La Plantilla
22.01.08 @ 16:29:25. Archivado en Sociedad
En el verano del año 1992 yo acababa de cumplir diez años. El Atlético había sido Campeón de Copa dos meses antes venciendo al Real Madrid en la final por dos goles a cero, uno de Futre y otro del hoy entrenador blanco Schuster. Indurain se encontraba inmerso en la victoria de su segundo Tour, relegando a mi abuela a no poder ver la novela. Mi abuelo era el dueño de la televisión y su deber era el de animar al navarro en la victoria.
Mi hermano y yo, en los descansos del Tour, salíamos al patio a jugar con la lana que se estaba aireando proveniente de aquellos colchones antiguos rellenos de la misma materia. Mi abuela vieja, bisabuela, madre de mi abuela, decía que no armáramos escándalo porque la gente se estaba echando la siesta y no era plan de despertarla de semejantes planes. Y es que hasta las cinco mi madre no nos dejaba salir a la calle por peligro de insolación.
Una vez pasada las horas tórridas, la gente salía a sentarse al banco de enfrente de mi casa. El tío Marcos (en los pueblos todas las personas mayores son tíos) iba a echar un vistazo a la borrica, que la tenia pastando en la era. Cuando se acabara el dia llevaría tras de si a toda una fila de chicos pequeños, de la cual yo también formé parte un día, para montar en ella, y acompañar al animal camino de el lugar donde pasaría la noche, su cuadra. La mujer del tío Marcos, la tía María de vez en cuando venia a remendar los colchones y echar una mano a mi abuela en la tarea.
En la casa de al lado el tío Mariano bajaba a la era a regar un poco los tomates. Cuando subía, ya luego a la tarde, la tía Gregoria, su mujer, le tenía preparado una palangana donde el hombre, todos los santos días a la misma hora, se lavaba sus pies, sucios de la huerta o de lo que fuera. Al lado de mi casa ,el tio Felix y la tía Matilde salían al banco después de haber digerido su tradicional dieta mediterránea, esperando a las ocho, hora en la que la tia Matilde se iba a misa y se juntaba con el resto de las mujeres del pueblo.“La plantilla”, era el nombre con el que había bautizado el cura a todo aquel grupo de mujeres piadosas. Y todas las tardes esa plantilla tenía partida ante el Altar, pidiendo por su familia y conocidos. Formaba parte de ella mi abuela, la tía Matilde, la tía Luisa, y muchas otras de las vecinas de mi calle. Y en esa misma calle era donde nosotros jugábamos, al fútbol, a la taba, al matao a las chapas…todos los chicos, nietos y descendientes de toda esa gente, habitante de Valdaracete, de aquel año de Nuestro Señor
Desde entonces hasta hoy la primera que hizo baja de aquella plantilla fue mi abuela, justo al año siguiente, en el 93. Mi abuelo, como casi todos los hombres de esa época, no se pudo valer por si mismo y desde entonces vive con nosotros, en su habitación, aquí en Arganda. Hoy, el tío Marcos, el de la borrica, se halla junto a su mujer, la tía Maria, en una residencia ubicada en el vecino pueblo de Tielmes. Su borrica murió y en el lugar de la cuadra hoy se encuentra una casa recién construida por uno de los hijos del tío Marcos.
Haciéndoles compañía en la residencia está la tía Gregoria, viuda tras la muerte del tío Mariano. Hoy su casa ha sido vendida y comprada por gente venida de Arganda para los fines de semana. La tía Luisa se encuentra en el también vecino pueblo de Villarejo, haciendo compañía a su hija la cual le acoge en su casa.
En 1960 el 68% de la población en España se hallaba en los pueblos. Hoy tan solo queda el 23%. El caso de Valdaracete, además, resulta mas extraño por que estando situado relativamente cerca de Madrid ha perdido bastante población en un tiempo relativamente corto de tiempo. Además es el pueblo con menor renta per capita de la comunidad de Madrid. Desolador.
El martes pasado moría la tía Matilde. Su esposo se queda solo en este barrio de Valdaracete, rodeado de casas vacías y de otras cuyos habitantes solo vendrán en fin de semana, y a Dios gracias.
A mi, particularmente, me llega la impresión de que se acaba una era. El tiempo no pasa en balde. Atrás quedaron mis tiempos felices de infancia, corriendo por aquellas callejuelas, de montar en bici, de jugar al fútbol…
Pero comienzan otros tiempos, nuevos, rodeado por gente nueva hasta que pueda a ser padre, o abuelo, como lo fue aquella gente. La vida sigue. Y nosotros, como siempre, vamos pasando por ella. Viva la vida
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Comentarios:
Habla de Valdaracete... pero podria ser la crónica de un día estival en cualquiera de los pueblos del Este de Madrid, y del resto de España. Un mundo rural, que tan sólo recordamos en este tiempo por los atascos que producen los tractores cargados de trabajadores para ir a recoger la aceituna. Un mundo que pretendemos dejar en el pasado, pero que aún es presente en nuestros días.
Y como dijo Don Miguel de Unamuno:
"Procuremos más ser padres de nuestro provenir que hijos de nuestro pasado".
¡Aún nos queda mucho por vivir, si Dios quiere!
¡Vivan los pueblos del Este de Madrid!
Donde he escrito "tan poco" he querido poner "tampoco". Lo digo antes de que venga algún perfeccionista a corregirme, jaja.
Gracias Félix, pero he de decirte que mi consejo es que escribas más a menudo ya que no lo haces nada mal. Este texto es muy interesante por lo que tiene de cotidiano, por lo que muestra la vida misma (con su correspondiente muerte). Nos hace reflexionar recordando a esas personas de nuestra familia que, en su día, fueron tan importantes y ahora ya no están. Y también en cuanto al cambio de las cosas, de los objetos, de la tecnología, de su influencia en nuestras vidas...De como hace unos años los colchones había que removerlos, vaciarlos, rellenarlos, remendarlos, se podía jugar con su relleno y hoy son herméticos, de látex, dan masaje, se cambian de posición con un mando a distancia, no se pueden remendar y hay que cambiarlos cuando tienen 10 años. Un abrazo
Espero ser bien recibida y espero que, desde tu balcón tan poco veas ponerse el sol (en sentido figurado, las puestas de sol son bonitas y románticas).
Y es que ha llamado mi atención que un joven del siglo XXI, que apenas en el 1992 (a la vuelta de la esquina) tuviese 10 años, relatara su infancia como si de la más remota antigüedad se tratara.
Pero es que, como muy bien dejas claro en tu texto y muy bien dices "La vida sigue. Y nosotros, como siempre, vamos pasando por ella".
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