Los rascacielos y la Ley de Costas (o por qué la Plataforma y la oposición al PP se quedan cortos)

Hay una cosa que no se está mencionando en esto de los rascacielos que se ha propuesto construir en Marbella, y es el hecho de que semejante disparate, completamente “out” y demodé, es frontalmente contrario a la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas, recientemente reformada (la última reforma data de mayo de 2013) que eligió dejar vigente lo establecido en su artículo 30. Este artículo por sí solo constituye el capítulo V “Zona de influencia” del título II de la Ley, “Limitaciones de la propiedad sobre los terrenos contiguos a la ribera del mar por razones de protección del dominio público marítimo-terrestre”. Si el legislador lo dejó vigente es porque pensó que seguía valiendo, que había que seguir con ese espíritu y esa letra. Dice así:

“Artículo 30.1. La ordenación territorial y urbanística sobre terrenos incluidos en una zona, cuya anchura se determinará en los instrumentos correspondientes y que será como mínimo de 500 metros a partir del límite interior de la ribera del mar, respetará las exigencias de protección del dominio público marítimo-terrestre a través de los siguientes criterios:

a) En tramos con playa y con acceso de tráfico rodado, se preverán reservas de suelo para aparcamientos de vehículos en cuantía suficiente para garantizar el estacionamiento fuera de la zona de servidumbre de tránsito.

b) Las construcciones habrán de adaptarse a lo establecido en la legislación urbanística. Se deberá evitar la formación de pantallas arquitectónicas o acumulación de volúmenes, sin que, a estos efectos, la densidad de edificación pueda ser superior a la media del suelo urbanizable programado o apto para urbanizar en el término municipal respectivo.”

Protección de la costa

Si algo hace la reforma de 2013 de la Ley de Costas, es reforzar la protección del dominio público marítimo terrestre (junto con su complementaria Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible del litoral y de modificación de la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas). Bien, pues este no es el momento para pedir que se acuerde lo contrario a la modificación puntual propuesta por el Pleno del Ayuntamiento de Mabella para posibilitar la construcción de un rascacielos (el del único proyecto que todos hemos visto) y más adelante quizá cuatro más, sino que este es el momento para fijar, claramente, qué queremos que se entienda por zona de influencia y qué ancho mínimo deba tener en Marbella.

Este, al modesto entender de quien escribe, es el momento para pedir algo más general, que es la protección de Marbella como ciudad-jardín, un lujo que ella se puede permitir, frente a otras que son un horror (léase Montecarlo, más bien todo Mónaco, así por poner un ejemplo). Este es el momento para entender que se está hablando de una protección que lo es de todo el litoral, sea con las construcciones que fueren y que caso de acumularse en exceso, ya sea en altura o en volumen, por supuesto que deterioran el dominio público marítimo-terrestre.

Una decisión valiente de plantear si acaso esta modificación en el PGOU, precisamente desde la perspectiva de la Ley de Costas, que es la correcta, es algo que sin duda alguna añadiría un enorme valor a Marbella. Parece que no se esté pidiendo: bien, pues lo pide este ciudadano, votante del PP, que no pertenece a ninguna plataforma y que entiende que sus representantes lo son porque le representen.

500 metros es evidentemente muy poco: al destrozo de la costa española (flagrantes ilegalidades aparte) cabe remitirse. Por lo tanto procede ampliar ese límite que sólo es un mínimo: y procede ampliarlo con generosidad y a través de una modificación de carácter general y estable del PGOU en desarrollo precisamente de esta previsión de la Ley de Costas.

… y por lo demás como hoy es domingo y hace un día precioso, esta que escribe va a hacer de dominguera un ratito.

Sin categoría

Comentarios cerrados.