Ficción de democracia en Afganistán
02.11.09 @ 23:55:08. Archivado en Reflexión política
He seguido con mucho interés las elecciones en Afganistán. Tengo que admitir que desde el principio he sido muy escéptico con ellas. Al final, mis presentimientos se han cumplido, porque las elecciones en este país han sido más bien un montaje que otra cosa.
El problema fundamental es que Afganistán, por mucho que lo quieran los políticos occidentales, EE.UU., la O.N.U. etc. no puede ser una democracia. ¿Por qué? Porque no dispone de las infraestructuras necesarias. El fraude electoral, que fue la causa por la que se le invalidaron tantos votos a Karzai, hizo que éste no alcanzara la mayoría absoluta.
En un país donde los censos son muy poco fiables y el registro civil funciona también de forma muy precaria, pretender que las elecciones puedan desarrollarse de forma normal es de mucha ingenuidad o tener una cara demasiado dura. Porque primero, antes de que un país pueda ser democrático, debe tener unas leyes mínimas, debe funcionar un estado de derecho. Pero esto no ocurre en Afganistán, un país fracturado en reinos de taifas dominados por señores de la guerra.
Karzai, durante su primera legislatura, en la que los países occidentales lo eligieron para ocupar el poder, dio una imagen de gobernar Afganistán más o menos, aunque esto es totalmente falso. Karzai es un corrupto, un político que controla el país gracias al apoyo que recibe de los señores de la guerra, que hacen negocio con el tráfico de armas y sobre todo de drogas.
Esta complicidad es vox populi, aunque los gobiernos occidentales callan. Depués de entrar en el país y haber quitado del poder a los talibanes, prometiendo a la población que con la democracia vendrían los tiempos dorados, no se pueden echar atrás, y continúan con la pantomima de apoyar a este presidente que es de todo menos democrático. Se monta un espectáculo y ya está.
Abdulá puede que se haya dado cuenta de que la farsa era inexpugnable, y por eso ha decidido retirarse. O quizás ha visto que claramente iba a perder, y prefiere retirarse, dejando ese halo de misterio. Quién sabe. Seguramente tampoco sea un angelito.
Al final en Afganistán ha pasado, degraciadamente, lo que intuía: obra teatral de pésima calidad, que no convence a nadie. No cuela, aunque se va actuar como si así fuese. Y habrá que tragar, porque tampoco hay muchas opciones. Aunque podría haberlas si las ocsas se hiciesen con más calma, si en vez de convocar deprisa y corriendo unas elecciones sin ningunas garantías, se hubiese potenciado crear las condiciones para que así pudiese ser. Pero nos ponen al borde del precipicio: o el corrupto de Karzai o los terribles talibanes. Así, poco se puede hacer...
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