Marbella, mesificada

Marbella siempre se ha dicho que era algo distinto, aparte, mejor: que en llegando a Marbella se respiraba, dejando atrás el ladrillo por doquier densamente poblado hasta lo agobiante. Sin embargo cada vez nos parecemos más, sin darnos cuenta de que eso es el principio del fin: es ofrecer un turismo barato, apelotonado, sin calidad… un negocio muy poco rentable (otras consideraciones aparte).

El Movimiento Vecinal “La plaza es nuestra – Marbella”, en el cual modestamente participo, reivindica algo tan básico como que el pueblo, las gentes de Marbella, podamos acceder a nuestra plaza.

Parece una reivindicación tan elemental que no habría siquiera que estarla haciendo, y mucho menos con un tripartito que se dice de izquierdas, si bien en política municipal poco margen hay para ideologías.

El Comunicado 1 del Movimiento decía entre otras cosas que:

Desde tiempos del Rey Alfonso X el Sabio nuestras leyes ya hablaban de “las cosas que pertenecen… a todos los omes”. Hoy lo refleja el artículo 132 de nuestra Constitución cuando se refiere a los bienes de dominio público como aquellos que son inalienables, imprescriptibles e inembargables.

No cabe que nadie se apropie de ellos y sobre ellos, no hay derechos adquiridos.

Es cierto: somos cada vez más quienes sentimos que pasar por algunas aceras es una verdadera carrera de obstáculos; y ya no digamos sentarse uno a disfrutar de su plaza, algo imposible si no es consumiendo algo en alguna terraza.

Somos muchos quienes pensamos que si las ciudades no son “vivibles” para sus moradores, éstos se acabarán yendo. Si a ello añadimos la “gentrificación” de algunas zonas —en las que sólo van quedando segundas residencias ocupadas apenas unas semanas al año—, la ciudad muere: no queda más que el decorado de un teatro.

Decía el Comunicado 1 que:

El turismo elige destinos con carácter, con “ciudadanos reales”, no con escenografías. No dejemos nunca de ser ciudad, con bares y restaurantes, sí, pero sobre todo con vecinos, comercios, profesionales, gentes… los moradores de la ciudad, sus habitantes.

La Ordenanza de ocupación de la vía pública no permite ocupar más del 50% del espacio, y obliga a respetar distancias y pasos. Con demasiada frecuencia, se incumple, aquí, a las propias puertas del Ayuntamiento.

Es preferible un espacio cruzado al azar por personas que uno interferido por muebles.

“La Plaza es Nuestra” pide que la zona central de la Plaza de los Naranjos, lo que es el nuevo enchinado que tan bonito ha quedado, se declare zona libre de ocupación. Precisamente la Ordenanza permite que por acuerdo de la Junta de Gobierno Local ciertos espacios públicos se declaren libres de ocupación y éste, nuestra plaza, debería ser uno de ellos.

Los pocos días que la plaza ha estado libre las redes sociales se han llenado de fotografías de gentes que de repente descubrían el enchinado central monumental. No recordamos a nadie fotografiando mesa, sombrillas y el refrigerador con el bogavante, pero sí hemos visto muchas fotos de una plaza que ha quedado espectacularmente bonita.

Oscuridad y falta de rigor

Frente a un argumento tan elemental como que la gente pueda acceder a su plaza, el Ayuntamiento ha esgrimido el de la creación de empleo: “los puestos de trabajo que se van a perder si quitamos las mesas del enchinado central“. Por supuesto nadie ha aportado una sola cifra, un sólo libro-registro de su personal empleado y los sueldos que se pagan. Tampoco nadie ha pensado en el empleo que se crearía, si el enchinado central monumental queda libre. ¿De verdad crea más empleo llenar en enchinado de mesas o crea más empleo tener alguna cosa monumental en la ciudad, que valga la pena visitar y fotografiar?

Hemos pedido un plano a escala: no existía, aún lo deben estar dibujando porque aún no nos lo han dado. Esto plantea la pregunta de cómo se daban las licencias, porque la Ordenanza dice que van por metros cuadrados, y que en función de los metros se podrá colocar un cierto número de mesas: eso sí, respetando pasos, distancias al mobiliario urbano y con una ocupación que no exceda del 50%. ¿Cómo han cumplido con todo esto si no tenían un plano a escala?

Hemos pedido vista y copia de los expedientes, hace más de un mes de ello: hay una Ley de Transparencia que dice que es nuestro derecho, y que en un mes ha de ser atendido. Hay adicionalmente una Ley andaluza que va más allá de la ley nacional en su fomento de la transparencia. Los hechos son que el Ayuntamiento no se ha dignado contestar y que el Movimiento Vecinal ha tenido que elevar queja al Consejo de la Transparencia.

Eso sí, el Ayuntamiento ya ha decidido que el enchinado central quedará libre “de farola a farola”, pero ya nos han dicho que “no en Semana Santa”. Y mil duros a que tampoco quedará libre en verano, un verano que pronto empezará en junio y acabará en octubre; y total ya enlazamos con las Navidades y con la Semana Santa: en resumen, que quedará un poco de sitio libre para la gente cuando el negocio de turno esté cerrado por vacaciones.

Ni qué decir tiene que es indispensable que haya un plano a escala, quedando constancia de que la ocupación no excede del 50% de toda la plaza —no sólo del enchinado central, como muestra el plano aportado por el Ayuntamiento—. Y yendo al detalle de los locales, no parece lógico tener más metros en la vía pública que de local propio, ni tener mesas en la plaza si en ella no se tiene un local.

En fin el Movimiento sigue: el pueblo de Marbella reivindica su plaza y no pararemos hasta tenerla. Pedimos que se deje libre el enchinado central: no parece que estemos pidiendo gran cosa, y de lo que no nos cabe duda es de que lo lograremos. La plaza es nuestra, señores, no de ningún restaurante ni del Ayuntamiento: es de la gente.

 

 

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2 comentarios


  1. Juan

    Ademas cabe recordar que la plaza la ha hecho el ayuntamiento con el dinero de los impuestos de pueblo, así como todas las obras publicas que se hacen en el municipio no deberían de llevar una placa donde diga que la hizo el alcalde de turno, perdón señores alcaldes, no lo hicieron ustedes, lo hizo el pueblo.

    • Cristina Falkenberg

      Muchas gracias por su comentario Juan. Estoy totalmente de acuerdo, yo y muchas personas más que con esto de las placas no nos parece que el Alcalde esté especialmente bien aconsejado. Y sí, la plaza es nuestra, de la gente, primordialmente; y luego de manera accesoria por supuesto que haya restaurantes, pero no puede ser “todo, un gran comedor”.