Rechazados los rascacielos por unanimidad

Con sólo tres puntos en el Orden del día, hoy 10 de enero de 2014 a las 9.00 horas se ha celebrado el Pleno Extraordinario del Ayuntamiento de Marbella solicitado por la oposición. Los puntos tratados han sido:

1º.- Propuesta para la comparecencia de la alcaldesa, como responsable última de la gestión municipal, para que aclare la aprobación de la modificación de las Torres en Altura. (Rechazado por 15 votos contra 11)

2º.- Propuesta para que las modificaciones estructurales que pudieran afectar el modelo urbanístico del PGOU vigente, necesiten para su aprobación una mayoría cualificada de dos tercios de la Corporación, así como la aceptación del Consejo Social. (Rechazado por 15 votos contra 11, pues los cambios estructurales compete aprobarlos a la junta de Andalucía, artículo 32.c.1 de la ley de Ordenación Urbanística de Andalucía)

3º.- Propuesta para dejar sin efecto* de la Aprobación Inicial sobre la Modificación Puntual para la introducción de nueva Tipología Edificatoria, en la zona de Ordenanza Plurifamiliar Exenta, Edificio Singular en Altura de Uso Residencial (o sea, rascacielos). Aprobado por unanimidad: el Ayuntamiento en pleno ha estado de acuerdo en retirar la propuesta de los rascacielos.

Este tercero es el punto más importante, con diferencia, y sin perjuicio de que más adelante pueda mejorarse aún más la protección de la costa, con carácter general y para cualquier tipo de construcciones.

Ha sido una alegría ver cómo el Partido Popular, que gobierna con mayoría absoluta, ha sabido escuchar tanto a la ciudadanía, empezando por sus propios votantes, como a la oposición, que desde el primer momento rechazaron que en Marbella se hiciesen rascacielos. Ha sido un triunfo de la democracia representativa, donde los representantes efectivamente representan a la ciudadanía. Hay que felicitarse y mucho: en contra de los rascacielos se ha oído un clamor ciudadano; a favor, alguna voz aislada.

Nadie tiene claro en qué beneficien los rascacielos a Marbella y sin embargo, la sensación de que la ciudad se pudiese acabar convirtiendo en un segundo Benidorm, ha sido inevitable.

Ha sido estupenda la intervención final del concejal de Izquierda Unida, Don Enrique Monterroso, quien ha venido a resumir la identidad de Marbella, en “un remanso de excelencia medioambiental” —cosa que debe aspirar a ser siempre—, donde conviven perfectamente “residencia, trabajo y ocio”. Esa calidad de vida, en su más amplio sentido, es lo que debe definir siempre la marca Marbella.

Es en ese marco de calidad y excelencia que es necesario trabajar por reducir los 17.000 parados que hay en esta ciudad; las 8.200 familias con todos sus miembros en paro y de ellas las 2.500 sin ningún tipo de ingreso, que se han mencionado hoy.

Zanjado pues el debate de los rascacielos, hay que ponerse a trabajar y sin tiempo que perder, en aquellas iniciativas que puedan efectivamente dinamizar nuestra economía. La acción pública debe orientar sus esfuerzos hacia aquellas propuestas que tanto alleguen fondos a las maltrechas arcas marbellíes, como que sean motores de su economía, es decir, factores determinantes para que la iniciativa privada pueda florecer en torno a ellas. No se trata de crear un puesto más en el sector público. se trata de que los recursos con que cuenta el Ayuntamiento se empleen de modo tal que tanto generen empleo directo como que inspiren iniciativas privadas generadoras a su vez de buenos negocios y puestos de trabajo.

El paro es un drama humano que no admite demora. No perdamos más tiempo en los rascacielos y vamos a por otros debates: los que creen empleo de calidad, para los marbellíes, y en el marco de esa excelencia que es la que define la marca Marbella. El debate sobre los rascacielos se acabó: de él sólo queda recordar una cosa: por unanimidad, 26 votos a favor, cero en contra, se retira la propuesta de los rascacielos: no lo olvidemos nunca. Ha sido un triunfo de la democracia representativa y del sentido común.

*Nota: donde dice “dejar sin efecto” la propuesta inicial decía “la retirada”. La primera es la expresión, técnicamente más correcta de las dos.

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