Reflexiones sobre la crisis financiera (II): la falsa causa del dinero barato
29.10.08 @ 15:00:16. Archivado en Teoría del Estado, Economía
Algunos están difundiendo la idea de que la causa de la crisis es el "dinero barato". Y la culpa de todo, sería de Greenspan. Pero este argumento es falso.
Dos falsedades se hallan en este argumento. La primera es la sugerencia de que el "dinero barato" se impuso por una decisión política. La segunda que el "dinero barato" causó la crisis.
Lo primero que debe decirse es que la Reserva Federal, no está controlada por el Estado. Lo repito: no está controlada por el Estado. La Reserva Federal, desde 1912, se halla bajo el control de los bancos privados.
Es cierto que el presidente de la Reserva Federal es nombrado por el Presidente de EE.UU., con el consejo y consentimiento del Senado. Pero una vez nombrado ese presidente y los miembros de la Reserva Federal no pueden ser destituidos. Los políticos del Estado, por tanto, pueden sugerir medidas, pero no pueden imponerlas. Y como la Reserva Federal no está controlada por el Estado, las decisiones de la misma, conviene recordarlo, son las que adoptan los banqueros privados.
La segunda falsedad del argumento es la que atribuye la culpa de la crisis al "dinero barato". Basta dos datos para desmentirlo.
Uno de los países que más ha sufrido la crisis ha sido Islandia. Pues bien, Islandia captaba fondos extranjeros (mayormente británicos) precisamente porque ofrecía altos tipos de interés.
Pero además, en España, donde algunos quieren hacer "memoria histórica" de cosas ocurridas hace 70 años, conviene recordar lo que ocurría hace 30 años. Una crisis económica brutal en un ámbito de altísimos tipos de interés. La crisis española, recordemos, se empezó a superar conforme el dinero se abarató.
La conclusión es que el precio del dinero no puede ser considerado como causa de la crisis. Fueron agentes privados los que fijaron el tipo de interés bajo. Fueron agentes privados los que fomentaron un tráfico de productos financieros (los que ahora se llaman "tóxicos") en un sistema de autocontrol. Y, por enésima vez, se demostró que el "autocontrol" no es auténtico control.
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Carlos Ruiz Miguel
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