Palabras huecas
16.09.08 @ 13:22:51. Archivado en Sociedad
Desde los tiempos del gran Julio, allá cuando Marco Tulio Cicerón campeaba en el Senado Romano, la retórica era una de las disciplinas mas seguidas por parte de esa misma nobleza senatorial. Dominar el arte de la palabra requería de un estudio concienciado, utilitario y sensibilizado. Cicerón, como ya hemos dicho era su máximo adalid. Era capaz de cambiar el carácter de la gente, hacer llorar, hacer reír e incluso lanzar las mas tremendas atrocidades como si lo más natural del mundo salieran por su boca. Testimonio de estos ataques verbales fue el famoso Catilina, el de Que usque tándem abutere

Con la llegada de la edad media la ciencia de la oratoria declinó, pero aun así seguía conservándose en medio de los siete estudios liberales del trívium y el cuadrivium, es decir, la gramática, la dialéctica, la retórica la aritmética, la geometría, la astronomía y la música. Con el dominio de ellas uno podía ser considerado un sabio
Y si seguimos podemos observar el fluido lenguaje de Shakespeare, y los grandes discursos decimonónicos. Una buena conversación puede hacer llevar a los sentidos a una fase de buen humor felicidad y altas dosis de los que uno se proponga. Por supuesto.
Pero quien puso la ley puso la trampa y de la misma manera que la palabra sirve para decir la verdad, sirve también para decir la mentira y la falsedad, adornada de la manera más rimbombante. Ciriaco y yo desde hace mucho tiempo venimos llamando a esta forma de actuar el dominio de las palabras huecas. Palabras que hablan pero que no dicen nada. Que pueden hacer llevar a la felicidad, pero que en el fondo no son más que fachada y apariencia.
Seguro que todos ustedes están pensando en una persona concreta a la que dirigir estas palabras posiblemente de las más altas instancias del país, pero no me referiré a él, sino al resto de las cosas, ideas y situaciones que rodean al asunto. A instituciones como los medios de comunicación que cargan sobrecargan y vierten información sobre una noticia de la que hay poca chicha pero que por comodidad política se departe sobre ellas. Los mismos concursos de oposición de los cuales fui víctima el curso pasado, en el cual uno se ve obligado a aprender un numero bastante ingente de vocabulario para luego lanzarlo delante de un tribunal, como si las miradas, las palabras funcionales y cotidianas no sirvieran. El arte del eufemismo, el querer llamar a las cosa de la manera más modernamente posible, y por culpa de las modas, a las cosas eternas de la vida. Llamar a la persona de raza negra, morena o de color, a la biosfera medio ambiente ¿Medio?¿ Ambiente?, al mozo de almacén ,operario ,al cuenco bowl y a España Estado Español. Palabras huecas, sin sentido, que esconden temores y complejos que los tintes de la moda manejan a su antojo.
Contra ello me rebelo. Viva la frescura. Ese es el éxito de los jóvenes del programa de humor Muchachada Nui. Que vuelven a lanzar sobre el circo cotidiano las palabras olvidadas de nuestros padres y abuelos, los cuales bastante tenían con ganarse el pan todos los días como para tener que estar pensando en expresiones como desaceleración positiva y demás gaitas.
Quizá tenga envidia, no digo que no. Eso de hablar sobre un tema varias horas seguidas sin abordar nada de la cuestión es algo que en el fondo me gustaría domeñar, pero amigo, las cosas claras y el chocolate espeso y a buen entendedor pocas palabras bastan, que no está hecha la miel para la boca del asno y aunque la mona se vista de seda….mona es y mona se queda. Con Dios
Comentarios:
Esto es lo que probablemente diría mi padre si le contará el tema de su escrito, ya que seguro no se hubiera enterado de nada por las palabras huecas que este mismo texto contiene. Yo tambien defiendo un lenguaje puro, sin adornos, que para eso ya está la Navidad.
Además, no es más inteligente el que más habla, sino el que más escucha.
¡¡¡Felicidades!!!
P.D. Abuse usted de las palabras en negrita y las cursivas, si es preciso. Facilitan la lectura. ¡Ánimo!
Abajo las palabras huecas. No tema si las desoye y luego se siente mal. Basta con ir a confesar y asunto arreglado. Amén.
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