José Saramago, un hombre honesto

Permalink 18.06.10 @ 17:33:26. Archivado en Autor, Marruecos, Sahara Occidental, Política exterior de España, Religión, Lobby pro marroquí, Arte

Hoy ha muerto José Saramago. Un hombre con luces y sombras: como todos. Pero siempre honesto: como muy pocos. Saramago era uno de esos portugeses que creían en la unidad ibérica, en la recuperación de la unidad hispánica originaria. Saramago fue también un hombre comprometido con la justicia y nunca dejó de apoyar la causa del Sahara Occidental. Saramago fue también un, a mi juicio, poco acertado crítico de la Biblia. Pero en lo bueno y en lo malo siempre fue de frente. Con nobleza.

Saramago obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1998. Pero Saramago era mucho más que un literato. Quiero homenajear aquí al Saramago amante de la verdad y de la justicia. Un Saramago del que no comparto su crítica feroz a la Iglesia pero que tuvo la honestidad de exponer de frente sus convicciones.

Hay tres vertientes no literarias de Saramago que a mí me parecen destacables el día de su muerte: su apuesta por la unidad hispánica; su apoyo a la justicia en el Sahara Occidental; su crítica del catolicismo.

1. Saramago y la unidad hispánica.
Hasta el año 1143, lo que hoy se conoce como Portugal formó parte de Hispania. En la época romana, el hoy territorio de Portugal estaba repartido entre las provincias de Gallaecia (lo que hoy es el norte de Portugal) y Lusitania (lo que hoy es el centro-sur de Portugal), provincias ambas que formaban parte de la diocesis administrativa romana de Hispania. Poco después de la caída del Imperio Romano de occidente, España surge, por primera vez en la historia, como unidad política independiente. Fue la monarquía hispano-visigótica con capital en Toledo. Los obispos de Gallaecia y Lusitania (de lo que hoy es Portugal) participaron con los demás obispos de Hispania en los 16 Concilios de Toledo. Y, por supuesto, se hallaron en el III Concilio de Toledo, del año 589, que marca el nacimiento de España como nación.
Aquella unidad se perdió el año 711, con la invasión islámica. Tras la invasión, los hispanos que quedaron aislados en algunos núcleos del norte comenzaron la Reconquista, empezando por Covadonga. Lo que hoy es Portugal participó en ese esfuerzo por recuperar la Hispania perdida, hasta el año 1143 como condado de Portugal dentro del reino de León, y más adelante como reino independiente que no renegó, sin embargo, de su hispanidad. Portugal, ya como reino independiente tuvo un papel muy importante en la reconquista de la antigua Hispania Tingitana (la provincia del norte de África que tenía capital en Tánger). Fue Portugal la que reconquistó Ceuta en el año 1415.

Saramago, tuvo el valor de decir, en Portugal, que él creía que el futuro iba a ser, debía ser, un futuro compartido de lo que hoy son España y Portugal en una entidad política que, por motivos tácticos llevaría el nombre de lo que en geografía es "Iberia". Así se recogió en la prensa española esto:

El premio Nobel de literatura José Saramago cree que Portugal acabará por convertirse en una comunidad autónoma más de España, con el mismo rango que Cataluña, Galicia o Castilla-La Mancha, integrándose así en un país nuevo, que se llamaría "probablemente" Iberia para que el nombre de España no ofendiese "los bríos de los portugueses".

La utopía ibérica de Saramago, de 85 años, fue lanzada ayer en una entrevista de cuatro páginas en Diário de Noticias, en la que el autor de La balsa de piedra afirma que los portugueses aceptarían la "integración territorial, administrativa e estructural" con España si fuese bien explicada: "Con diez millones de habitantes, (Portugal) tendría todo que ganar en cuanto a desarrollo, y no sería una cesión ni acabar con el país, continuaría de otra manera. No se dejaría de hablar, de pensar y de sentir en portugués, (...) y no seríamos gobernados por españoles, habría representantes de los partidos de ambos países en un parlamento único con todas las fuerzas políticas de Iberia".

Predicando con el ejemplo, el escritor acaba de crear la fundación ibérica José Saramago, que tendrá sedes en Lisboa, Azinhaga (su pueblo natal), Lanzarote (donde vive hace 14 años) y Castril, el pueblo granadino de su mujer, Pilar del Río, quien ejercerá como presidenta vitalicia.

2. Saramago y la defensa de la justicia en el Sahara Occidental
Saramago podría haber tenido mucho que ganar, económicamente, defendiendo causas injustas. En España y Portugal, por ejemplo, quien quiera defender la anexión marroquí del Sahara Occidental o calumniar al Frente Polisario sabe que puede contar con generosas subvenciones del Gobierno español y con subterráneos estipendios del majzén.
Pero Saramago prefirió defender la verdad y la justicia. Una verdad y una justicia que no le reportaron ni un céntimo de dinero. Que no le reportaron ni un "wissam alauita". Pero que le permitieron seguir defendiendo, con nobleza y honestidad, la causa de la justicia.
La última vez que Saramago apareció públicamente defendiendo la causa del Sahara Occidental fue en la crisis provocada por la deportación de Aminatu Haidar, llevada a cabo por la potencia ocupante marroquí y la complicidad del ministro Moratinos.
En aquel momento, estando muy enfermo, Saramago hizo un gran esfuerzo para visitar a Haidar en el aeropuerto de Lanzarote, donde Haidar luchó victoriosamente por sus derechos. Poco antes, escribió una carta a Haidar en la que dijo esto:

Dejemos que Aminatu regrese a casa con el reconocimiento de su valor, a las claras, porque son personas como ella quienes dan personalidad a nuestro tiempo, y sin Aminatu todos seríamos más pobres.

Aminatu no tiene un problema, lo tiene Marruecos. Y puede resolverlo, tendrá que resolverlo y no solo para una mujer frágil, sino para todo un pueblo que no se rinde porque no puede entender ni la irracionalidad ni la voracidad expansionista, propia de otros tiempos y de otro grado de civilización.

Un abrazo muy fuerte, querida Aminatu Haidar.

José Saramago

3. Saramago, crítico de la Biblia.
La última obra de Saramago, Caín, fue una crítica muy dura contra la Biblia, y en particular contra el Antiguo Testamento. La obra de Saramago irritó sobremanera a la Iglesia Católica, aunque el propio Saramago consideró que los judíos, más que los católicos, son quienes más debiera estarlo.
Pero Caín no es un simple panfleto ateísta. Es más bien, un alegato de quien, buscando la justicia en la tierra, no consigue entender episodios, ciertamente terribles, de la justicia divina que aparecen relatados en la Biblia. Sobre esta obra, Saramago opinó que:

la jerarquía eclesiástica se ha pasado años interpretando la simbología de la Biblia, pero se ha olvidado del contenido real, que, en su opinión, muestra un Dios cruel que toma decisiones arbitrarias.

"Dios no es de fiar", insistió el premio Nobel de Literatura. "No me interesa nada la lectura simbólica. Me interesa la letra del texto: la Biblia es un manual de malas costumbres, crueldad infinita, incestos y carnicerías".

"Caín" sigue la línea abierta por Saramago en 1991 con "El Evangelio según Jesucristo", una de sus novelas más polémicas.

En este caso, partiendo de la historia entre Caín y Abel, el escritor muestra su particular visión sobre algunos de los episodios más significativos del Antiguo Testamento: el abortado sacrificio de Isaac por Abraham, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la batalla de Jericó o el diluvio universal, entre otros.

"Todos creen haber leído la Biblia, pero no la hemos leído. La lectura simbólica está hecha para mentir", añadió. "La historia de la humanidad es la historia de la muerte del hombre. El hombre siempre está muriendo".

Saramago precisó que la lectura de "Caín" no está reñida con la fe la gente, que, dijo, respeta en lo más profundo.

Y es que, en esta obra, equivocada o no, lo que late es la pasión por la verdad:

no se debe permitir que la verdad sea ofendida todos los días por los presumibles representantes de Dios en la tierra, a quienes en realidad sólo les interesa el poder

Algunos discrepamos de esta obra de Saramago y estimamos que en su crítica no concede la relevancia necesaria a los Salmos y los Profetas. Pero lo que no podemos es negar que aquí, como en el resto de su obra, Saramago no quiere calumniar. Aquí, como en el resto de su obra, Saramago de forma abierta, con nobleza, grita por la justicia.

Se nos ha ido un hombre honesto.
José Saramago, requiescat in pacem

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