Retraso cultural aymara.
22.03.06 @ 13:25:23. Archivado en Indigenismo
El indigenismo como ideología supone elevar a los altares del culto actual elementos retrógrados de culturas cuya evolución quedó congelada en los ancestros pretécnicos y prerracionales. Cada cuál puede adoptar el modo de pensar que mejor le parezca pues en eso se basa el régimen de libertad que Occidente levantó. Pero tal régimen sólo se sostiene cuando una mayoría de la población de una nación se mantiene dentro de unas prácticas y hábitos intelectuales mínimamente racionalistas. Lo que está ocurriendo en la Bolivia de Evo Morales, con la refundación del Estado y la entronización de la mística indigenista es la caída de la vida social y cultural boliviana en el negro pasado del retraso y la ignorancia.
Nada más hace falta que darse un paseo por los programas políticos y otras publicaciones del Movimiento Al Socialismo (MAS) del citado Morales. Según rezan sus principios ideológicos para los indigenistas leninistas del MAS “el planeta tierra tiene vida. Es inteligente (¡!) y autorregulado. A este principio nuestros antepasados le han denominado Pachamama, es decir madre tierra y a ella, a la madre tierra no podemos violarla a titulo de dominarla no podemos venderla ni comprarla porque somos parte de ella y en ella criamos la vida, Pachamama quiere decir que el ser humano con y para la tierra y es lo contrario de la cultura occidental que viven de la tierra y sobre la tierra”. La sarta de verborragias místicas continúa muchos más párrafos, pero sólo éste nos deja hondamente preocupados a cerca de los fundamentos ideológicos sobre los que se basa la tan anunciada refundación boliviana. A este tipo de mentira seudo filosófica se le llama holismo. Tal estadio primario de la conciencia humana estima que todos los seres son uno con la Naturaleza, la cual constituye un seno materno donde todo está relacionado pero indiferenciadamente, donde los fenómenos naturales son interpretados acientíficamente y sólo en términos de armonía-obediencia a dichas fuerzas. Por no querer saber de ellas el pensamiento holístico se somete a causas imaginarias y el pensamiento causa-efecto está abolido.
Pero es más, dichas publicaciones social-indigenistas repudian expresamente el legado intelectual de Occidente y personifican ese rechazo en eminentes pensadores como John Locke, impulsor fundamental de los Derechos Naturales aplicados a la limitación del poder político, Thomas Hobbes, lúcido estudioso de la esencia de los Estados aunque con conclusiones contrarias a las de Locke, y Adam Smith, padre de la ciencia económica neoclásica cuyas aportaciones al progreso y al bienestar son poco entendidas por una izquierda mundial. Ésta, en su trama por lograr el poder y basar su bienestar en la expropiación de los recursos de las gentes productivas, usan de todos los expedientes, incluso de la apelación a las tradiciones más rancias, como las de los aymaras bolivianos.
Las publicaciones del MAS a que nos referimos abundan también en fraseología marxista-leninista para complementar más desastrosamente el desaguisado “holístico” que culmina con el endiosamiento de la Madre Tierra. Y no es casual. Uno de los trucos más deplorables del marxismo es acudir a lo que el eminente Ludwig V. Mises denominó polilogismo. Los marxistas son polilogistas porque consideran que la estructura mental de las clases sociales son diferentes y , por eso tienen ideologías diferentes, las cuales son todas eficaces en cuanto que actúa defendiendo los intereses de clase. La Historia refutó este aserto y, por muy de clase que fuese la ideología comunista resultó un fracaso en términios de destrucción, hambre e indignidad.
Ahora asignan el polilogismo a las etnias y a las culturas, asegurando que cada una de éstas –y más si son arcaicas- tiene una forma propia y aún más válida que la occidental de afrontar la realidad.
Los aymaras, por ejemplo son glorificados no en cuanto seres humanos con potencial racional, sino en cuanto poseedores –entendemos que genéticamente- de unas características mentales que les acercan a la genialidad y les dotan de un poder inigualable para construir sociedades armónicas. Una de las argucias aymaras para esto es relativa a la lengua. El aymara, al igual que otras lenguas y dialectos anclados en un desarrollo agrario sometido al misticismo naturalista, carece de diferenciación de pasado y presente. Sólo existe el futuro y el no-futuro. Y esa tara cultural es vista por los “nuevos descubridores” como un signo de ese telúrico don para configurar una convivencia feliz en este mundo. Sin embargo, a lo único que lleva esa indiferenciación entre pasado y presente es a la incapacidad para avanzar, para percibir lo que permanece y lo que no, para inventar, para renovar, para romper lo obsoleto o mantenerlo si funciona y, gradualmente, conformar avances técnicos y sociales que mejoren la condición humana. Ni más ni menos. Si el aymará ni tiene pasado ni presente, ¿a qué espera si quiere ser una lengua capaz de articular la comunicación inventiva de sus hablantes?.
¡Qué penoso resulta todo esto!. Pero más aún si comprobamos que, en torno a estos presupuestos irracionalistas se pretende redefinir un Estado, configurar un sistema territorial que entronice el atraso y la barbarie.
De las recetas económicas más vale no hablar siquiera. Sólo cabe decir que son la consecuencia lógica del indigenismo. Muerta la razón, desechada la economía. El sueño marxista hecho realidad.
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Joaquín Santiago Rubio
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