que cuando me entere del embarazo de tu Mamá el cielo se me vino encima y me dije que todo había terminado: Los viajes, la independencia y las salidas salvajes sin dudan ya no estarían en mi mundo. Creí incluso que no podría escribir más… Pero cada noche, cuando ya llegaste a casa, a tu cunita mal armada (soy fatal para armar cosas) me di cuenta que ese pedazo de cielo que se desplomo me dejo ver por la rendija todo el universo que me regalaste. Gracias por ese balonazo que me hizo volver a mis cabales y por cambiarme la vida de una forma positiva.
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