Se talarán

cturmoLos árboles incluidos en el Plan Marbella Centro se talarán, así como cualesquiera otros que desee el Ayuntamiento; y a un punto se construirán rascacielos, si el momento político lo permite: la recalificación del suelo es un bocado demasiado goloso. Eso es lo previsible si Dios y la ciudadanía no lo remedian, cosa que hoy por hoy es dudosa que ocurra.

El “usted ha ganado, Señor Gil” que dijese Félix Bayón traducido en “el gilismo que no muere” de José Cosín son una realidad: no hay más que ver las declaraciones de bienes, desde los de la Alcaldesa mendaz a los del líder del PSOE quien declara ciento veintiséis euros de patrimonio tras toda una vida en política y un sueldo de setenta mil euros al año como consejero delegado de ACOSOL SA.

No son las únicas declaraciones que ofrecen poca confianza y el modelo que por Ley diseña y aprueba el propio consistorio está orientado a la opacidad. Para remate de fiesta, cuando las declaraciones se entregan incompletas o tal que en absoluto reflejan la imagen fiel del patrimonio, esto queda sin consecuencia.

…y es que Lázaro no se quejaba cuando el ciego comía las uvas de dos en dos porque él las tomaba de tres en tres…

Estructura del gilismo

El gilismo triunfó porque había caldo de cultivo, sustrato social para ello: personas dispuestas a mentir, a pringarse, a hacer lo que fuese por dinero. El que no puede en el sector público lo hace en el sector privado. Un buen ejemplo son las comunidades de propietarios donde se roba a manos llenas con una llamativa tolerancia social hacia ello.

El postgilismo, ese sistema bien asentado que superando el paréntesis de la Comisión Gestora está de nuevo en plena flor, se organiza en tres grupos: los fijos de plantilla, los que están por un tiempo y los aspirantes. El denominador común es un escrupuloso respeto por los negocios de los demás: todos callan.

Los fijos de plantilla están desde el GIL o se asimilan a ellos en términos de estabilidad laboral, grado y momento de intervención en el proceso. Los segundos están sujetos a los vaivenes de la política y deben aprovechar el tiempo que tienen, lo cual introduce una serie de variables propias en la ecuación. Y los terceros, los aspirantes, próximos, callan mientras esperan su turno, en el entendimiento de que a cambio de su silencio, su oportunidad se les respetará.

Indolencia, omertà y oportunismo

Lo que todos vemos y que ya es un clamor no se mantiene y triunfa solo. Prospera y se consolida a través de los años porque ni los obligados a hacer algo lo hacen —lo cual, incidentalmente es una infracción administrativa cuando no directamente un delito en sí—, ni los ciudadanos parecen acabar de expresar su rechazo serio, firme y decidido.

La corrupción tiene como aliado indispensable la omertà, el silencio cómplice. En italiano, la palabra omertà linda con la española encubrimiento, como ya se dijo. La omertà hunde sus raíces en el cálculo egoísta, cobarde.

A la corrupción le acompaña siempre el oportunismo, una de cuyas herramientas fundamentales es mentir, embarrar, desvirtuar las cosas con el fin de arrimar el ascua a la sardina propia.

Pedir que no se talen los árboles del centro no es de derechas ni de izquierdas. Los árboles son un patrimonio destinado a durar 500 años, son seres vivos que forman parte de la identidad de una ciudad y que el Ayuntamiento tiene el deber de cuidar. ¿Lo ha hecho? ¿O ha hecho dejación de sus obligaciones de regarlos, abonarlos, podarlos correctamente y tratarlos tanto preventivamente como si enferman?

La petición de que el Ayuntamiento cumpla su obligación de cuidar los árboles recordándole que no está legitimado para sacrificarlos no es fuente para inventar noticias ridículas por revelarse enseguida inciertas, ni para intentar avanzar iniciativas políticas bajo el pretexto ecologista. Tan habituados estamos sin embargo a los bajos vuelos, que somos incapaces de defender lo nuestro con una mínima altura de miras.

Consecuencias del postgilismo

Los árboles se talarán, porque el Ayuntamiento quiere. Sin embargo, los lugares incapaces de conservar su fisonomía acaban transmitiendo esa sensación de que todo depende del momento y el interés particular. El relativismo es absoluto: “todo vale y todo es susceptible de cambio por la razón más nimia”. Nada vale, nada permanece y no hay ninguna seriedad.

Los siete millones de euros que cuesta el Plan Marbella Centro se han dividido en varios contratos. El de la reforma de las cales Notario Luis Oliver, Campos Turmo y Francisco Norte se queda unos ochocientos euros por debajo del millón, permitiendo su adjudicación por el procedimiento negociado que además ha sido de urgencia, si bien al firmante Don Carlos Rubio ha faltado la indispensable justificación de tal urgencia. Asimismo, pudiendo haberse optado por sacarlo a concurso, se ha escogido ir al procedimiento negociado.

Asimismo, es dudoso que Ayuntamiento quien emplea aproximadamente  cien maestros albañiles, veinticinco fontaneros, sesenta electricistas y doscientos operarios de oficios varios, no hubiese podido hacer por sí los arreglos necesarios, ahorrando mucho dinero a una ciudad arruinada desde hace años. Asi por ejemplo, las farolas son nuevísimas, ¿no bastaría con cambiarles la bombilla de bajo consumo por una LED?

Tratar de razonar es una pérdida de tiempo. Es todo tan ilógico que sólo da pie a comentarios, así en torno al suministro masivo de granito. Los chascarrillos son incesantes: desde “el pino sueco del primo sueco”, a las obras “a beneficio de Bonifacio”, o las de Paco, “claro”. Todo ello no son más que habladurías y conjeturas, por supuesto, pero lo cierto es que los acontecimientos no ayudan a desmentirlas.

Marbella no levantará cabeza mientras su ciudadanía siga descansando, incapaz de reaccionar ante una corrupción que sólo trae atraso, ruina y miseria.

La Asociación de Residentes de Marbella que presidía Alfonso Hohenlohe y a la cual ya se hizo referencia, a finales de los años ’80 ya apuntó una serie de carencias y problemas graves en la ciudad. Quizá la Asociación no lograse sus objetivos, pero su diagnóstico certero dio el punto de partida al cual volver a reengancharse si queremos que el gilismo, su quebranto y su vulgaridad, algún día definitivamente mueran. La ciudad quedó huérfana del liderazgo de Don Alfonso, que nadie ha sabido continuar: pero no toda esperanza está perdida.

De ustedes depende: pero no se va a hacer solo, sin movilización ni esfuerzo.

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4 comentarios


  1. Diego Eyzaguirre

    Estoy basicamente de acuerdo con el contenido del articulo,pero creo que todo pasa por las próximas elecciones,de donde saldran los partidos que nos representarán. Y que forzosamente tendrán una gran responsabilidad en cuanto a las tomas de decisiones referentes al futuro de nuestra ciudad
    La movilizaciones se tienen que hacer en las urnas y votar a las personas que defenderán unas politicas acordes con los tiempos que vivimos en armonía con en bien estar de nuestros conciudadanos

    • Cristina Falkenberg

      Absolutamente de acuerdo contigo Diego, y no se votan sólo siglas sino personas quienes las encarnan y cuya trayectoria vital habla por ellos. Personalmente siento las próximas elecciones europeas como una valiosísima oportunidad que vamos a tener muchos para decir lo que queremos: si estamos contentos con lo que hay, o si es hora de abrir las ventanas a nuevas opciones y que corra un poquito de aire fresco, que no vendría mal.

      Ya sabemos, la cita es el próximo 25 de mayo. La movilización entiendo que empieza ya.

    • SANCHO AMADO CORPAS

      Ya, ya… pero los urnas vienen siendo un cheque en blanco de CUATRO AÑOS contra el ciudadano, a favor de la corrupción y eso no cambia cada cuatro años, porque ya lo venimos sufriendo desde hace décadas. Las urnas son una estafa sin una ley más clara y ética, sin una justicia rápida y eficaz, que no existe desde hace décadas en las materias que comentamos.

      • Cristina Falkenberg

        Bueno, esto más que con las urnas tiene que ver con la legalidad y con la actitud y por tanto el proceder de los propios ciudadanos ante la misma. Sería de desear una actitud más ajustada a la legalidad y alejada de la falta de rigor. me parece que no se alcanza nada.